Opinión

Y ahora también Evo… el chavismo y los que cayeron en desgracia

El cambio democrático que reflejaron las urnas electorales en Bolivia, con la simbólica desaparición de Evo Morales como gran referente político, conlleva también una pérdida significativa para un chavismo que tiene cada vez menos aliados protagónicos en América Latina

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El 2025 ha traído una seguidilla de derrotas para el ámbito de influencia que tuvo el chavismo en América Latina. Son otros tiempos. Después del 28 de julio de 2024 y la narrativa oficial de que Nicolás Maduro triunfó en las elecciones presidenciales, son cada vez menos los gobiernos o referentes políticos de primer orden que están dispuestos a tomarse la fotografía en respaldo a quienes detentan el poder en Caracas.

Pero, además, quienes permanecieron fieles al chavismo han terminado, ellos mismos, por caer en desgracia. El caso más reciente es la casi desaparición del Movimiento al Socialismo (MAS), que este domingo quedó reducido al 3% en Bolivia, representando una derrota histórica para Evo Morales, quien fue presidente entre 2006 y 2019.

Morales, además de ser barrido electoralmente, con un empecinamiento y ego personal que terminó por beneficiar a sus adversarios, está en una suerte de refugio en el Chapare, protegido por cocaleros para evadir a la justicia de su país.

Otro prófugo de la justicia es Rafael Correa, presidente de Ecuador entre 2007 y 2017. En este 2025 también perdió el autobús de regreso al poder en Ecuador, cuando su adlátere, Luisa González, terminó siendo derrotada de forma nítida por el presidente Daniel Noboa. Correa está asilado en Bélgica.

Correa y Morales tienen en común haber impulsado cambios en el modelo constitucional para obtener la relección indefinida. Con diferencias sustanciales en las estrategias que siguieron uno y otro, ambos están unidos por la derrota al no poder haber alcanzado su perpetuación en el poder y estar, al contrario, en una suerte de ostracismo.

Ollanta Humala, presidente de Perú entre 2011 y 2016, fue enviado a prisión hace poco, también en este 2025, justamente por haber recibido dinero ilegal del chavismo en su campaña electoral y por ser parte de una trama de corrupción con la brasileña Odebrecht. Nadine Heredia, esposa de Humala y también condenada por los mismos delitos que su conyugue, recibió asilo en Brasil luego de conocerse la sentencia que le obligaría a estar 15 años en prisión.

Otra que recibió dinero del chavismo, según demostró el caso de las valijas que viajaron en un avión de Petróleos de Venezuela (PDVSA) fue Cristina Fernández de Kirchner, quien también cayó en desgracia este año y está bajo detención domiciliaria en Buenos Aires. Fue sentenciada en el caso “Vialidad”, en el primero de una serie de casos en su contra, principalmente por corrupción.

CFK, el acrónimo con el que es conocida entre los argentinos, fue presidenta entre 2007 y 2015, recibió la banda presidencial de su marido Néstor Kirchner (2003-2007) y se ufanó de haber designado a dedo a Alberto Fernández para que encabezara la fórmula presidencial, en la cual ella fue vice, para el período 2019-2023. Ha sido sin duda un tótem del poder en Argentina en este siglo XXI. Hoy también vive sus horas bajas.

La tentación de viajar, en aquellos años en los que la chequera del chavismo pagaba viajes en aviones privados y hoteles de lujo en Caracas, parece no ser tan tentadora. La toma de posesión de Maduro el pasado 10 de enero de este 2025 simbolizó, crudamente, quienes sí estaban dispuestos a estar en la fotografía: Daniel Ortega (Nicaragua), en el poder desde 2007 y quien, junto con su esposa y copresidenta, Rosario Murillo, apuesta a una dinastía para dejarle el poder a uno de sus hijos; y Miguel Díaz-Canel, heredero temporal de la dinastía castrista en La Habana, con un poder real que ejercen los hombres de confianza de Raúl Castro manejando la estratégica GAESA.

Hay otra ola de izquierda en el poder, en este tiempo, aunque no sean algunos ni tan jóvenes como es el caso de Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), ni tan populares en su país como Gabriel Boric (Chile). El primero decidió pasar la página y hacer como que el chavismo no existe mientras atiende urgencias domésticas, mientras que el segundo a punto de salir del poder por la puerta trasera, con una impopularidad récord, enarbola una bandera de críticas contra Maduro.

Finalmente, un caso distinto es la dupla de Claudia Sheinbaum (México) y Gustavo Petro (Colombia), quienes caminan sobre una delgada cuerda, son una suerte de equilibristas en el poder, por la cercanía y dependencia que tienen ambos países de Estados Unidos. Por ahora, aunque cuestionen a Washington ninguno quiere una foto con Maduro ni en sus países, con el gobernante venezolano de visita, ni mucho menos en Caracas.

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