"Bugonia", la conspiranoia en un sótano de Yorgos Lanthimos
Con Universal Pictures Venezuela llega a los cines "Bugonia", de Yorgos Lanthimos, este jueves 30 de octubre, un filme con una mirada muy particular sobre las fuerzas que impulsan las conspiranoias globales
Del director Yorgos Lanthimos llega “Bugonia”, un explosivo thriller psicológico que ofrece una ventana cómica y oscura como la noche a nuestra era moderna de locura.
Provocativa y subversiva, la película sigue a dos jóvenes obsesionados con las conspiraciones que salen de sus madrigueras en línea y secuestran a Michelle, una poderosa presidenta corporativa que creen que es una extraterrestre que ha venido a destruirnos.
Después de que el dúo la encadena en un sótano y se enfrentaran cara a cara con el enemigo, los dos bandos —los habitantes del sótano con gorros de papel de aluminio y la fría y desalmada ejecutiva corporativa— pronto se ven envueltos en una batalla tan visceralmente impredecible como inesperadamente conmovedora.
Con las potentes actuaciones de Jesse Plemons (Teddy), Emma Stone (Michelle) y el novato Aidan Delbis (Don), junto con un guion endiabladamente ingenioso de Will Tracy, Lanthimos construye un retrato audazmente original de lo que significa reír, llorar y retroceder ante el destino de la humanidad.
Encerrados todos
El sótano de Teddy en “Bugonia”, dice Lanthimos, es un entorno cerrado que funciona casi como un experimento científico retorcido, en el que se arroja a ratas de laboratorio a una piscina que contiene todas las ansiedades, miedos y realidades absurdas de la vida moderna. Pero ese experimento pronto se convierte en una especie de reflejo como el de los espejos donde nos vemos deformados que están en las ferias, no sólo de Teddy, Don y Michelle —es decir, las ratas de laboratorio en cuestión— sino también de nosotros, como espectadores.
“Al limitar el entorno en el que se desarrolla este conflicto, incrementamos el enfoque en los personajes y lo que representan, pero también revelamos que lo que parece obvio al principio podría no ser cierto”, explica Lanthimos. “La película revela lentamente capas y capas de complejidad en todos los personajes, lo que hace que quien la vea se replantee los prejuicios que pueda tener”.
Esto puede verse más claramente en nuestra forma de entender a alguien como Teddy, el cabecilla de la operación. Para prepararse para su papel, Jesse Plemons se sumergió en su propio mundo, leyendo sobre nuestra era de paranoia conspirativa en libros como “Doppelgänger”, de Naomi Klein.
“Algo que dijo Klein y que realmente tiene sentido es que, con tanta gente que se inclina hacia alguna teoría de la conspiración, el origen de ese miedo es correcto”, explica Plemons. “La idea de que nos están manipulando, que están extrayendo nuestros datos, que estas fuerzas del mal y esta especie de maquinaria capitalista están tratando de controlar nuestras vidas —si todos estos sentimientos son válidos, ¿a dónde puedes acudir? En realidad, los únicos que hablan de ello son estos podcasteros marginales defensores de las teorías conspirativas. Pero la raíz de ese sentimiento es correcta”.
Esta compleja dinámica impacta directamente la espinosa complejidad de “Bugonia”. Con sus creencias y métodos convincentes, Teddy puede parecer un lunático con un gorro de papel aluminio, pero la ira y el miedo que lo motivan —la explotación capitalista, el desastre ecológico y la sensación de que, como él mismo dice, “a nadie le importamos un comino”— son de una crudeza real.
Sus motivaciones sólo se complican por un pasado más oscuro que, de forma gradual y aterradora, sale a la superficie. “La vida lo ha tratado bastante mal”, dice Plemons. “Su madre participó en un ensayo clínico con opioides que la dejó en coma, y él sólo quiere ayudar desesperadamente, pero se ha perdido un poco por el camino”.
En la casa de su madre, en el corazón de Estados Unidos —donde, señala Stone, las cosas han quedado suspendidas en el tiempo desde que la madre de Teddy se fue— Teddy dedica el tiempo que pasa fuera de su trabajo en la fábrica a la apicultura, a investigar el verdadero orden del universo y a entrenarse con Don para impedir la invasión de una especie alienígena. Él ha pasado por todos los subgrupos políticos marginales y conspirativos que existen antes de aferrarse a esta teoría andromedana sobre el control. Pero todas sus profundas inmersiones en estos temas complejos quizá hayan sido una defensa contra la oleada de dolor y una profunda sensación de futilidad en una sociedad que parece haber utilizado a su familia y luego haberla descartado.
