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Antonio Pasquali, defensor de la libertad de recepción

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15/04/2019
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FOTOGRAFÍAS: DANIEL HERNÁNDEZ

A sus casi 90 años, el comunicólogo insiste en los cambios necesarios en los conceptos de libertad asociados a la comunicación, así como en la formación periodística. Culpa al chavismo de la devastación en materia comunicacional y por el atraso tecnológico que atraviesa el país, donde el más vulnerable es quien espera estar informado

Antonio Pasquali pisó por primera vez el puerto de La Guaira cuando los venezolanos todavía celebraban la fiesta electoral de 1947, que llevó a Rómulo Gallegos a la primera magistratura. Tenía 18 años y aquello fue decisión de su padre, por eso se considera parte de la generación 0, porque él no fue quien decidió emigrar. Su padre ya tenía tiempo en la nación y trabajaba como director de la Comunidad Agraria Miranda Nº 1 en Paparo, Barlovento. Tampoco tardó en traerse a la familia y, en menos de un año, dejaron el norteño poblado italiano de Rovato para reencontrarse en el trópico caribeño.

Pasquali-cita4La efervescencia de la revolución del voto aún se percibía en el ambiente y, aunque existían rumores de un posible golpe militar, Venezuela inauguraba su primer período democrático y de plenas libertades fundamentales, perseguidas desde la centuria anterior. Comenta que era “un país inicial que estaba disfrutando de la libertad de expresión sobre todo y del voto universal”.

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En ese entonces, ya Antonio Pasquali tenía conciencia de lo que significaban esos sucesos pues venía de Italia, uno de los grandes derrotados en la Segunda Guerra Mundial, contienda desatada por el auge de los totalitarismos. A pesar de las distancias, los gendarmes parecían perseguirlos. El 24 de noviembre de 1948, recibió el golpe de Estado contra Gallegos como cualquier otro ciudadano, “con sorpresa y miedo”, pero la llegada de los militares, más allá de los vejámenes cometidos, no impidieron que siguiera formándose académicamente porque su familia, como la mayoría de las parentelas emigrantes, evitaron vincularse a la política. Ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Venezuela donde se formó con los saberes de Juan David García Bacca, Manuel Granell y otros. En esa casa de estudios hizo sus principales aportes, sobre todo en la otrora Escuela de Periodismo, donde creó la Cátedra de Teoría de la Comunicación.

Setenta años después de su llegada, Pasquali siente que Venezuela viaja al pasado: el país que lo acogió después de la guerra hoy se encuentra sumido ante un poder que él mismo no titubea en calificar como una dictadura totalitaria. “No hay interpretación posible sobre lo que está pasando, y lo vengo denunciado desde hace años. Me peleé con Teodoro (Petkoff) por eso; esto es una dictadura, un totalitarismo”. Y aunque vivió de lleno el régimen perezjimenista, considera que no hay comparación entre ese período con el actual, porque aquella “era una vida mucho más bella que ahora, había una incipiente clase media, de valores muy sólidos. Me gané una beca de 300 bolívares al mes y me fui a doctorar a París; regresé en julio del 57, siete meses antes de la caída de Pérez Jiménez, imagínate”.

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-Usted estudió filosofía, pero se dedicó fue al estudio de la comunicación no sólo en los medios de difusión sino del acto de comunicar, ¿cómo se acopla todo eso?

-Estaba estudiando en París y me enamoré a fondo del tema de la comunicación; vengo de la filosofía moral, que es básicamente un pensar organizado sobre cómo debo convivir con el otro. Platón pone de virtud suprema a la justicia, que es una virtud social, no individual como sería luego el caso en Aristóteles. Es una virtud que se debe practicar con el semejante, para ser un ente moral virtuoso. Me pareció descubrir que la forma moderna y más importante de convivir con el otro residía hoy en el comunicar. Así di el salto del pensamiento moral al pensamiento comunicacional; y desde entonces vengo pensando la comunicación desde el ángulo de la moral, de la presencia del otro; y todavía hoy, que tengo 90 años y ando sin voz, denuncio la insuficiencia y la imperfección de un concepto hoy muy ventilado, el de libertad de expresión.

-¿A qué se refiere con que es un concepto o un criterio imperfecto?

-Defiendo la libertad de expresión, obviamente, pero la considero un concepto imperfecto, porque si te limitas a reducir el tema del libre comunicar al aspecto de la libertad de expresión, terminas haciendo un discurso gremial o patronal porque sólo defiendes la libertad del que puede emitir, olvidando la situación del que en cambio recibe el mensaje. Paso mi tiempo pregonando que hay que defender la libertad de expresión con la misma fuerza con la que debemos defender la libertad de recepción, que es tan importante como la primera. En este momento, el país sufre más de falta de libertad de recepción que de expresión. El régimen silenció unas de 38 emisoras de radio y todas las de televisión, vive cortando Internet, han suprimido casi cuarenta periódicos con el cuento de la falta de papel. El que más sufre en este país es el receptor, porque el emisor puede desplazarse a Miami y de allí seguir emitiendo, pero el receptor se queda aquí y cada día lo dejan con menos fuentes de comunicación e información a su alcance.

Pasquali-cita3-Por la censura, la gente recurre a las redes sociales para informarse, pero esto le causa múltiples emociones. ¿El receptor también se ve afectado por ese exceso de expresión?

