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Edificio París de La Carlota: "Nos dijeron que podemos estar bajo nuestra responsabilidad"

El edificio París es un ícono arquitectónico de La Carlota, pero para los vecinos es más: un hogar y un punto de encuentro y referencia. Hoy necesita ayuda: seis columnas están severamente afectadas tras el terremoto, losas y paredes igual. La ayuda la han buscado por todas partes y siguen esperando

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Fotos |Daniel Hernández

En el edificio París de La Carlota hay un afiche rojo que advierte que entrar es un riesgo. Las cintas de seguridad lo reiteran: «No pase. Peligro». Las paredes, rotas y agrietadas, adentro y afuera, lo hacen expreso: no es seguro estar allí. Aun así, desde el 24 de junio, hay al menos 35 de unos 70 habitantes que no han dejado sus apartamentos porque no tienen adonde ir.

«Entrar aquí es andar bajo nuestro propio riesgo. Nos dijeron que estamos aquí bajo nuestra responsabilidad», dice Yadira Rodríguez, habitante del edificio desde hace 47 años. Llegó a este lugar, su hogar, cuando tenía dos años de edad.

Fachada principal del edificio París, ubicado en La Carlota. Foto: Daniel Hernández.

Yadira lo comenta porque es parte del grupo de vecinos que no se han ido a pesar de las circunstancias. Sale y entra con el mayor cuidado posible. Sin recostarse a las paredes. Mirando de reojo las grietas que dejó el doble terremoto. En el París, como llama al edificio por cariño, vive con su hija de 14 años y su madre, una adulta mayor que recientemente fue operada.

Los vecinos del edificio París esperaron casi un mes después del terremoto para recibir a Protección Civil para una primera evaluación. Los primeros días asumieron ellos la búsqueda de respuestas sobre los daños estructurales. Foto: Daniel Hernández.

La salud de su madre es una de las grandes preocupaciones, pero el edificio también: el París tiene daños estructurales severos en seis columnas base. Tres fueron causadas por el sismo y tres por una filtración cuyo origen aún es desconocido. A eso hay que agregar las fracturas de mampostería, que son múltiples en planta baja y los pisos 1 y 2.

Vista del piso 1 y planta baja del edificio París. Foto: Daniel Hernández.

Solicitar ayuda por todas las vías

Las primeras horas después del terremoto, los vecinos del edificio París de La Carlota buscaron resguardo en casa de familiares y amigos. Los que se fueron y los que aún están, la mayor parte de ellos adultos mayores, no han parado de solicitar ayuda para reparar su edificio: videos en Instagram, el contacto de un contacto, visitas a la alcaldía, ver si un vecino consiguió el número de alguien.

«Hemos tenido que perseguir a la Comisión Presidencial. Buscar por nuestra cuenta ingenieros patólogos. Contactar a las constructoras. Pedir presupuestos. Movernos para intentar repararlo», dice Christian Gómez, quien es vecino desde hace 17 años y actualmente es el tesorero de la junta de condominio del edificio París.

«Nos convocaron en cuatro ocasiones. Tres fueron reuniones directas con la Alcaldía de Sucre para hablar con los condominios. Ellos nos comunicaron qué apoyos estaban planeando dar y cómo nosotros tendríamos que proceder. Han venido los ingenieros de la alcaldía y también la Comisión Presidencial», explica.

Después de esa primera reunión, la junta de condominio llenó un formulario para indicar el tipo de apoyo que les parecía más útil recibir: técnico, de materiales o económico. La tercera opción fue la seleccionada por mayoría.

Columnas del sótano que se encuentran deterioradas como consecuencia de una filtración que tiene años afectando la estructura. Foto: Daniel Hernández.

Un ingeniero independiente hizo una evaluación del edificio París a principios de agosto y determinó los daños urgentes para atender:

  • Cinco columnas presentan concreto triturado, pérdida de recubrimiento y exposición del acero de refuerzo con deformación lateral.
  • Fallas por cortante en vigas y deflexión visibles en los soportes principales. Por ejemplo, hay nodos (unión de columna y vigas) con grietas diagonales que reducen la capacidad de carga frente a refuerzos laterales.
  • Agrietamientos estructurales en la escalera y núcleos de circulación.
  • Losas del sótano sin recubrimiento debido a una filtración.

De todos los problemas, el más grave es el de la filtración, que se unió a los daños que dejó el sismo.

El sótano tiene socavado las losas del piso y del techo. En el sótano, lograron reforzar una columna hace varios años, pero el agua continúa afectando esa reparación. Foto: Daniel Hernández.

«Lo primero que hay que arreglar es la filtración. No tenemos apoyo de Hidrocapital. Llevamos más de mes y medio detrás de ellos y no han venido. Si no se arreglan las columnas, no podemos hacer vida aquí», explica Yadira.

Los vecinos han solicitado la visita de Hidrocapital porque el origen de la filtración es desconocido. No es algo que puedan determinar sin un equipo especializado. Este problema representa un riesgo crítico para la estabilidad del Edificio París, especialmente porque arrastra la vulnerabilidad desde hace años: no solo se mantuvo después del doble terremoto del 24 de junio, sino que también superó el del año 1967.

Yadira Rodríguez, vecina del edificio París desde que tiene 2 años de edad. Foto: Daniel Hernández.

El ingeniero Álvaro Espinoza Cardozo indicó a la junta de condominio del edificio que el agua continúa socavando las bases, promueve la erosión del suelo bajo los cimientos y acelera la corrosión severa del acero de refuerzo.