“Lo dejaron solo para que intentara procesar todos estos sentimientos de absoluta impotencia y desesperanza”, dice Plemons. “Todo eso que bullía en su interior —¿dónde lo pongo? ¿Cómo puedo controlar esta horrible situación en la que me he quedado? Esta creencia en la que ha caído le ha dado una sensación de poder y propósito, y una forma de ordenar estas cosas, aunque sea de manera indirecta. Cada vez que se menciona el pasado, él siempre lo relaciona con esta misión”.
Plemons ve en Teddy lo que es, aunque en una versión más extrema, una realidad igualmente trágica que existe para muchos en una era de división y desconexión. “Hoy en día, mucha gente en el mundo se siente ignorada y olvidada”, señala. “Están siendo arrastrados por los poderes fácticos”.
La «mala» Michelle
En “Bugonia”, Michelle parece ser la manifestación desalmada de esos poderes. La poderosa presidenta de una empresa farmacéutica de bioingeniería, controla sin piedad todo y a todos los que están a su alrededor. “La naturaleza de Michelle es ser presidenta y estar al mando”, señala Stone. “Intenta convertirse en eso al instante, incluso en medio de una situación descabellada con Teddy y Don, tras haber sido secuestrada”.
Ya sea una jefa extraterrestre o una ejecutiva multimillonaria, ella es “una especie de fuerza que chupa la vida e intenta arrebatarle algo a la Tierra”, dice Stavros Halkios, quien interpreta a un policía local que se ve envuelto en el plan de Teddy.
Al menos, esa es la impresión inicial que uno podría proyectar sobre ella. “Luego, escena tras escena, empiezas a comprenderla mejor”, dice Lanthimos. “La ves revelar —o intentar ocultar— todas esas capas”.
Cuanto más percibimos a Michelle como una persona real —en lugar de lo que simplemente representa como figura de poder— que siente dolor y tiene sus propios pensamientos, más se inquieta Don ante lo que él y Teddy están haciendo. Si su teoría y la misión que tienen entre manos le han proporcionado a Teddy una especie de control sobre su vida, él sólo quiere transmitir esa sensación de empoderamiento a Don, su primo menor, que también ha perdido a su familia.
“Él es una persona un tanto tímida y torpe, pero al mismo tiempo demuestra, a pesar de eso, ser realmente valiente y fuerte”, explica Delbis sobre Don.
En cierto modo, señala, Don se ve involucrado casi sin darse cuenta en toda esta situación; un alma sensible que se ve empujada a extremos violentos simplemente por el amor que siente por la única persona que le queda. “Teddy es la última persona en todo el mundo en la que Don realmente siente que puede confiar, que se preocupa por él”, explica. “Y Teddy ve a Don posiblemente de la misma manera”.
Plemons coincide. “Su relación es realmente trágica y realmente hermosa —son todo lo que el uno tiene del otro”, relata. Pero, finalmente, a medida que la misión llega a su punto álgido, Don se rebela contra las creencias de Teddy y lo que están dispuestos a hacerle a Michelle para sacarle la verdad. Al final, su ambivalencia se convierte en un símbolo para nosotros.
“Don es el alma de la película y la brújula moral”, expresa Lanthimos. “Él representa al público: siempre está en conflicto. Siempre cuestiona las cosas, pero también es muy leal a Teddy y no quiere ir en su contra. Sin embargo, hay algo dentro de él que le dice que lo que están haciendo podría no ser lo correcto”.
Un trío estelar protagoniza este filme: Samuel L. Jackson, Dave Bautista y Olga Kurylenko, en una mezcla de acción y ciencia ficción en la que un grupo de cazadores de un planeta devastado busca tesoros perdidos a toda costa, mientras se enfrenta a un grupo de malhechores que desea acabar definitivamente con el planeta
Remontando como puede el sobresaturado género del biopic musical “Springsteen: Música de ninguna parte” intenta sonar distinta. Para eso, el director y guionista Scott Cooper, aborda la figura de The Boss (Jeremy Allen White) durante un periodo decisivo, pero la melodía de la película desafina más de una nota