-Sí, la electrónica trajo una libertad que el grueso de la humanidad había prácticamente perdido: nos ha devuelto el poder de emitir. Habíamos inventado un mundo donde había que ser rico y poderoso para ser emisor, poder fundar un periódico o abrir una estación de radio o televisión; pero la electrónica vino a democratizar el poder de emisión otra vez. Cualquiera puede hoy lanzar un periódico o un blog por Internet y, si lo hace bien, será más leído que los medios tradicionales. Se nos ha devuelto esa libertad, pero ahora vivimos esa libertad con excesos y abusos, como en el caso de las fake news. Estimo que con el tiempo vendrá la época de la sensatez, tendremos un sheriff de la comunicación electrónica, una instancia internacional, sólidamente moral y pluralista, igual para todos los países de la Tierra, para que no subsistan grupos o naciones más libres que otros.

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-¿Un diagnóstico de los medios de comunicación en la Venezuela actual?

-El chavismo acabó con todo, destruyó la flota mercante nacional y la flota petrolera, liquidó la aviación civil, no conservó lo que la democracia había construido, mató la radiotelevisión privada, asesinó Ipostel, acabó con el plan ferrocarrilero, minimizó la prensa escrita, hizo trizas de la Cantv y mantiene en el país el peor y más lento servicio continental de Internet. Todavía, hace tres meses, obligaban a las compañías aéreas a traer pasajeros de El Vigía por 17.000 bolívares. ¿Qué compañía aérea puede sobrevivir con eso? Lanzó un cable submarino innecesario a Cuba y adquirió dos satélites que son duales, cumplen funciones civiles y militares. La mitad militar la están manejando los cubanos.

-Usted viene de la Italia fascista, uno de los totalitarismos que de cierta forma, junto al nazismo y al comunismo, inspiraron 1984. ¿Venezuela se parece a esa realidad?

-Obviamente, pero no hay dos dictaduras iguales en el mundo. Las dictaduras de hoy son ladinas, taimadas, astutas y hacen mucho uso de las tecnologías de punta. Hay observadores esclarecidos que insisten en llamar a la nuestra “fascismo”, el cual nada tiene que ver con este modelo de dictadura. El fascismo europeo se alió con el gran capital, el cual se agigantó tanto en Alemania como en Italia. Por el contrario, Chávez y luego Maduro se dedicaron a destruir la industria pesada del Estado y la empresa privada local. Con lo único con lo que no pudieron fue con Empresas Polar, por suerte, demasiado grande para sus capacidades, por miedo a atragantarse y matar la gallina de los huevos de oro.

Pasquali-cita2-Es el padre de los estudios de la comunicación en Venezuela, pero hace unos años dijo que había que refundar las escuelas no solo aquí, sino en Latinoamérica, ¿por qué?

-La Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social (Felafacs) ha perdido la cuenta de las escuelas que tenemos en América Latina, se acercan a 6000, casi todas conceptualmente muy viejas, donde no se enseña nada de historia nacional, regional y mundial de las comunicaciones, nada de tecnología, nada de economía de la comunicación. La humanidad gasta hoy en comunicaciones el 13% de la riqueza que produce anualmente, pero nuestras escuelas y academias lo ignoran beatamente. Lo que vengo proponiendo es que se abandone la preparación de comunicadores todólogos y se imparta la enseñanza de esa especialidad a nivel de posgrado. Si eres arquitecto, ingeniero, médico, pero quieres comunicar lo que sabes, el posgrado te recibe y te enseña cómo comunicar lo que tú sabes hacer y quieres comunicar, difundir y divulgar.

-¿Qué podría decirnos sobre el papel del periodismo en la Venezuela del siglo XXI?

-Opino que ha sido víctima del empobrecimiento general de los medios de comunicación social, principalmente porque ya no hay más periodismo de investigación. Cuando quisimos saber del maletín viajero, tuvimos que ir a leer a los periodistas argentinos; cuando queremos saber algo de las grandes manifestaciones de la oposición, tenemos que buscar en fuentes extranjeras para ver qué dicen de nosotros; y así sucesivamente. El acoso del régimen, los cierres, las censuras y autocensuras han hecho el resto. Los medios, y la prensa en particular, viven hoy un mal momento, un momento pésimo, diría que el peor de su historia.

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-Dicen que los venezolanos llevan la democracia hasta en el ADN, a diferencia de Cuba o Rusia, donde no ha habido aperturas democráticas reales, ¿está de acuerdo con eso?

-Sí, estoy de acuerdo con eso. No son muchos los países latinoamericanos con cuarenta años de democracia genuina en su pasado. Pero hay otro problema, Venezuela ha sido históricamente un país dual, bipolar, y hoy día estamos en una situación en la que tenemos dos tribunales supremos, dos fiscales generales, dos asambleas y dos presidentes, lo cual puede ser terriblemente dañino para el porvenir de la nación, porque al primer desliz todo esto puede comenzar a ser visto por el resto del mundo como un episodio de banana republic. Diría incluso que eso ha comenzado ya con el gobierno de protagonista: mientras sucedían cosas terribles en las fronteras con Colombia y Brasil, Maduro salió en televisión bailando cual un pequeño y tropical Nerón, el tirano que comía uvas contemplando satisfecho el incendio de Roma.

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