La interrogante que le da título a este texto, junto a otra no menos importante, sobre si Venezuela atraviesa o no una transición, marcó el tono de la conversación que sostuvimos este miércoles con Benigno Alarcón, exdirector del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello, y analista con enfoque en procesos de transición y abordaje de conflictos. Esto tuvo lugar en el espacio Claves Democráticas, que producen Medianálisis y el Centro Gumilla.
Para Benigno Alarcón el punto de partida es que, no estando hoy el país en medio de una transición, la vía más efectiva para avanzar en esa dirección consiste en ir rápidamente hacia unas elecciones, incluso si estas no cumplen con todos los estándares ideales. Solo un gobierno surgido de las urnas y con legitimidad democrática podrá generar la confianza necesaria para que lleguen las inversiones extranjeras que hoy permanecen en expectativa, a la espera de mayor seguridad jurídica.
Alarcón explicó que, en la actualidad, no se cumplen los elementos fundamentales para hablar de una transición política completa. Faltan tanto una liberalización real en materia de libertades públicas —prensa, expresión, protesta y competencia política— como mejoras sustanciales en las garantías económicas. Sin un cambio efectivo de gobierno y de régimen, que implique modificar las reglas del juego y las instituciones, el país permanece en una zona intermedia de incertidumbre.
Según su diagnóstico, una transición auténtica requiere dos componentes clave: un cambio de gobierno y una transformación institucional profunda. Esto incluye la reinstitucionalización del Consejo Nacional Electoral y del Tribunal Supremo de Justicia, además del desmantelamiento del aparato represivo.
Hasta ahora, nada de esto ha ocurrido.
Ante la pregunta de si no sería más lógico primero asegurar y fortalecer las instituciones antes de ir a elecciones, un dilema que envuelve muchas discusiones en el país, Alarcón reconoce la validez teórica del argumento, pero advierte que en la práctica la realidad venezolana no permite separar las etapas de forma nítida y secuencial. La dinámica social y política del país hace que estabilización, reconstrucción institucional y proceso electoral deban avanzar de manera simultánea o superpuesta.
El analista recordó el enfoque de tres fases planteado por el gobierno estadounidense que las presenta de forma separada y secuencial: estabilización, crecimiento económico y transición democrática.
Consideró que la fase de estabilización está prácticamente cerrada, ya que tras la caída de Nicolás Maduro no ocurrió una guerra civil o enfrentamientos de gran calibre en Venezuela. Empero, señaló que el crecimiento económico no podrá despegar plenamente sin avanzar al mismo tiempo en la transición política. Para que los inversionistas internacionales se decidan a colocar capitales importantes en sectores como el petrolero, minero o de infraestructura, es indispensable contar con un gobierno legítimo y un marco institucional creíble que ofrezca seguridad jurídica real.
Alarcón enfatizó que la legitimidad que surge de los votos es un elemento insustituible. Mientras el gobierno actual carezca de esa legitimidad democrática, persistirá la percepción de alto riesgo que mantiene a los inversionistas en modo de espera, pese a que se vean oportunidades en Venezuela, por ejemplo, en el campo de los hidrocarburos.
Aunque no existen condiciones ideales para celebrar elecciones de inmediato, postergar indefinidamente los comicios bajo el argumento de “primero las instituciones” puede convertirse en una trampa que prolongue la parálisis económica y el desgaste social. En esto Alarcón fue categórico.
El núcleo de su propuesta radica en la idea de que en contextos que puedan llevar a una transición, como el momento actual en Venezuela, las etapas no pueden presentarse de manera estrictamente diferenciada. Estabilizar el país y preparar elecciones al mismo tiempo no es una contradicción, sino una necesidad práctica.
La estabilización alcanzada hasta ahora, control institucional y cierta recuperación petrolera bajo la tutela de Estados Unidos, resulta frágil mientras no cuente con un anclaje político sólido.
Del mismo modo, la reforma institucional profunda será más viable y creíble si cuenta con la legitimidad que solo puede otorgar un proceso electoral, por imperfecto que sea.
En este sentido, Alarcón plantea que el camino más realista consiste en elegir un gobierno que luego impulse los cambios institucionales necesarios, o bien conformar un gobierno de transición que prepare las condiciones para unas elecciones legítimas. Ambas rutas conducen al mismo punto: la necesidad de avanzar con celeridad hacia un proceso comicial que restaure la confianza interna e internacional.
La entrevista completa con Benigno Alarcón puede verse en este link.