La respuesta fallida del gobierno venezolano al terremoto: lo que revelan ocho fuentes a Reuters
Algunos funcionarios trabajaron como voluntarios rechazando órdenes directas, mientras otros esperaban instrucciones que llegaron muy tarde. Hasta el 19 de julio, el saldo oficial es de más de 5.208 fallecidos y 17.907 damnificados
Desde los primeros días del terremoto se escucha lo mismo: el Estado no respondió a tiempo. Es una crítica que muchos ciudadanos han sostenido y siguen sosteniendo, personas que todavía buscan a sus familiares entre los escombros y otras que, después de días de incertidumbre, comenzaron a hablar con los medios sobre los obstáculos que encontraron.
Según el portal Reuters, que habló con ocho fuentes familiarizadas con el caso, hubo órdenes que tardaron más de lo debido, falta de equipos y una confusión generalizada que hizo que el despliegue de las fuerzas del país se demorara en llegar a las zonas más afectadas.
El doblete sísmico no solo golpeó a los municipios de Caracas, sino también al estado La Guaira, el lugar más afectado por la tragedia. Según el parte oficial del 19 de julio, hay más de 5.208 fallecidos y 17.907 personas damnificadas.
En algunas zonas como Caraballeda, todavía hay familias buscando a sus seres queridos entre los escombros para darles sepultura. María es una de ellas. Lleva desde el primer día buscando a sus sobrinos en las torres de la OPPPE, sin rastro de ellos hasta el 15 de julio. La respuesta de quienes siguen esperando es casi siempre la misma: «Nadie nos ha venido a ayudar».
Torres OPPPE. Foto: Daniel Hernández
Ese relato contrasta con el de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, quien asegura que las fuerzas armadas se desplegaron en todas las zonas afectadas desde el primer momento y que se movilizaron a 4.000 funcionarios entre militares y policías. Los testimonios de testigos no coinciden con esa versión.
Según Reuters, algunos funcionarios indicaron haber trabajado como voluntarios en las zonas de desastre, rechazando órdenes directas. Desde el primer momento, fueron los civiles quienes ayudaron a sacar personas de los escombros, llevar comida e insumos y aprender técnicas de rescate sobre la marcha.
Fuentes familiarizadas con las fuerzas armadas señalaron a Reuters que el despliegue fue lento y desorganizado porque no estaba claro quién era el responsable de coordinar la emergencia, sumado a la falta de equipos y la ausencia de un plan específico para este tipo de desastre.
Falta de logística y preparación
Otras fuentes cercanas al tema indicaron que la cadena de mando era débil y que muchos funcionarios no sabían cómo actuar ni qué pasos seguir. Ese mismo retraso organizacional hizo que algunos equipos internacionales de rescate también se vieran afectados en las primeras horas.
Fuentes que hablaron con Reuters bajo anonimato —por temor a represalias— señalaron que muchos funcionarios no actuaron porque temían ser reprendidos. Por eso, algunos equipos esperaban que alguien con más autoridad les diera la instrucción de salir a ayudar. Otros no tenían vehículos suficientes para trasladar al personal, y otros carecían de herramientas básicas como palancas o martillos para participar en los rescates.
Macuto. Foto: Alejandro Cremades
La designación de Juan Sulbarán como «única autoridad» para supervisar la respuesta de la Guardia Nacional, junto con el decreto que otorgó poderes al ministro del Interior, Diosdado Cabello, generó confusión dentro de las filas. Cuatro fuentes indicaron que ese solapamiento de funciones hizo que nadie supiera realmente quién dirigía la respuesta tras los terremotos.
La crisis también fue parte del problema
La Fuerza Armada Nacional ya no es lo que había sido en años anteriores. El presupuesto para preparación militar se ha reducido y los recursos se han concentrado en mantener las nóminas. Según una fuente, tanto el comandante estratégico de operaciones como el comandante de defensa regional debían emitir una orden para que el personal militar se presentara de inmediato tras los terremotos, pero eso no ocurrió.
El impacto de esa ausencia fue devastador. La desconfianza ya generalizada hacia las fuerzas militares se convirtió en descontento y abandono. En el momento más crítico, cuando las fuerzas del Estado debían responder y proteger a los ciudadanos, no aparecieron, y todo por la falta de una orden clara y un plan estratégico.
María y sus vecinos seguirán buscando a sus familiares entre los escombros, como cientos de familias que todavía permanecen día y noche frente a sus edificios esperando una respuesta.
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