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El problema no es Rondón, el problema es la FVF

La ausencia de Salomón Rondón en la doble fecha eliminatoria sería menos grave si el recambio entre Rafael Dudamel y el nuevo técnico se hubiera hecho más rápido, pero de nuevo, se nos olvida que la principal regla de la Federación Venezolana de Fútbol es darle rienda suelta a la improvisación

El problema no es Rondón, el problema es la FVF

El fútbol es un negocio. Si aún no lo tiene claro, puede ver la serie El Presidente, que en líneas generales pinta cómo son las reglas del juego. Al fanático le puede parecer injusto que Salomón Rondón se quede atrapado en la Muralla China, pero a la Conmebol le da igual. Su misión es que el balón ruede y obligan a sus empleados a soplar la redonda. Las arcas de todas las federaciones están golpeadas y sin partidos, no hay golosinas que vender.

Esto que le afecta a la selección venezolana también le pasa a Colombia y seguirá pasando con otras rumbo a Catar 2022, salvo que aparezca la vacuna milagrosa que detenga al nuevo coronavirus. En todo caso debemos recordar que, cansados de ver las repeticiones de la Champions League, en julio se pedía a todo pulmón la vuelta del fútbol como fuera. Y la FIFA y la Uefa respondieron al llamado. Trajeron el fútbol de regreso, previo experimento en Asia, sin público, con cambios de baloncesto y ruido de Nintendo 64 para tapar los gritos en la cancha.

Es curioso cómo al venezolano se le da naturalmente pensar que los jugadores, la sociedad, la vida, es capaz de lo peor y de lo mejor al mismo tiempo. Hasta no hace mucho, se celebraba aquella jornada de la Copa Libertadores, en la que Caracas y Estudiantes, sin haber jugado un partido previo y con plantillas conformadas por jóvenes talentos, salieron airosos de sus compromisos. Independiente Medellín y Alianza Lima comprobaron lo que se sabe desde que el fútbol es fútbol: en 90 minutos puede ganar cualquiera. El quebradero de cabeza es la regularidad. Caracas lo sufrió en el partido de vuelta ante los colombianos.

No se trata de comparar Libertadores con las eliminatorias, ni olvidar lo que Rondón le ofrece a la selección nacional. Es un jugador importante, por supuesto. Sin embargo, sin ensayo previo para el técnico José Peseiro, no tenemos argumento para saber cuál era su plan de acción con el delantero.  A mi juicio, es más sensible la ausencia de Juan Cuadrado para Carlos Queiroz, técnico del próximo rival de Venezuela. Ha sido su ficha clave para mover al equipo neogranadino en ataque, con o sin James Rodríguez en estado de forma.

Más que elaborar y ver conspiraciones en todos lados -por aquello de que si Messi o Neymar no pudieran viajar sí se habría suspendido la jornada-, la mirada debe posarse sobre los directivos. Si Venezuela no tuvo un técnico para llegar a este punto con alguna idea de trabajo fue por todo el tiempo que se perdió desde la Federación Venezolana de Fútbol. Primero, manteniendo a Rafael Dudamel hasta diciembre en una relación obviamente gastada y luego, con el rocambolesco cambio. La novela con Jorge Sampaoli, que en el fondo fue una pelea de poder entre el difunto Jesús Berardinelli y Laureano González, solo perjudicó aún más a una selección que históricamente parte con desventaja frente a sus rivales por los conocidos problemas estructurales.

Entonces llegamos al conocido y viejo problema de la Vinotinto: la eterna improvisación de sus dirigentes, buen reflejo del país. En Uruguay, Oscar Washington Tabárez se da el lujo de dejar a fuera de la convocatoria a Edinson Cavani, porque estaba sin club tras abandonar el PSG hasta que fichó el Manchester United. «Va a ser una cosa circunstancial, obviamente», declaró el estratega de la Celeste. En Colombia, están reestructurando la plantilla porque hasta cuatro o cinco jugadores de la convocatoria inicial no llegarán a la doble fecha. ¿Por qué pueden hacer esos ecambios sin tanto histrionismo? Por el trabajo continuo. Los amistosos, viajes, la convivencia y una conversación fluida mantiene los nexos de toda columna vertebral de una selección y para eso está una federación.

Después de la salida de Dudamel, todo fue caos. Se incluye aquí las extrañas circunstancias que rodearon a la muerte de Berardineli y el comeback de Laureano, previa intervención de FIFA, y  encompinchamiento con el gobierno chavista. En estas circunstancias, la mayor preocupación no es la ausencia de un «9» para enfrentar a Colombia y Paraguay, es pensar cuál será el nuevo papelón de la FVF en todo el proceso eliminatorio.