Política

Venezuela en medio de la "nueva guerra fría" de los autócratas

La política exterior de Donald Trump empuja al gobierno de Venezuela a reforzar sus alianzas estratégicas con Rusia, China e Irán

Publicidad
venezuela
AFP / archivo

La permanencia en el poder por más de 11 años de Nicolás Maduro tiene tras de sí una realidad geopolítica que va más allá de los señalamientos que se suelen hacer sobre su régimen y que explicarían cómo en un país que padece 80% de pobreza y una diáspora de más de 7 millones de migrantes, el equipo que gobierna Venezuela ha podido mantenerse por tantos años.

El camino autoritario escogido por el chavismo tiene un punto de sobrevivencia que se apoyó en la política de adhesión de la institución militar como brazo armado al proyecto político que ejecutó Hugo Chávez desde los primeros años con la asesoría de Cuba: “Esta es una revolución pacífica pero armada”.

Pero otro punto determinante es la estrecha alineación de Chávez y de Maduro con Rusia, China e Irán, que se proponen desplazar a occidente y sus democracias de la hegemonía mundial nacida luego de la Segunda Guerra, aunque cada uno de sus líderes tiene su proyecto personal.

La salida de la estadounidense Chevron del país y otras empresas internacionales, si bien impactarán aún más los reducidos ingresos y el Producto Interno Bruto (PIB) de Venezuela, no son determinantes para un cambio interno y por el contrario, obligarán a Maduro a ofrecer mejores condiciones y más beneficios a sus aliados para el manejo energético y el acceso a los minerales que se disputan las potencias para las nuevas tecnologías.  

En los movimientos de Donald Trump, muchas veces no entendidos, de acercarse a Vladimir Putin y ofrecerle beneficios geopolíticos a cambio de un acuerdo con Ucrania, hay puntos clave como el resguardo de las centrales nucleares y gran parte de las llamadas “tierras raras”.

Pero al mismo tiempo EEUU necesita mantener a Irán a raya y evitar que se convierta en una amenaza nuclear. Sus acciones buscan también debilitar esa alianza al tiempo de intentar frenar el ascenso económico, tecnológico y geopolítico de China, que para algunos analistas es el más importante rival de EEUU y la Unión Europea.

La amenaza más poderosa para las democracias no será el proyecto de expansión de la Rusia de Putin ni la guerra anti-occidente liderada por Irán. En algunos años bajo el liderazgo de Xi Jinping, como lo señalan importantes analistas, el mayor rival será China.

La disputa por los minerales

Los peligros que corren las democracias occidentales no se desprenden solo de la extensión de las guerras convencionales en el Medio Oriente. A ellos se suma la “guerra tecnológica” que dominará el mundo y para la cual el control y acceso a las materias primas y minerales necesarios para su producción ya están en disputa. Ese escenario se ha identificado como “la nueva guerra fría”.

Trump busca evitar que Ucrania, por el momento, ingrese a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) lo cual aumentaría la amenaza nuclear de Putin, Irán y Corea del Norte y obligaría a EEUU a cumplir su rol dentro de la OTAN o abandonarla definitivamente.

En el nuevo mundo “pluripolar” del que tanto hablan, Maduro, la izquierda y las autocracias, tienen un componente fundamental para sostener la capacidad militar, económica y nuclear: el acceso a los nuevos minerales fundamentales para la industria tecnológica.

Trump ya ha destinado 500 mil millones de dólares en el “proyecto de infraestructura de Inteligencia Artificial más grande de la historia”, consciente de que se han rezagado frente a China, que impactó al mundo digital con su Inteligencia Artificial DeepSeek, sino que maneja el mayor porcentaje de explotación de los principales minerales en el mundo que se requieren para la producción de equipos con las nuevas tecnologías como el escandio, itrio, lantano, cerio, praseodimio, neodimio, samario, europio y otros.

Rusia, Irán y China le dan respaldo político a Venezuela y reconocen a Maduro como presidente reelecto el pasado 28 de julio. China y Rusia han sido sus principales proveedores de armas con sistemas defensivos y defensa interna. Pero el mayor apoyo ha sido en el soporte de la economía paralela “ilegal”. Mientras en Venezuela decaía la economía formal, se generaron nuevos esquemas en la exportación de petróleo, minerales y la “economía ilegal”, que los expertos han estimado que equivale entre 25% y 30% del PIB.

Esa alianza ha sido la carta de seguridad de Maduro, no solo en el plano internacional sino frente a su entorno político.

