Cinemanía

“Beso de tres”, más de lo que uno espera

“Beso de tres” es tan engañosa como su título sugerente: esta aparentemente sencilla comedia romántica, esconde más veneno emocional de lo que nadie supone

Beso de tres
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En “Beso de tres”, la premisa no es —solo— el poliamor. Aunque su título sugerente y tramposo podría indicar que sí. En realidad, la película de Chad Hartigan (un experto en comedia romántica poco convencional), mete el dedo en la llaga emocional. Eso, al indagar en temas complejos como la necesidad de ser amado, la lealtad y la fidelidad. Y lo hace con una premisa que parece básica, casi de manual, pero que pronto revela un fondo bastante más incómodo.

El detonante de la historia es sencillo: tres jóvenes se dejan llevar por la química del momento. Nada más, nada menos. Pero el guion de Ethan Ogilby no se interesa tanto por el disfrute espontáneo como por el terremoto posterior, el que obliga a cada participante a preguntarse qué demonios significa lo que vivieron y qué hacer con la nueva tensión que se cuela en la sala, en el corazón y en cada gesto.

Para eso, la trama se enfoca en Connor (Jonah Hauer-King), un tipo que arrastra una fijación casi romántica con Olivia (Zoey Deutch), compañera de un antiguo empleo al que regresa para visitar a su amigo Greg (Jaboukie Young-White). Pero, en medio de una conversación nostálgica, termina por comprender que Olivia sigue fuera de su alcance emocional. Sin embargo, la conversación se tuerce cuando Greg -quien trabaja como camarero- le señala que una desconocida fue dejada plantada en una mesa: Jenny (Ruby Cruz), silenciosamente furiosa, abiertamente desconcertada. Por lo que Connor intenta consolarla. Esa chispa —mínima, casi torpe — abre la puerta a un encuentro que será mucho más decisivo de lo que cualquiera imagina.

Eso, cuando Olivia ahora sí parezca interesada en Connor. Por lo que pronto, este último, Jenny y Olivia terminan en medio de una noche apasionada y compleja. Desde ahí, la película acelera: Olivia y Connor inician una relación aparentemente estable, avanzan con una facilidad engañosa y construyen una intimidad que parece sólida. Hasta que Jenny reaparece, no como amenaza sino como recordatorio de lo que quedó sin resolver. Y la historia empieza a desarmarse con un ritmo que mezcla torpeza emocional, silencios incómodos y una ironía suave que el filme aprovecha con astucia.

Enredos románticos

A pesar de no perder en ningún punto su identidad como comedia romántica, “Beso de tres” no funciona bajo la lógica convencional del género, sino que se dedica a profundizar en la naturaleza del amor contemporáneo. De modo que, antes de bromear con los equívocos de un trío que salió mal, indaga en cómo cada personaje interpreta ese encuentro inicial desde un ángulo distinto: uno lo recuerda con culpa, otro con deseo, otro con una mezcla confusa que muta según el día.

Es, en esencia, un estudio de expectativas rotas, heridas que nadie quiere admitir y pequeños malentendidos que, acumulados, forman un monstruo mucho más grande que el trío original.

Sin embargo, “Beso de tres” tropieza con trampas del género que ya son tradición: muchos de los conflictos serían inexistentes si sus protagonistas hablaran claro, aunque fuera una sola vez. La película se complace en explotar esas omisiones —mensajes no enviados, detalles olvidados, verdades ocultas por miedo o por simple pereza emocional— y el resultado son tensiones que, aunque funcionan dramáticamente, se sienten fáciles de evitar.

También pesa la falta de vida interior de los personajes. El argumento tiene poco o nulo interés en profundizar en el contexto, que quizás aportaría más capas para entender las decisiones, miedos y preocupaciones de sus protagonistas. O al menos, un punto más allá de cómo se sienten respecto a la situación. Pero para la cinta, el verdadero interés es uno: demostrar que esa cosa llamada amor, sigue siendo el gran misterio del ser humano, incluso a principios del sofisticado siglo XXI.

Tres vértices, un caosadorable

El peso del conjunto recae completamente en el trío protagonista, y aunque el guion no les regala profundidad, las actuaciones compensan.

Zoey Deutch, especializada en personajes un poco excéntricos pero entrañables, consigue hacer de Olivia alguien más complejo que la versión escrita: con una sola mirada puede expresar duda, anhelo o miedo, y su trabajo sostiene buena parte de la ambigüedad emocional del relato. Es una interpretación contenida, más madura de lo habitual en su filmografía.

Jonah Hauer-King ofrece una actuación correcta como Connor, aunque su personaje es el que más sufre la falta de información. El filme apenas muestra qué lo hace especial, más allá de un par de gestos tiernos y un encanto general que el espectador debe asumir por decreto. Funciona, sí, pero no deslumbra.

Ruby Cruz, en cambio, se queda con cada escena en la que aparece. Su Jenny es inteligente, filosa, divertida, y cada interacción con Olivia o Connor eleva la energía de la película. Es difícil no preguntarse por qué Connor no se siente más atraído por ella: Cruz dota al personaje de una mezcla irresistible de vulnerabilidad y humor.

A pesar de sus fallas, “Beso de tres”, tiene un encanto peculiar: imperfecta, a ratos frustrante, pero sincera en su exploración de ese territorio incómodo donde el deseo, el cariño y la confusión se mezclan sin pedir permiso. Hartigan guía la película con una ligereza que nunca oculta del todo la tristeza de fondo, mientras su reparto convierte un guion irregular en una experiencia más cálida y divertida de lo esperado. Al final, lo que queda no es el trío, sino la forma en que cada uno lidia con lo que ese momento les reveló de sí mismos.

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