Entrevista UB

Elsa y El Mar: "Sí me expongo mucho con mis letras"

Empática, entrañable, un encanto: Elsa y El Mar viene por primera vez a Venezuela en el marco del Cusica Fest y hablamos con ella sobre su visita, su carrera y -claro- sus canciones

elsa
Publicidad

Vamos a despachar el asunto ya mismo: Elsa y El Mar es Elsa Margarita Carvajal. «El Mar» es lo que ella quiera: los músicos que la acompañan, el público, quienes estaremos pendientes de su presentación en el Cusica Fest… Es decir, lo que la rodea. O quizás sea porque de pequeña le decían «Elsamar». Y ya. Todo puede ser tan simple como ese apodo o complejo como la referencia a su entorno: así es ella, así son sus canciones. Si te fijas, las que parecen tristes tienen luz. Y en las felices hay capas de melancolía.

Si la escuchas mucho crees que la conoces. O que habla de ti. Pero aunque casi siempre habla de ella, en realidad no sabes nada. Sólo sabemos lo esencial: que nació en Bucaramanga, que estudió música desde niña y hasta llegar a Berklee, que ha pateado calles y tarimas, que lanzó «Sentirnos bien», su primer EP, en 2013 y que en 2019, con «Eres diamante» obtuvo su primera nominación al Grammy Latino, cosa que repitió y multiplicó en 2022 con «Ya no somos los mismos», disco que la lleva de regreso a visitar su tierra en diciembre desde donde dará el esperado salto a Caracas para subir al escenario el 16 de diciembre.

-Hace algunos años definiste a tu música como “pop espiritual” y desde entonces esa etiqueta aparece en todas las reseñas sobre tus canciones y en las entrevistas que te hacen… Te persigue… ¿Todavía te sientes identificada con la idea de que tu música sea “pop espiritual”? ¿Cómo entiendes ese concepto hoy?

-Esa idea, en verdad, fue un chiste en el 2014. Luego, del 2016 al 2022 estuve totalmente peleada con esa definición, sentía que tenía que explicar que no, que era un chiste, que no es religioso, que solamente es porque es más profundo que el pop tradicional pero que yo sí creo que es pop y blablablá blablá… Y a raíz de muchas experiencias y de algo que voy a confesar, que es ver a otros artistas que dijeron que también hacían pop espiritual me vi diciendo “¡pero si yo era la que decía ese chiste!”…

-Creaste un género…

-De una manera pequeña, pero sí… Había personas que ya lo decían y me daba vergüenza porque yo me había inventado ese chiste… Eso hizo que dijera “pues sí lo voy a adoptar y el que se confunda, que se confunda”, porque al final sí creo que tiene los dos componentes más grandes de lo que hago que es el pop, es decir la accesibilidad, la fácil escucha, el fácil consumo; pero el espíritu también, o sea no es un pop que hable de cosas que no nutran.

-Es un pop muy empático y luminoso…

-¡Gracias! Y entonces yo no podría responder que hago pop, porque el pop se siente plástico, se siente empaquetado, ¿no? Y en absoluto, lo que yo hago es todo lo contrario, pero tiene componentes pop.

-Hablando de géneros… Si bien ha habido en algunas de tus canciones un leve coqueteo con eso, ¿cómo has hecho para estar en la industria musical y resistir el embrujo o la tentación de meterle reguetón a tu música?

-Sí hay coqueteo desde el inicio, cuando ni siquiera el reguetón era tan grande, por puro gusto y pura influencia. Yo crecí en Bucaramanga, Colombia, y así como Venezuela nosotros somos hijos de La Factoría, Los Cuentos de la Cripta, El General… Para mí eso era… ¡Yo fui a perseguir a La Factoría a un hotel a los 8 años! Entonces, cuando abordo el reguetón viene genuinamente de que está en mi lenguaje, así como los otros mundos que exploro. Está en mi lenguaje, pero no lo puedo abordar desde lo vacío.

Me cuesta muchas frustraciones no entregarme al reguetón… a veces me cuestiono por qué no estoy en estas listas, por qué no me escucha más gente, por qué no me ponen en equis lugar… Me cuesta esa frustración, pero soy incapaz de tomar una decisión que afecte mi proceso artístico o que cambie lo que yo quiero hacer sólo por estar ahí. Entonces, lidio con las frustraciones…

-Hay una uniformidad tal en el sonido de la música que te lleva a preguntarte “¿tengo que hacer esto para sobrevivir?”

-Sí, en el sonido, en el consumo y en las mismas oportunidades. Es tristísimo que a veces veo ‘oye esta canción debería estar en las listas, que la conozca más gente’, pero por no ser reguetón, no entra a lugares. Y punto. Es frustrante, pero ya no me quejo, ya vi que es la realidad y no hay modo.

