Actualidad del 19 de abril
216 años han pasado desde el histórico 19 de abril y hay asignaturas que se mantienen pendientes: independencia, separación de poderes y soberanía
216 años han pasado desde el histórico 19 de abril y hay asignaturas que se mantienen pendientes: independencia, separación de poderes y soberanía

¡Otra vez la historia! Y sí, efectivamente, porque en lo que la humanidad y este pedacito de ella que somos los venezolanos, hemos vivido, está buena parte de las claves para entender lo que pasa y lo que puede pasar. También de los secretos para descifrar los cambios y sorpresas de los acontecimientos, para cuyos conocimiento y comprensión aconsejaba Churchill estudiar historia a quienes querían conocer el arte de gobernar.
Desde el 19 de abril de 1810 hasta el domingo próximo pasado han transcurrido 216 años. La historia de Venezuela no se inauguró ese día, porque los hitos históricos no son equivalentes a la creación del mundo, como a veces creen o pretenden hacernos creer sus actores, entre quienes nunca han faltado los afectados por el “complejo de Adán” o el de Eva y no me refiero a la carismática esposa de Perón, tan venerada como controversial en la Argentina, nación hermana que tan hospitalaria ha sido con nuestros compatriotas emigrantes.
Desde la escuela aprendimos el relato: la convocatoria al cabildo, la pregunta del Capitán General Emparan “¿Queréis que gobierne? con el padre Madariaga detrás haciendo señas, la respuesta negativa del pueblo reunido en la plaza y su renuncia, “si no queréis que gobierne, yo tampoco quiero mando”. Con lo que resulta que el funcionario provincial de la monarquía española nos resultara más sensible al sentimiento popular que más de un republicano.
Pero aquel episodio remoto que culminaría un año después en la declaración de Independencia, ¿puede tener algún significado actual?
Se me ocurren por lo menos tres.
El municipio es “la raíz de la República”. Lo escribió Gabaldón Márquez con toda razón. Los sucesos caraqueños de 1810 no son una casualidad. Ese acto seminal tuvo lugar en el ayuntamiento, lo que hoy sería el concejo municipal. El cabildo fue la primera manifestación de voluntad autonómica de aquellos españoles y sus descendientes venidos a América, no son cosas mías por mi empeño descentralizador, sino idea expuesta por un sabio como Briceño Iragorry, epónimo del segundo gran liceo de Barquisimeto, mi ciudad donde en 1560 se reunieron los munícipes de varias villas de la comarca y enviaron a uno de ellos con un pliego de peticiones a la Corte. Hubo municipio antes de que hubiera país y fue de allí que éste surgió. Por eso es tan fuerte la importancia del municipio en la vida venezolana y no es capricho que la Constitución reconozca que constituye “la unidad política primaria de la organización nacional”, como no me cansaré de repetir. Para que nunca lo olvidemos los ciudadanos de este país, revestidos o no de autoridad, incluso –y sobre todo- los que ejercen cargos de alcaldes y concejales, porque esa es la medida de su responsabilidad.
Hay que comprender las circunstancias de la política internacional. Los promotores de aquella sesión histórica, y aquí sí se puede usar el adjetivo sin exageración ridícula, estaban al día de lo que pasaba en el mundo. Napoleón había invadido España y en Bayona, en mayo de 1808, Carlos IV y Fernando VII abdicaron sus derechos a la Corona en favor del emperador de los franceses, en plenas “Guerras Napoleónicas” que desde la asunción del poder por Bonaparte en 1799 en la caótica Francia republicana de la Revolución, conmovieron Europa hasta su derrota en Waterloo a fines de 1815. La circunstancia fue aprovechada por los patriotas que comenzaron por reivindicar los derechos del rey y terminaron proclamando la Independencia. No somos un planeta aparte y cada tiempo tiene sus circunstancias.
La soberanía reside en el pueblo. Que las provincias unidas de Venezuela sean estados “Libres, soberanos e independientes”, es la voluntad del 5 de julio de 1811, hija legítima de aquel proceso. La “absoluta independencia” es la consecuencia lógica, a partir de un cuidadoso razonamiento jurídico cuyo autor principal es Roscio. La constitución de ese año, la primera de este país y tercera del mundo consagró que el ejercicio de la autoridad “jamás podrá hallarse reunido” debe ser “confiado a distintos cuerpos independientes entre sí”, es decir separados. La sociedad, bajo las mismas leyes, costumbres y gobierno forma una soberanía que, según aquella carta original reside “esencial y originalmente en la masa general de sus habitantes”. Independencia, separación de poderes y soberanía en manos de los ciudadanos son, dos siglos y pico después, asignaturas pendientes.