“Tenemos el apoyo de países con tecnología de punta en combate de drones, antidrones: nuestra hermana Rusia, nuestra hermana China, nuestra hermana Irán. Así que nadie se equivoque con Venezuela”, dijo Maduro durante el desfile militar del 5 de julio del pasado año. Esas afirmaciones sobre sus aliados han sido reiteradas, especialmente durante su visita a China y Rusia.

China se adelantó

En su carrera expansiva, que ahora preocupa a Trump, China pasó a ser el principal inversor y líder en el comercio global de América Latina desplazando al gigante del norte. China es la segunda economía del mundo, aún muy distante de EEUU y la tercera fuerza militar.

China ha ejecutado grandes obras de infraestructuras en varios países de Latinoamérica, entre las que destaca el puerto de Chancay, un proyecto liderado por Cosco Shipping Company, empresa estatal china especializada en el transporte marítimo. La obra, cuya primera fase ya fue inaugurada y que representa una inversión total de 3.400 millones de dólares, permitirá al país asiático un gran dominio del tráfico marino del continente por el Pacífico.

venezuela
Vladimir Putin dándole la bienvenida a Nicolás Maduro en la reunión de los BRICS el 23 de octubre de 2024 (MAXIM SHIPENKOV / POOL / AFP)

Otro proyecto estratégico como objetivo de Jinping es el canal de Nicaragua que competiría con el de Panamá y sería estratégicamente una carta clave a favor de China en la supremacía del comercio marítimo.

Si bien cada líder de las autocracias rusa, china e iraní tiene sus proyectos hegemónicos y sus ambiciones personales de permanencia en el poder, la alianza política y militar les resulta fundamental para reducir las posibles amenazas de occidente y EEUU. China ha venido apoyando la invasión de Rusia a Ucrania, especialmente en el ámbito económico aumentando sus exportaciones e importaciones y compensando las sanciones europeas y estadounidenses.

A comienzos de marzo, China, Irán y Rusia realizaron sus ejercicios militares por quinto año consecutivo en el Golfo de Omán, denominados “Cinturón de Seguridad 2025”, nombre que describe la dimensión de esa alianza. A este “cinturón”, se le sumó Corea del Norte en forma directa aportando tropas a la guerra contra Ucrania. Y aunque Trump no manifiesta públicamente preocupación por esa alianza y confía en la superioridad militar de EEUU, es evidente que debe haber una alerta por el fortalecimiento de esta coalición contra occidente.

Dos semanas después de los ejercicios militares, los viceministros de asuntos exteriores de Rusia, China e Irán se reunieron en Pekín para evaluar el programa nuclear de Irán y ratificarle su respaldo ante las sanciones y las amenazas de Trump tras decir que “prefiere negociar con Irán antes de bombardearlo”.

Rusia y China han sido los más importantes aliados de Irán en la compra de armamento y petróleo. Es de recordar que fue Trump quien en su primer mandato rompió el acuerdo nuclear a raíz de que Irán reanudara su programa de enriquecimiento de uranio y la amenaza de producción de armas atómicas.

Trump ha impuesto un modelo de poder presidencial que ya genera problemas internos en EEUU y diferencias con sus aliados occidentales. En esas circunstancias le complicará su objetivo de debilitar la alianza de las tres autocracias y Venezuela podría cobrar mayor importancia para los tres aliados, tanto por su ubicación geográfica como por sus recursos energéticos y minerales.

Maduro ha decidido aferrarse a estos tres países en el proyecto hegemónico del chavismo y utilizar a su favor las aparentes incongruencias de las decisiones de Trump.

Este último episodio de los venezolanos migrantes en EEUU deportados a El Salvador sin previo proceso legal tuvo tres capítulos. El primero fue la eliminación de la licencia a las petroleras en Venezuela, el segundo fue la decisión de Maduro de suspender el acordado regreso de migrantes expulsados de territorio estadounidense y el tercero la orden de Trump de enviarlos a las prisiones de El Salvador alegando una invasión del “Tren de Aragua”. Todas estas decisiones de Trump y Maduro obedecen a sus propios intereses geopolíticos, sin medir consecuencias humanitarias o legales.

Cómo lo expresó el historiador Rafael Arráiz Lucca en X: “Por donde uno voltea hay fuego encendido (…) es como si la democracia y el Estado de Derecho, de pronto, y sin que nadie lo viera venir fueron arropados por una devaluación dramática de la verdad como valor y el respeto a la condición humana”.

Publicidad
Publicidad