Opinión

Y don Armando Benedetti parece haber ganado la disputa por el poder

La fase final del gobierno de Gustavo Petro, según conocedores, tiene más tintes de reality show que de telenovela, por eso cuando hablamos de “don Armando” no nos referimos al personaje central de “Betty la fea”, sino al operador político Armando Benedetti, una vez más entronizado en el poder en Colombia

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armando benedetti
afp / archivo

Uribista, santista y petrista, las camisetas con banderas políticas de Armando Benedetti han sido muchas, como los escándalos que le rodean. Pese a estos antecedentes, ha pasado ahora a ser la figura central de poder en Colombia en los últimos 13 meses de gobierno de Gustavo Petro, quien parece más enfocado en el pragmatismo que en la defensa de lo que públicamente sostiene son sus valores.

Armando Benedetti no es una figura ajena a la política venezolana, al contrario, parece ser un conocedor a fondo, incluso del lodo, de las altas esferas gubernamentales. Enviado por Petro para reabrir la embajada en Caracas y reactivar las relaciones entre ambos países, un asunto que parecía neurálgico cuando el presidente de izquierdas asumió el poder en agosto de 2022, Benedetti lo vivió como una suerte de exilio y alejamiento de la Casa de Nariño, sede del poder colombiano.

La renuncia de Laura Sarabia, quien junto con Benedetti y el propio Petro formaron un triada que impulsó la campaña por la presidencia de este último, fue la noticia más destacada el pasado 3 de julio. Renunció como canciller y marcó distancia del presidente, con lo cual Benedetti consolidó su figura de poder detrás del poder en Colombia. No, no es una exageración cuando se habla de este don Armando.

La salida de Sarabia, alguna vez considerada la mano derecha del presidente, dejó un vacío que Benedetti, con su astucia política y su historial controvertido, incluso venía llenando antes de la dimisión pública ese 3 de julio.

En lo que resta de gobierno de Petro, con una vicepresidenta Francia Márquez eclipsada y marginada de las decisiones, un ex canciller Luis Gilberto Murillo (otrora muy cercano a Petro) en campaña pero marcando distancia del actual gobierno y ahora sin Sarabia en el círculo íntimo del mandatario, Benedetti retoma un rol central en el Ejecutivo.

A lo largo de los últimos meses tal cosa venía consolidándose. Primero fue jefe de despacho y ahora como ministro del Interior, se convirtió en el artífice de las maniobras que buscan salvar las reformas sociales de Petro en un Congreso cada vez más adverso y crítico.

Sin embargo, su ascenso no está exento de riesgos. Asociar la recta final del gobierno a una figura tan controvertida como Benedetti podría costarle caro al presidente, cuya credibilidad ya está bastante alicaída.

Benedetti ha demostrado ser un operador político implacable. Desde su regreso al círculo íntimo de Petro, tras un exilio diplomático en la embajada ante la FAO en Roma, a donde fue a para tras el escándalo que rodeó su salida de Caracas, ha tejido alianzas estratégicas en el Congreso para impulsar las reformas bandera del gobierno, como la laboral y la pensional, que enfrentan fuerte resistencia.

Como ministro del Interior, y sobre todo político costeño, ha movilizado apoyos en la Costa Caribe y presionado a sectores de los partidos tradicionales para respaldar iniciativas clave, como la consulta popular propuesta por Petro para salvar la reforma laboral. Su capacidad para negociar con congresistas, a menudo recurriendo a tácticas de la vieja política que el propio Petro criticó en campaña, ha sido crucial para mantener viva la agenda del gobierno

Depender de alguien como don Armando pone a Petro en una posición delicada: confiar en un político que encarna lo opuesto al cambio prometido podría terminar de alejar a los sectores progresistas que lo llevaron al poder.

El ascenso de Benedetti no ha estado exento de fricciones. Su nombramiento como jefe de despacho en febrero de 2025 desató una crisis interna, marcada por la renuncia de varios ministros y las críticas públicas de la vicepresidenta Francia Márquez y la ministra de Ambiente Susana Muhamad, quienes lo acusaron de contradecir los valores del proyecto progresista. Su presencia en un consejo de ministros televisado alimentó una suerte de reality show, con acusaciones públicas y veladas.

La decisión de Petro de ascenderlo a ministro del Interior, en lugar de marginarlo, fue interpretada como una apuesta arriesgada para priorizar resultados legislativos sobre la cohesión ideológica.

La trayectoria de Armando Benedetti está marcada por controversias que lo han convertido en una figura tan influyente como cuestionada. En 2023, su salida como embajador en Venezuela se precipitó tras la filtración de audios explosivos en los que amenazaba a Laura Sarabia con revelar detalles de una supuesta financiación ilícita de la campaña de Petro.

A esto se suman las denuncias personales que han empañado su imagen. Benedetti ha admitido públicamente su lucha contra la adicción al alcohol y las drogas, un problema que, según él, lo ha perseguido durante tres décadas. En una entrevista con la revista Cambio en abril de 2025, confirmó dos procesos de rehabilitación, uno en 1995 y otro en 2024.

Estas controversias, junto con investigaciones por presunto enriquecimiento ilícito y nexos con el escándalo de Odebrecht, han reforzado la percepción de Benedetti como un político que opera en las sombras, ese poder detrás del poder operando con la vieja política. Toda una contradicción con el discurso que pregona Petro.

Benedetti, según estiman no pocos en Bogotá, es tanto un aliado indispensable para la recta final del gobierno de Petro como una bomba de tiempo. En los próximos meses se sabrá cuál de esas dos posibilidades se habrá impuesto sobre la otra. Por ahora, don Armando está donde quería estar, en el poder.

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