<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

Ya no es por Maduro: hambre y servicios acaparan protestas en Venezuela

La extrema situación de pobreza que vive el país, provoca protestas en los sectores populares y laborales que demandan servicios básicos. La respuesta gubernamental ha sido que en estos primero 6 meses de 2020, fueron reprimidas 221 protestas por cuerpos de seguridad del Estado y colectivos paramilitares, 129 personas fueron detenidas, otras 62 heridas y dos asesinadas, según el Observatorio Venezolano de la Conflictividad Social (OVCS)

Ya no es por Maduro: hambre y servicios acaparan protestas en Venezuela

Analistas, estadísticos, economistas, organizaciones académicas y sociólogos han tratado de examinar y explicar el drama de Venezuela que siendo uno de los países más prósperos del mundo, ahora compite en los últimos lugares por la miseria, destrucción de su economía y ausencia de libertades, como lo registró la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2019-2020 realizada por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

El pasado 22 de julio, el obispo de la Diócesis de San Carlos, la capital del llanero estado Cojedes, monseñor Polito Rodríguez Méndez, ofreció unas desgarradoras declaraciones en las que describió que “las plagas de Egipto no son nada comparado con lo que está viviendo Venezuela”. Además, lanzó un grito de ruego por ayuda internacional para enfrentar la crisis que vive el país y que afecta principalmente a los pobres.

“Llevamos cuatro meses con los templos cerrados, los sacerdotes no tienen qué comer. El obispo va haciendo milagros”, añadió y contó cómo “el otro día, me encontré a un seminarista llorando. Sus padres habían sido despedidos, no tienen para vivir y no le pueden mandar a su hijo nada. Vivimos de la providencia de Dios”, lamentó.

Junto a esta declaración que pasó desapercibida frente a tanta mala noticia que llueve diariamente en las redes sociales, alguien colgó aquel viral video en el que Hugo Chávez con su carga emocional y agitando el brazo izquierdo exclamaba: “No importa que andemos desnudos, no importa que no tengamos ni para comer; aquí se trata de salvar a la revolución”.

En aquellos años, de la primera etapa del período revolucionario, las bases económicas del país desarrolladas por la democracia construida a partir de 1958, todavía se mantenían en pie, a pesar de que comenzaba a resentirse. La fortaleza de su industria petrolera, Sidor, el aluminio de Los Pijiguaos, obras como el Complejo Hidroeléctrico del Caroní, la industria agrícola y ganadera, el turismo y el comercio, todavía generaban suficientes recursos para mantener el espejismo del “paraíso” que ofrecía Hugo Chávez. Por tal razón, quienes aplaudían al caudillo a rabiar, nunca imaginaron que unos años después sus palabras se harían realidad.

A partir de 2012 comenzaron a sentirse con más fuerza los estragos de las políticas de controles, las estatizaciones, el control de las instituciones, la militarización; pero especialmente la extendida corrupción que extrajo miles de millones de dólares en negocios fraudulentos, tal como lo han reflejados los informes de ONGs, organismos internacionales, y procesos que se llevan en instancias judiciales en varios países a donde fueron a parar las fortunas de ex funcionarios y socios.

Como lo describe el monseñor Rodríguez Méndez, quien compara la situación venezolana a las siete plagas de Egipto, Venezuela, no solo está afectada por la pandemia del COVID-19, sino por una gama de factores que han llevado al país a la situación actual. De allí su llamado de alerta: “No queremos intervenciones y manos armadas; pero hay que pedir ayuda internacional humanitaria y sanitaria porque si no, no nos queda otra alternativa: o nos mata el COVID-19 o nos mata el hambre”, concluyó el obispo de San Carlos.

Pedían cambios

A partir de la muerte de Hugo Chávez y las denuncias de fraude electoral que le dieron la presidencia al sucesor, entre 2014 y 2017, se produjeron fuertes protestas con muertes violentas, torturas y prisión, reflejadas en informes como los de la ONU y testimoniadas en gran variedad de videos e informaciones que se difundieron durante esos años.

Para esos años, si bien los efectos económicos comenzaban a alcanzar el nivel de crisis humanitaria; el gobierno todavía manejaba recursos para compensar parcialmente las demandas de los sectores populares.

En aquel momento el número de protestas comenzaron a dar un salto significativo, en comparación a 2013. La mayoría estaba orientada a exigir libertades, la salida de Maduro y en contra del fraude electoral. Mientras que las demandas económicas estaban ubicadas en sectores muy específicos, como docentes, trabajadores de la salud, o barriadas exigiendo el CLAP. Si bien las movilizaciones por demandas políticas se hicieron masivas; en ellas estaba ausente gran parte de los sectores populares, aunque a los efectos del apoyo al gobierno, cerca de 50% de la población ya para ese año había abandonado al chavismo.

En 2013, a partir de la muerte de Hugo Chávez ocurrida en marzo, se registraron 4.410 protestas, de acuerdo a los datos del Observatorio Venezolano de la Conflictividad Social. Para 2104, la conflictividad se duplicó con 9.286 protestas.

Hambre por democracia

A partir de 2017 la tendencia de las protestas va cambiando de las demandas políticas por libertades y democracia y cambio político hacia demandas económicas y por necesidades básicas como comida y servicios públicos.

Uno de los factores que incidieron en ese cambio fue la agudización de la crisis económica del país y los efectos devastadores en la destrucción de las industrias básicas y la infraestructura de servicios; en especial los sistemas eléctrico y del agua, a lo cual se le agregan los efectos económicos como la hiperinflación y la devaluación continua de la moneda con pérdida del salario.

