Cinemanía

“La guerra de los Rohirrim”, sin mucho que aportar a "El Señor de los Anillos"

“El Señor de los Anillos: La guerra de los Rohirrim” tenía la complicada misión de adaptar una historia corta sin muchos detalles, contenida en los apéndices de la clásica trilogía. Pero no lo logra

La guerra de los Rohirrim
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El universo de “El Señor de los Anillos” se ha convertido en una valiosísima propiedad intelectual para dos gigantes del entretenimiento. Por un lado, Warner, que mantiene los derechos de la llamada “Trilogía del Anillo” y por el otro Amazon, que detenta los de los apéndices firmados por Christopher Tolkien y varias historias conexas. El resultado es la explotación súbita de una rica mitología con un severo, disciplinado y meticuloso fandom a cuestas.

Por lo que el anuncio de “El Señor de los Anillos: La guerra de los Rohirrim” preocupó tanto a los seguidores de la obra seminal de la fantasía contemporánea, como a los amantes del universo cinematográfico análogo. No solo porque se trata de un nuevo intento por profundizar en el canon a través de historias incompletas, sino también porque se trata de una versión animada. Entre ambas cosas, la cinta debía ser algo más que la revisión efectista y con graves problemas de guion de “El Señor de los Anillos: Los anillos de poder”, la serie de Amazon que primero despertó suspicacias y después una franca hostilidad entre lectores y hasta fanáticos casuales de la saga de Tolkien. 

Por lo que la presión sobre “El Señor de los Anillos: La guerra de los Rohirrim” era doble. A un extremo, debía demostrar que el universo literario podía ampliarse en nuevos formatos. Al otro, que experimentos cinematográficos con historias cápsulas valen la pena de ser producidos.

Pero no logra ninguna de las dos cosas. Es un ejercicio complaciente, plano y sin espíritu, de una historia que intenta ser épica sin lograrlo, un desorden narrativo que va de un lado a otro sin que el relato consiga tener solidez o paciencia para narrar su complicada trama.

Decisiones torpes 

Ambientada 163 años antes de los eventos narrados por “El Hobbit: Un viaje inesperado” de Peter Jackson, la película se apresura a establecer su línea de tiempo y su vinculación con el célebre mundo cinematográfico a través de la voz de Eowyn (Miranda Otto, que retoma su papel en la forma de una precisa narradora), que invita a recorrer un paisaje de leyendas.

Antes de que la Tierra Media se uniera bajo un solo propósito para luchar contra Sauron, el rey de los Rohirrim, Helm Hammerhand (Brian Cox), era un líder respetado. La película hace un buen trabajo en dejar claro que esta no es una historia mítica de estatura simbólica y que el monarca es solo un rey, imperfecto e impulsivo, cuyo carácter podría definir el futuro de su pueblo.

La guerra de los Rohirrim

Lo mismo podría decirse del comportamiento y la forma en que el filme explora en Wulf (Luke Pasqualino), que busca venganza por la muerte de su padre Freca (Shaun Dooley). El primer tramo de la cinta establece el hecho de que esta batalla entre dos enemigos jurados está lejos de criaturas mágicas o de eventos trascendentales que involucren el bien y el mal. La idea funciona, hasta que la trama deja de explorar en sus fortalezas para ser más una colección de secuencias de acción.

Finalmente, se encuentra Hèra (Gaia Wise), la hija del rey Helm y el espíritu encarnado — por decir lo menos — de las virtudes de valor del territorio de los caballeros de Roham. El argumento, que debe reimaginar a un personaje que incluso carece de nombre en el texto original, logra sus mejores puntos acerca de su comportamiento y motivos, cuando le permite ser una guerrera con un carácter firme. Pero la cinta olvida en más ocasiones de las necesarias, que su relato es mucho más pequeño que el del Señor de los Anillos. Lo que hace que brindar un excesivo simbolismo y la carga de la predestinación a su protagonista sea una especie de contradicción funcional y formal a la historia que intenta contar.

La Tierra Media bajo fuego 

Desde que Peter Jackson llevara a la pantalla grande una exitosa versión del universo imaginado por Tolkien, la estética de épica fantástica, con un contexto medieval, se ha hecho inseparable de las historias del escritor. Algo que quedó claro con “El Señor de los Anillos: Los anillos de poder” y la forma en que reflexionó acerca de sus conflictos con un apartado visual muy elaborado y casi onírico. Por lo que el apartado visual “El Señor de los Anillos: La guerra de los Rohirrim” tiene mucho de ambas producciones, aunque no referencia a ninguna de las dos de manera directa.

“El Señor de los Anillos: La guerra de los Rohirrim” utiliza a la animación como un fluido escenario que alcanza una belleza emocionante y detalles sofisticados. No obstante, la historia es tan errática, vacía y la mayoría de las veces superflua, que mucho del gran apartado visual, parece una cáscara especialmente atractiva sin mucho que ofrecer.

Para su última hora las secuencias de lucha cuerpo a cuerpo salvan el día. No obstante, ninguna de ellas, ni tampoco los evidentes y caóticos guiños a «El Señor de los Anillos» evitan que la película sea mucho más un entretenimiento olvidable que un añadido sustancioso a una saga en crecimiento.

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