¿Por qué hay tan pocos ídolos en el fútbol venezolano?

¿Por qué es tan difícil que en nuestro fútbol haya ídolos, entendiéndose el término como personajes que sean admirados por la afición y que permanezca ese sentimiento con el paso del tiempo? Aquí soltamos unas hipótesis

¿Por qué hay tan pocos ídolos en el fútbol venezolano?

Táchira vs. Portuguesa. Clásico en Pueblo Nuevo. En el aurinegro viene descollando un imberbe de 18 años que tiene sangre atigrada. Es el hijo de Gerzon Chacón, el futbolista que más partidos vistió con la camiseta amarilla y negra. La expectativa con el muchacho es alta y él no defrauda: gana Táchira 4-1 con tres pases gol de Yerson Ronaldo Chacón. Actuación cumbre.

Que estas cosas pasen en nuestro fútbol, no son tan comunes. Por eso me gusta destacarlo en mis redes sociales, aunque apareció un seguidor que no vio el vaso lleno sino medio vacío: “Si hubiera metido el pase de Lucas Gómez, sí habría sido una actuación cumbre”, me escribió. Mientras desde mi perspectiva veo a un muchacho que puede ser un símbolo en Táchira, hay quienes le consiguen la quinta pata al gato. Así, es difícil construir ídolos.

La situación es propicia para preguntarme por qué es tan difícil que en nuestro fútbol haya ídolos, entendiéndose el término como personajes que sean admirados por la afición y que permanezca ese sentimiento con el paso del tiempo. Encuentro varias razones.

  1. Cultura futbolística. La Venezuela deportiva es muy distinta en comparación al resto de las aficiones de Suramérica, si establecemos un rasero comparativo con aquellas. El aficionado deportivo no es tan pasional como en otras latitudes y eso también se traslada al apartado futbolero. Salvo excepciones como Mérida o San Cristóbal (donde hay estatuas de futbolistas), el fútbol venezolano se juega en el “día a día”. Si es difícil que las instituciones permanezcan en el tiempo, mucho menos el arraigo de las mismas con su gente. Ahí es donde el tiempo, más que los títulos, generan un vínculo entre organización y la gente. Mientras Peñarol cumplió 130 años de existencia, el club más longevo aquí ronda los cincuenta años.
  2. Complejo derrotero. Con la existencia de las redes sociales, se ha podido confirmar una actitud derrotera entre las sensaciones de los aficionados en los apartados deportivos, con más énfasis en el fútbol, donde los resultados no han acompañado nuestra historia como país, ni a nivel de selecciones ni de clubes. Nos hemos acostumbrado a identificar más los defectos que las virtudes de los protagonistas, en una dialéctica que termina por contaminarlos. Poco creemos en las posibilidades de éxito tanto individual como colectivo.
  3. Nos cuesta reconocer los logros. Esto se mete más en el ámbito sociológico que en el burdo análisis deportivo que trato de hacer aquí y creo que el tema da para escribir una tesis y crear una cátedra en la academia. En Venezuela, particularmente en los últimos tiempos, es más fácil encontrar defectos que virtudes. Hay un oprobio personal por reconocer el éxito ajeno que muchas veces pudiera rayar en uno de los peores sentimientos que puede manifestar el ser humano: la envidia.
  4. Inestabilidad institucional. Que las organizaciones, equipos o clubes de fútbol sean tan inestables en el país, provocan que pocos futbolistas sientan arraigo por sus colores. Salvo contadísimos casos, un futbolista ha seguido una carrera fiel a una institución. Las necesidades obligan y eso de “los colores” es verso cuando tienes que ganarte el sustento. Esa inestabilidad no es solo económica: generar un atractivo a sus empleados por parte de la institución sigue siendo materia pendiente.
  5. Poco interés en generar sentido de pertenencia. Deriva del punto cuatro. Hay instituciones que tienen en sus manos la posibilidad de fomentar el arraigo no solo del aficionado sino de los futbolistas, pero de algún modo lo evita. Y no lo evita porque no quiera, sino porque no es prioridad. El sostenimiento del día a día involucra otras necesidades inmediatas y poca atención se le presta a generar identidad. ¿Un ejemplo? Hace poco Oswaldo Vizcarrondo en una entrevista para El Estímulo, revelaba que había hecho contactos con Caracas para retirarse de la actividad profesional vistiendo los colores del rojo y el club no generó ningún interés en acercarse a uno de los símbolos defensivos de aquel Caracas que cambió la relación del aficionado capitalino con el fútbol.

Nuestro fútbol parece no estar acostumbrado a estas situaciones pero que existan personajes que sean símbolos positivos y permanezcan en el recuerdo, considero, sería un plus, un añadido para aquello que estamos construyendo como identidad futbolística. Sí, según los cinco puntos anteriores, muchas cosas tendrían que cambiar. Tampoco es forzar la formación de ídolos, porque eso no se promueve, eso se crea solo.

No tengamos miedo a formarnos ídolos.