Un factor importante en la reducción de la movilización por razones políticas fue la fuerte represión aplicada a la oposición entre 2014 y 2017, especialmente sobre la juventud movilizada, con cientos de encarcelados, heridos y muertes. A ello se sumaron las expectativas que se crearon a partir del triunfo electoral de la oposición en las Parlamentarias de 2015 que ofrecía que Maduro saldría en 6 meses. Ambos factores profundizaron la diáspora migratoria que se produjo esos años desmantelando la más importante base social movilizada que estaba en los jóvenes.

Luego de la disminución de las protestas en 2015 con 5.851 registros (según el Observatorio de la Conflictividad (OVCS)) y en 2016, con 6.917; en 2017 las manifestaciones vuelven a tener un repunte con 9.787 protestas. Como señalamos, con énfasis en solicitar un cambio político en el país.

Lo básico como foco

En 2018 aumentan abruptamente el número de protestas en Venezuela: 12.715, pero con menos intensidad, atomizadas y no exigiendo un cambio político sino por necesidades económicas.

La crisis económica agudizada, la fuerte represión política y la diáspora, más una oposición desarticulada, hicieron cambiar el foco de la protesta y también cambiaron los actores. Ahora los protagonistas no eran la clase media y la juventud sino los sectores populares y laborales oficialistas. Dos grupos antes parcialmente ausentes en las demandas de cambio político.

Según el Observatorio de la Conflictividad fueron documentadas 35 protestas diarias entre enero y diciembre de 2018. Pero lo más llamativo es que fueron por demandas de servicios básicos, exigencias laborales, vecinos y trabajadores, desglosadas así: 1) Derechos laborales 5.735; 2) Servicios básicos 3.953; 3) Alimentación 1.257; Salud 751; Participación política 731. Como observamos, los reclamos políticos quedaron en último lugar detrás de aquellos referidos a las necesidades básicas.

Aumentan reclamos

En 2019 aumenta en 30% en las protestas, con registro de 16.739, se mantiene el mismo patrón de 2018, en cuanto a que la prioridad fueron las necesidades económicas. Pero se observa un aumento significativo de las peticiones políticas y la necesidad de un cambio en el país para poder acceder a mejores condiciones de vida, casi emparejándose ambas variables.

Marco Ponce, coordinador nacional del Observatorio Venezolano de la Conflictividad Social, indicó que la espiral del año pasado (2019) evidencia la profundización de la “emergencia humanitaria compleja” que atraviesa Venezuela; producto de las erradas decisiones implementadas por el Gobierno de Maduro.

La mayoría de las protestas (58%) se caracterizaron por la exigencia de derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Mientras que las demandas por derechos civiles y políticos pasaron de 11% en 2018 a 42% durante 2019.

Este último dato refleja un repunte de las demandas políticas, que se redujeron en 2018. “El principal problema de los venezolanos es la ausencia de democracia. La recuperación de la calidad de vida en Venezuela pasa por el cambio de rumbo político. Mientras esta situación no ocurra se profundizará la crisis económica y social en la que está sumergida el país. Una parte de los ciudadanos, ante la necesidad de sobrevivir, se verá obligada a adaptarse a condiciones de vida infrahumanas o huir, a la búsqueda de mejores condiciones económicas para paliar la situación”, destaca el coordinador del OVCS.

Durante 2019 el OVCS registró que 6.310 veces los manifestantes salieron a la calle a exigir derechos políticos; reclamos por servicios básicos 5.375; y 4.756 protestas de sectores laborales para exigir mejoras salariales. Las cifras reflejan que las demandas económicas se mantienen como prioridad para los sectores populares y laborales del país.

En el primer semestre de 2020 fueron documentadas 4.414 protestas. A pesar de la pandemia y la obligatoriedad de cumplir cuarentena, se han producido la misma proporción de protestas que el año anterior.

El informe del OVCS señala que este año igualmente lideran los reclamos por necesidades económicas y servicios básicos con 2.505 protestas en seis meses. Las fallas eléctricas ocuparon el primer lugar, seguidos por agua y gas, a los que se agrega la escasez de gasolina.

Los reclamos laborales se ubicaron en el segundo lugar del índice de conflictividad, al representar 21% del total de las protestas registradas hasta junio. En seis meses, con 943 protestas.

En menor medida respecto al año pasado, que estuvo marcado por una agenda política de calle junto a demandas por servicios y alimentación, en este 2020 las manifestaciones por derechos políticos se han visto reducidas durante el primer semestre y ocuparon el tercer lugar en las protestas con 648 acciones ciudadanas, de forma individual o combinada con otros derechos.

Condiciones extremas

La supervivencia en condiciones extremas se ha convertido en un modo de vida en el país de las mayores reservas de crudo del mundo, dominado por un sistema político que ha llevado a sus ciudadanos a la pobreza y desigualdad social, señala el informe preliminar 2020 del OVCS.

La situación de pobreza extrema registrada en las investigaciones de la Encovi 2019-2020 han obligado a los sectores populares y laborales oficialistas a movilizarse y exigir sus derechos cada vez con más intensidad. Esa realidad es la que más ha preocupado al Gobierno de Maduro y la respuesta ha sido impedir que esas manifestaciones trasciendan de los ámbitos locales y se conviertan en protestas nacionales que demanden cambios políticos.

Durante el primer semestre de 2020, según los registros del OVCS fueron reprimidas 221 protestas por cuerpos de seguridad del Estado y colectivos paramilitares, 129 personas fueron detenidas, otras 62 heridas y dos asesinadas.

Un elemento que caracteriza estas protestas desde 2018 hasta la fecha es que siguen siendo atomizadas por sectores laborales y vecinales, sin conexión con la exigencia de un cambio político en el país.