-A propósito del público, da la impresión de que conquistaste más rápido a los mexicanos que a los colombianos…

-No te equivocas en absoluto… En Colombia todavía creo que puede llegar a ser un poquito de machismo interiorizado y también de un tropicalismo natural, en el que por un lado la música es igual a fiesta; y por el otro, las mujeres hablando de temas incómodos, de temas sentimentales, causan un poco de rechazo. Hay mucho hombre baladista, pero si lo piensas, la única baladista -aunque ya no lo es- fue Shakira. De resto, van siempre hacia lo urbano, lo tropical, hacia el baile, el cuerpo… Entonces, cuando empecé en Colombia, me causaba mucha impresión, por ejemplo, que había un señor que por tuiter todos los días se levantaba a decir que qué aburridas eran mis letras y que qué melosería y qué aburrimiento…

Luego, por recomendación de un amigo, me vine a México y aquí me paré y toqué en el Metro o en un lugar en el centro y fue la primera vez que se detuvo gente y se acercó así como “¿quién eres?”. Y yo dije, uy aquí hay algo…

-Esa anécdota de que tocaste en la calle está contada por ahí, pero muy por encima… ¿Por qué hiciste eso? ¿Fue algo para probar la respuesta de la gente o una manera de ganarte la vida en ese momento?

-Era la única manera que yo tenía de tocar. Si no era así, no tocaba. Literal. Me acuerdo: ahorré, ahorré, ahorré y nos vinimos a quedar cuatro personas de mi banda en un cuartico chiquitico durante dos semanas y fue salir a lo que hubiera por tocar en México. Lo que hubiera. O sea, todo: en la entrada, en el Metro, en el museo, en el mercado tianguis de música, así… No hay más opción cuando empiezas así como yo empecé: es eso o nada.

-Conquistar al público de México es un gran logro. Y más viniendo de otro país y en esas condiciones que describes… ¿Qué crees que conectó con la gente allí? ¿Tendrá que ver ese vínculo que tiene tu música con el bolero, con lo romántico, con el despecho?

-Fue eso… En cada cultura la música –hablo de generalidades, claro- tiene una función para la gente: en Colombia es gozo, fiesta, no me importa qué dice pero lo bailo; en México, a raíz de la ranchera, de la balada, de Juan Gabriel, de las telenovelas, la música te da palabras y te da llanto. Somos -ya digo somos porque yo soy así- una cultura en la que las emociones importan. Y entonces la música te ayuda a explorarlas. Por eso creo que esa fue –y es- la conexión tan fuerte.

-Una vez te autodefiniste como “un engendro del romance”. Viniendo de esa Colombia rumbera, ¿de dónde te sale ese alimento de bolero, de lo romántico? ¿De casa?

-No tengo ni idea. Mi mamá era muy de escuchar música romántica, pero jamás así romantiquísima… O sea, lo más romántico que ella escuchaba sería Alejandro Sanz. Creo que me viene por ahí de algo inexplicable, porque puedo asegurarte que tengo recuerdos míos a los cinco años obsesionada por un bolero, ¿sabes? Se lo oí cantar a una profesora y fue “qué está cantando esta señora”. Era el bolero Historia de un amor y me obsesioné con esa canción. O, por ejemplo, mi abuela me regaló el disco de Pokemon y mientras todos escuchaban el Pokerap yo escuchaba la canción de cuando Pikachu dejó a Ash y lloraba… Entonces, creo que viene de pronto de una nostalgia muy… profunda…

-“Yo nací así”

-Yo nací así…

-Ya que estamos, tu último disco es como un gran despecho, pero no se queda punzando en el dolor. ¿Fue algo que te propusiste lograr o iba saliendo así a lo largo de ese extenso proceso de trabajo que te llevó hacerlo?

-Uy, sí. Empecé a componerlo en el 2018 y grabándolo entre 2020 y 2021. Me parece chistoso que las personas me asocian a veces sólo con el dolor porque, claro, escogen una canción, ¿sabes? No sé… Escogen Ojos noche, es de dolor. Pero nunca mis canciones son sueltas, mis canciones siempre hacen parte de un disco o de un periodo y cuando vemos ese disco, cuando yo lo veo en retrospectiva, no termina en el hoyo porque yo casi nunca me permito terminar ahí. A medida que va pasando la vida voy entendiendo cada vez más sus altibajos. Y a veces haces canciones en los bajos, a veces haces canciones en los medios y a veces las haces en los altos… y así.

-Pero siempre salen más canciones en los bajos, ¿no?

-Ah, eso sí es inevitable. Y –como así vivo la vida- trato justo de que salgan canciones en los bajos, pero salen mucho de la nostalgia. Más de que “estoy en el hoyo y me voy a morir”, salen de cuando te miras ya cuando estuviste en el bajo, cundo te miras desde lejos y dices ‘uy, esto fue doloroso’. Desde ahí hago las canciones, casi siempre…

-Y ciertamente no te dejan ahí, es lo que se percibe al escucharlas: hay como una luz que fluye en los temas y no llega al dolor, sino que lo que hace es conectar, empatizar con vivencias por las que cualquiera ha podido pasar…

-Pues sí, si yo las tengo las tenemos todos… Pienso yo.

