Para el ciudadano común trasladarse a sus lugares de trabajo o de estudio representa un sufrimiento diario, ya que los autobuses son escasos –desincorporados por la falta de repuestos-, los usuarios carecen de efectivo para pagar los pasajes y los vehículos que ofrecen un precio subsidiado por el gobierno, están abarrotados a toda hora.
En algunos estados del país, los gobernantes han dispuesto de las llamadas “perreras”, camiones con barandas que sirven de transporte especialmente en las horas picos, cuando la larga espera desespera y no hay otra opción que unirse, a riesgo, al cambote de gente que las aborda. Ni hablar de las penurias por las que pasan quienes viven en las afueras de las ciudades.

En Maracaibo, la falta de autobuses ha hecho que hasta un trencito de los usados para la recreación infantil se haya dispuesto para trasladar a usuarios del transporte público. Lo que para muchos representa una gracia podría convertirse en una tragedia, considerando el riesgo de accidentes de un vehículo con poca protección y que transita atiborrado.

Con información de Reporte 1]]>