“Karate Kid: Leyendas”, un buen equilibrio entre lo viejo y lo nuevo
La saga que nació en 1984 con el sorpresivo éxito de “Karate Kid”, regresa para un nuevo capítulo que une lo viejo y lo nuevo en una sola historia. Por lo que la conocida premisa de un chico que encuentra en el dojo una forma de crecer y madurar, se une a la rivalidad entre entrenadores. Ideal para nostálgicos y los que quieran pasar un buen rato con una historia que no exige otra cosa que buena voluntad del espectador
“Karate Kid: Leyendas” (2025) de Jonathan Entwistle tiene muy claro el lugar del que proviene. Por lo que de inmediato reafirma su personalidad. Esta será una historia que abarcará tanto a Japón como a China, de modo que también es un homenaje al kung-fu (cuyo origen es chino) y al karate (japonés). La identidad dividida también explora en las dos ramas principales de la franquicia: “Karate Kid: Leyendas” tiene el raro honor de mezclar tanto la historia cinematográfica como la televisiva. Y hacerlo de forma emocionante, a pesar de ser un tanto evidente y predecible.
La cinta tiene mucho de experimento bien intencionado que resulta en un homenaje simbólico, no solo a los fanáticos de la franquicia. También, a un tipo de espíritu deportivo idealizado que el guion de Rob Lieber convierte en un motivo para vivir, por lo que dedica sus primeros minutos a indagar en su identidad. A un extremo, muestra una visita rápida a Okinawa y después a Beijing, para mostrar hasta qué punto el argumento es conciliador de todo lo que “Karate Kid” ha sido para al menos tres generaciones.
Pero pronto la trama va al grano y se concentra en Li Fong (Ben Wang) y su exigente, disciplinada y en ocasiones, cruel madre (Ming-Na Wen). Juntos llegan a Nueva York con la esperanza de que el muchacho sea admitido en la Universidad de Nueva York. El argumento hace un buen trabajo en explorar en sus personajes y aunque su punto no es especialmente profundo, evita caer en el estereotipo. Algo que agradecer en una película de la vieja escuela en la que los villanos son insoportables y los héroes están destinados a vencer por obra y gracia de la buena voluntad.
Nada original, pero sí, contado con entusiasmo
Uno de los grandes méritos de la cinta es que sabe perfectamente que su hilo conductor es básico, trillado y sin duda, destinado solo a ser emocionante a ratos. Pero en lugar de rendirse al cliché — aunque sí hay más de los necesarios — hace de esta historia del crecimiento también una de descubrimiento. Li Fong quiere complacer a su madre, pero en realidad comienza a preguntarse el motivo por el que necesita hacerlo. Un punto peculiar que permite que su personaje comience a cuestionar la presión cultural sobre sus hombros.
Recién llegado, como pez fuera del agua y en mitad de este duro ajuste emocional entre la adolescencia y primera juventud, este nuevo héroe clásico de Karate Kit pronto encontrará a su némesis. Connor (Aramis Knight) tiene todo para ser despreciable. Es el típico villano destinado a convertirse en objeto de odio público. A la primera oportunidad amenaza a Li Fong, lo golpea y por supuesto, lo lleva a su terreno, que no es otro que el de las artes marciales y su destreza física.
Una circunstancia que desencadenará que finalmente Li Fong termine por ser entrenado por Daniel LaRusso (Ralph Macchio) y el Señor Han (Jackie Chan). Una mezcla que cumple la promesa de unir la saga cinematográfica con el éxito de Netflix “Cobra Kai”. Pero más allá de ser un gancho para la nostalgia — que lo es y la película no lo disimula — la cinta invierte tiempo y energía al plantear su dilema simple de manera natural. Un chico necesita crecer, encontrar su camino y sobre todo, sostenerse en la mano de una vieja tradición. Algo que Daniel y Han encarnan a cabalidad.
Un regalo para fanáticos
“Karate Kid: Leyendas” es un emotivo escenario central para dos tipos de fanáticos. Los que crecieron admirando las peripecias de Daniel y su mentor Miyagi (el recordado Pat Morita) y los que disfrutan de la rivalidad casi inocente de la serie de Netflix. La cinta logra fundir ambas cosas en una trama en la que no falta emoción, humor y buen hacer. Así como el inevitable despliegue de un heroísmo juvenil que se analiza lo necesario para resultar creíble.
Sin ser una película extraordinaria — está muy lejos de serlo — la nueva entrega de la saga Karate Kid es respetuosa con su legado y humilde en su manera de explorarla.
Además, explora en el mito del chico talentoso que solo necesita una mano amiga para avanzar con despreocupada alegría. Pero mucho más, se preocupa por mostrar una evolución consistente en esta saga de más de cuarenta años, que siempre regresa a su punto central. La de ser una historia de crecimiento en la que el deporte es una esperanza y también un vehículo para probar el valor personal.
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