-¿Y no sientes que te expones mucho con tus letras?

-Es que sí me expongo mucho con mis letras, pero luego, de mi vida personal nadie tiene ni puta idea de nada. Mi privacidad en mi vida personal es intocable. A diferencia del hecho de que hoy en día es recomendado para generar que la gente te siga más y causar más interés, mostrar tu vida privada… Yo no tengo problema en mostrar mi mundo interior porque eso es lo que quiero hacer en mí música. Y a veces lo hago de unas maneras que la gente ni se imagina. Yo en las canciones les pongo voicenotes de involucrados y con los voicenotes hago un teclado y encima de ese teclado canto… Para mí tiene que ser ridículamente personal, al menos en las letras que sólo me incluyan a mí. Y lo otro, pues ya a niveles que nadie lo nota pero yo sé cuán personales son. Pero cuando ya vamos al nivel de exponerlo por el chisme o el morbo, ahí no paso yo.

elsa

-Volvamos a tu llegada a México… ¿Cómo terminas conectando con una disquera?

-Bueno, con la disquera ya no estoy ahora. Volví a ser independiente… Pero fue muy natural. Al haber crecido en una ciudad y en un ambiente en el que no tenía idea de cómo funciona la industria de la música -mis papás no tenían idea, mis amigos tampoco- a mí nadie me dijo «busca a un manager y el manager te busca a una disquera…». Nada. Lo único que siempre he sabido es que tengo que hacer canciones, tengo que salir a cantarlas y tengo que conectar con la gente. El resto de lo que vaya pasando es lo que voy a aprendiendo, lo que voy viendo… Lo que sea.

Ser independiente es difícil, ser independiente es carísimo. Yo llegué a México en el 2018, pero desde 2015 ya venía y venía y venía. En algún momento entendí que necesitaba a una disquera para hacer más música y yo iba a las disqueras, a todas, les mostraba mi música y ellos no querían firmarme. Me hacían así la de “qué lindo, te mando un email”. Y nunca pasaba. Yo lloraba, me secaba las lágrimas y vámonos. En ningún momento el hecho de que no quisieran, me frenó. Porque sí tuve mucho apoyo de músicos, y pues, al final no faltaba la música. Y me fueron llegando facilidades: un comercial, listo, con eso pagaba no sé qué; otro, con ese pagaba tal cosa. Nunca me ha faltado un peso para hacer lo que necesite.

Estuve cinco años en México y no tenían interés por mí las disqueras, pero en 2019 –y una vez más gracias a un dinero que obtuve de una marca- pude lanzar “Eres diamante”. Gracias a que pudimos hacerlo así, fue como que entonces las disqueras sí vieron el potencial. Y todas las disqueras mexicanas querían firmarme… Decidí firmar en 2020 con Sony Music México y con ellos duré hasta este año…

-Y ahora vas independiente…

-Sí, con El Mar Presenta Récords… Con mi propio sello.

-Hay un espacio prolongado entre disco y disco, ¿te toma tiempo?

-Sí. Hay personas a las que los alimenta inventarse historias, a mí me alimenta el tiempo. Me alimenta ver la vida, ver lo que he vivido… Y eso requiere tiempo. Pues entonces cada dos años me sale un disco.

-No hay prisa para el próximo… ¿O ya viene?

-Fíjate que me dediqué a hacerlo. Sí, estoy en ello.

-¿Qué vamos a ver en tu show en el Cúsica Fest, siendo la primera vez que te presentas aquí?

-Primero que nada, tengo la cabeza estallada de ir a Venezuela. Yo soy de una ciudad muy cercana a la frontera y Venezuela siempre fue un territorio súper presente para mí, pero claro, los últimos años ha estado como cerrado a la música y entonces nunca pensé en Venezuela como un lugar al que podía ir a tocar. Hasta ahorita. Y me tiene emocionadísima.

¿Qué pueden esperar? Pues mi show de festival. Hay una diferencia: mi show en vivo son dos horas y vámonos por las felices, por las tristes, volvemos a las felices y así. En mi show de festival es como eso, per condensado. Pueden esperar un repaso de una hora de lo que es un show largo.

-¿Con canciones de todos los discos?

-De todos los discos, sí.

-¿Y los temas hechos en colaboración?

-En mí show toco algunas, pero las que son demasiado mías y de otro artistas no las toco porque ya es muy raro uno echarse todo, pero estoy muy emocionada porque van Los Mesoneros y con ellos tengo una colaboración que es de mis favoritas y a ellos los quiero mucho. Eso también es muy emocionante.

-O sea que vas a tener invitados en tu show…

-No sabemoooos… Sorpresaaaa…

Publicidad
Publicidad