«Hay que reparar las columnas que le van a dar estabilidad al edificio para que la gente pueda volver», dice Christian.

Conseguir el código QR y esperar

Hasta el 6 de septiembre, los vecinos del edificio París estuvieron movilizándose para reportarlo como una estructura que requería atención urgente en el sistema del Ministerio de Hábitat y Vivienda. Cuando una comunidad hace este proceso, recibe un código QR que valida el registro y así la Comisión Presidencial puede priorizar la evaluación.

Ya los vecinos del edificio París consiguieron el código QR. «Eso significa que estamos en la fase 2, que se supone que es la inspección detallada, y luego viene la tres, que es la reparación».

15 días antes del 24 de septiembre, cuando se cumplieron tres meses del doble terremoto y El Estímulo visitó el edificio, recibieron a la Comisión Presidencial. Documentaron los mismos daños que otros especialistas independientes, pero no hubo fechas de cuándo comenzaría la intervención.

«Muchos nos dicen que esto es como hacer un nuevo edificio, pero los que estamos no tenemos el fondo suficiente para cubrir esos gastos. Es muy costoso. Yo censé mi apartamento también, para adquirir el QR por el Minvi, ellos dicen que darán ayudas económicas, pero después de este tema no sabemos qué viene«, asegura Yadira Rodríguez.

De forma independiente, la junta de condominio contactó a la empresa constructora Soyuz, que también trabaja con la Comisión Presidencial. «Ellos nos dijeron que era reparable. Determinaron que necesitábamos casi 18 mil dólares para reparar las columnas, que es lo más urgente. De ese monto, recibimos recibimos una cuarta parte», dice Christian.

Hogar y patrimonio comunitario

«Me da un poco de miedo ver el edificio así. Me dicen que no es tanto, pero yo veo. Veo grietas aquí y allá. Antes estaba esa grieta y se hizo más profunda con el temblor (…), todo el tiempo, cuando veo eso, me da algo y pido a Dios que no vuelva a pasar», dice Costanza Rojas, quien tiene 81 años y es propietaria de uno de los apartamentos del edificio París.

Tiene 40 años viviendo en el París y está preocupada: «Aquí somos mi hijo y yo nada más, y él es el único que trabaja y no alcanza».

Costanza vive con una hernia que no ha podido atender por falta de recursos económicos y ver su edificio y, sobre todo, su apartamento tan deteriorado, la ha afectado. Procura no quedarse mucho rato mirando las grietas, pero los golpes de realidad son constantes e inevitables: como vive en el piso 1, hay grietas por doquier.

«Hay unas que estaban allí desde hace tiempo, otras que son consecuencia de la filtración, pero no he podido repararlas», señala.

Mujeres como Costanza hay muchas en el edificio París. Hay familias que cuentan tres generaciones habitándolo y otras que esperan crecer allí, pues hay al menos 12 niños que tienen en esta estructura su hogar.

Y el París no es solo hogar, es también un punto de encuentro para los vecinos de La Carlota y de trabajo, ya que funciona una carnicería, una zapatería, un taller mecánico, un bar, una referencia. No existe vecino que no sepa que allí está el edificio.

Verónica Márquez en la cocina del bar donde labora. Foto: Daniel Hernández.

«Yo me siento insegura. Cuando pasa un camión o algo que vibra, a una le da por salir. Quisiera que nos arreglen esto. Tuvimos casi un mes cerrados. Regresamos y hay venta, pero no mucha. Los clientes al entrar ven esos tubos y les da miedo venir al negocio», dice Verónica Márquez, quien tiene cuatro años trabajando en la cocina del bar.

Los tubos son los puntales, que ahora sostienen gran parte del peso en las zonas donde hay columnas fracturadas por el terremoto. «Es la única forma de equilibrar, de no sobrecargar las columnas, mientras llega la reparación», comenta Christian.

Puntales que sostienen parte de la estructura. Foto: Daniel Hernández.

Estos puntales no están solo en la parte externa, sino también dentro de los apartamentos, lo que limita el movimiento de los propietarios y restringe las salidas en caso de otra emergencia.

No olvidar a La Carlota, no olvidar al edificio París

El edificio París no es la única estructura con etiqueta roja en La Carlota. Los vecinos han registrado al menos otras cuatro y todos piden lo mismo: agilizar las ayudas. «Sabemos que no somos los más afectados, pero las familias de aquí lo necesitan porque no tenemos a dónde ir», dice Yadira.

Lo prioritario, y en lo que siguen a casi 100 días del terremoto, es buscar a Hidrocapital. Llaman. Acuden a su sede. Han hecho presión para atender la filtración. «Hay que saber cuál es la fuente. Lo que corresponde al edificio lo podemos intentar determinar nosotros, pero el origen es externo, es la calle», señala el tesorero de la junta de condominio.

Columna de uno de los apartamentos del piso 1. Los vecinos tienen prohibido reparar la mampostería hasta que se refuercen las columnas. Foto: Daniel Hernández.

Lo único que les tranquiliza, entre tantas preocupaciones, es que esa etiqueta roja no significa demoler. Ninguna en la zona es para eso, sino para reparar.

De ahí, asegura Christian, sacan el ánimo para seguir: «Nosotros somos optimistas. Si hay algo que tiene este edificio es eso. Tenemos ese sentimiento de amor por el edificio desde antes. Todos nos hemos sumado a buscar solución».

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