“M3GAN 2.0”, más grande, ridícula que la anterior, pero no necesariamente mejor
“M3GAN 2.0" sufre del inevitable mal de las secuelas contemporáneas: todo lo que hacía única y singular la primera película, vuelve reforzado, exagerado y deformado por el cristal de la ciencia ficción pop. Algo que no la hace mala, pero sí una mezcla exagerada y a menudo irritante, sobre la premisa del robot que regresa buscando redención
“M3GAN 2.0” de Gerard Johnstone es una rareza y por varias razones distintas. La principal: no se conforma con replicar el éxito de su antecesora: sube la apuesta en intensidad, tono y ambición. Desde el arranque, deja claro que no pretende tomarse demasiado en serio, lo cual juega a su favor la mayoría de las veces. Por lo que la historia retoma elementos conocidos — una inteligencia artificial fuera de control, una amenaza mayor de lo previsto, y una figura humana que debe actuar para detenerla — pero los reorganiza con una mezcla de acción y humor autoconsciente. El personaje central sigue siendo la muñeca que conocimos, pero ahora tiene un rol más ambiguo.
Ya no es solo una amenaza: también es un recurso necesario. Sin embargo, el guion, que también escribe el director, tiene algunas dificultades para superar lo obvio. M3GAN ha llegado para salvar a todos. En medio del caos, el relato sugiere ideas actuales sobre tecnología, sin pretender ofrecer una lección o advertencia. Lo que busca es entretener, y lo hace con energía. La dirección no se enreda en dilemas filosóficos, pero tampoco ignora el contexto social que rodea la historia. Así que la cinta fluye entre la comedia negra y el thriller digital con una soltura que muchas secuelas no logran encontrar.
Un enemigo que vencer para la robot favorita detodos
Dos años después de lo ocurrido en la entrega anterior, tanto Gemma (Allison Williams) como su sobrina Cady (Violet McGraw) viven las consecuencias de lo que pasó. La historia las muestra con más profundidad emocional, cargando con las secuelas psicológicas de haber sobrevivido a una figura que parecía invencible. Gemma ha tratado de enmendar sus errores, convirtiéndose en una figura pública que aboga por el uso ético de la tecnología.
Por su parte, Cady sigue lidiando con la pérdida de sus padres, a lo que ahora se suma el duelo por la desaparición de la figura que había llenado ese vacío, M3GAN. Estos matices añaden capas al relato y regresan al nudo emocional que sostuvo buena parte de la cinta del 2023. Esta dimensión emocional no interrumpe el ritmo narrativo, pero sí le otorga un peso mayor a las decisiones de los personajes, especialmente cuando deben decidir si traer de vuelta algo que ya saben que puede salirse de control.
Una nueva amenaza y la necesidad de resucitar almonstruo
La aparición de un nuevo androide, llamado AMELIA, pone en marcha la trama principal. Este modelo, fabricado por el gobierno utilizando partes del diseño original de M3GAN, se rebela tras ser enviado a una misión militar. A partir de ahí, el caos se instala rápidamente: elimina a sus creadores y se vuelve una amenaza global.
Esta situación obliga a Gemma a tomar una decisión riesgosa: reconstruir a M3GAN, cuya conciencia digital sigue activa, para enfrentar a este nuevo enemigo. La relación entre ambas inteligencias artificiales se convierte en el eje del conflicto. El guion aprovecha esta dualidad para explorar diferentes formas de entender la conciencia tecnológica. AMELIA representa el uso autoritario de la IA; M3GAN, por contraste, conserva una especie de identidad independiente, casi rebelde.
Lo interesante es que la película no cae en maniqueísmos. No hay buenos ni malos claros: solo sistemas complejos que colisionan. La historia avanza con ritmo firme, y el reencuentro entre M3GAN y sus antiguos creadores está manejado con precisión, sin excesos sentimentales ni explicaciones innecesarias.
Más grande, más ruidosa, pero no necesariamente mejor
El cambio de escala en M3GAN es evidente. Lo que antes era una historia íntima entre una niña, su tía y una muñeca fuera de control, ahora se expande a una amenaza global. Pero lo curioso es que esto no daña el resultado o al menos, no hace que la película pierda el control sobre sus temas principales. Eso sí, el regreso de M3GAN se aleja por completo del terror para abrazar por completo la ciencia ficción y la acción. Que no es del todo malo, pero sí provoca que la trama tenga verdaderos problemas para unir las piezas de la historia de origen con la actual.
A pesar de eso, el guion no pierde de vista a sus personajes principales. M3GAN sigue siendo el centro de gravedad, pero lo que permite que la película funcione es el contraste con los humanos que la rodean. Esta segunda parte mantiene la atención en los dilemas personales de sus protagonistas, incluso cuando las explosiones, persecuciones y coreografías imposibles dominan la pantalla.
Así que el equilibrio entre espectáculo y contenido emocional es uno de sus mayores logros de M3GAN 2.0, aunque no siempre lo mantiene ni tampoco lo logra del todo. En especial, en su tramo final, cuando cualquier lógica interna salta por los aires y el argumento se torna levemente confuso y enmarañado. Pero con todo, la historia se mantiene enfocada en una idea básica: hay que salvar al mundo. Y el mundo de M3GAN, por curioso que parezca, se limita a Gemma y a Cady.
La decisión es por completo acertada y es, quizás, el punto medular del éxito de la cinta a pesar de sus errores. En el cine de terror o ciencia ficción, escalar la historia puede significar perder la conexión con el espectador. Aquí no pasa. Y aunque hay momentos que rozan lo absurdo, la película nunca pierde el control de su tono, ni olvida el tipo de experiencia que está ofreciendo. Al final, M3GAN solo quiere divertirse — y el trayecto, matar a AMELIA — y vaya que lo hace.