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Sambil La Candelaria, depósito de la revolución

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22/02/2018
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FOTOGRAFÍAS: DANIEL HERNÁNDEZ

Nada está dicho con respecto al futuro del Sambil La Candelaria, pese a que en 2018 se cumplen 10 años de la orden de Hugo Chávez de expropiar el edificio. Ya no es refugio, ahora funciona como depósito del Ministerio de Comercio. Ni sombra de la clínica, escuela o universidad prometidas

Una hilera de camiones espera su turno para descargar. Algunos llevan colchones, otros electrodomésticos. En las entradas un par de vigilantes uniformados con camisas azules y el logo de Venezuela Productiva coordinan la operación. No falta movimiento, pero su naturaleza es muy distinta a la concebida originalmente. Nadie entra a comprar, comer o ir al cine. Los 21.064 metros cuadrados del Sambil La Candelaria quedaron para depósito.

“Eso es un centro de acopio de la Misión Vivienda. Allí meten colchones, camas, aires acondicionados, cocinas, neveras…”, enumera Henry, un vecino con más de 30 años viviendo en esa parroquia. “Ven un diciembre para que veas –invita–, esas son gandolas y gandolas una detrás de otra, con containers de los grandes atrás, y la cola le da la vuelta a la cuadra por un lado y por el otro”.

La mole de concreto del que sería el segundo Sambil para Caracas ocupa toda la manzana. Es almacén desde que dejó de ser refugio, a finales de 2014. Pero el mismo Henry aventura que podría ser lo que sea: “Dentro puede haber cualquier cosa. Durante las guarimbas eso pudo ser un centro de inteligencia y espionaje. Solamente el gobierno sabe lo que hay. En la época de las protestas los colectivos se escondían pegados a las rejas de entrada de la planta baja”. Eso es por detrás, en la zona que da hacia Parque Caracas. Por el frente, el estacionamiento con vista a la avenida Vollmer se utiliza como taller mecánico del Ministerio de Economía, Finanzas y Banca Pública.

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El que alguna vez debió ser un centro comercial se encuentra en el limbo desde hace casi diez años. El 21 de diciembre de 2008 en medio de un Aló, Presidente el fallecido Hugo Chávez lanzó su sentencia: “Me tendrán que sacar de Miraflores para que haya un Sambil en La Candelaria”. Lo cumplió. Primero él y luego su delfín Nicolás Maduro. No hay Sambil, ni la clínica, escuela o universidad prometidas por el difunto. Tampoco el Centro de Convenciones La Candelaria que ofreció Jacqueline Faríacuando era jefa de Gobierno del Distrito Capital en 2010; ni el centro cultural y comercial que juró en 2015 Isabel Delgado, cuando era ministra para el Comercio. Ni tampoco se cumplió con su incorporación “al conjunto urbano del cual forma parte también la Torre Confinanzas”, como dijo Maduro cuando ordenó en 2014 sacar a las familias de damnificados que vivían en el sitio desde finales de 2010.

El gigante no está a más de 10 kilómetros de la casa de Gobierno: Miraflores. Tenía permisos de construcción, otorgados por la chavista Alcaldía de Libertador desde 2005, su construcción empezó a mediados de 2006 y debía comenzar a operar a escasos cinco o seis meses de la impronta de Chávez, que pese a estar tan cerca, al parecer, no se había dado cuenta de sus seis niveles, 273 locales comerciales y 1.200 puestos de estacionamiento.

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Confiscar primero, preguntar después

Es un cascarón vacío, no presta ningún servicio, no ayuda a la comunidad y nadie lo utiliza, más allá de la oficina gubernamental adscrita al Ministerio de Comercio –institución a cargo de este Sambil desde sus tiempos como refugio.

Enrique Larrañaga, arquitecto especialista en Diseño Urbano, lo compara con un supertrasatlántico abandonado en una de las zonas más activas de Caracas, “una masa atravesada en el medio, que causa un daño inmenso a la ciudad”. El arquitecto explica sus preocupaciones con respecto a la estructura: “La primera es que cuando iba a ser centro comercial se concibió en un sector de La Candelaria donde la calle es vital. Los edificios y comercios viven de la calle y aportan vida a la calle; pero su relación con ella es hermética, no hay contacto y eso produce una desincronización en la continuidad de la calle”. El Sambil vendría a ser entonces un agujero negro, agrega el experto, que funciona como un sumidero, no de agua, sino de actividad urbana. Una caja blindada con pequeñas puertas que se abren muy poco al exterior.

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Su segunda preocupación es la expropiación per se sin que hubiese mediado un para qué. “La expropiación es una figura que aparece en la ley. Sin embargo, en este caso se expropió sin argumentar cuál era la utilidad pública que se perseguía”, subraya Larrañaga.

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La adquisición forzosa del Sambil de La Candelaria apareció en la Gaceta Oficial 39.543, del 2 de noviembre de 2010, dos años después del discurso de Chávez en Aló, Presidente, aunque ya para entonces el gobierno hacía rato que había tomado posesión del inmueble. El texto especificaba que los espacios serían usados para el desarrollo de la Corporación de Comercio y Suministros Socialistas. Un mes más tarde comenzó a ser utilizado como refugio. Al albergue ingresaron 883 familias que vivían en condiciones de precariedad. Convivían con ratas y cucurachas, las aguas negras para 2013 se hallaban colapsadas; hombres y mujeres compartían baños y las condiciones de insalubridad eran tan fuertes que los damnificados llegaron a denunciar la muerte de una niña debido a una infección que contrajo en el albergue. Además eran amedrentados por los miembros del colectivo Catedral Combativa que se tomó para sí el sótano del edificio.

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“Perdieron los inversionistas, perdieron los compradores o perdimos todos, con el pago de algo que se expropió sin saber para qué. Se trató de una expropiación mal planificada, por el desuso o abuso del edificio. Ninguna autoridad rinde cuentas de para qué se expropió, cuánto nos costó y qué se hizo”, arguye Larrañaga.

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En enero de 2013, el entonces ministro de Ciencia y Tecnología, Jorge Arreaza, informó que Chávez aprobó un punto de cuenta para la adquisición del centro comercial –años después de su aparición en Gaceta. La responsabilidad de ejecutarlo recaía en la ministra de Comercio, Edmée Betancourt, y en el ministro de Estado para la Banca Pública, Rodolfo Marco Torres. Sin embargo, para aquel tiempo el mandatario ya se encontraba convaleciente y nunca se especificó el monto de tal inversión.

Para octubre de 2016, Ricardo Cohen, uno de los propietarios del grupo Sambil, declaró a El Venezolano TV en España “lo único que es concreto es que la expropiación legalmente no se ha dado. Ellos tienen posesión del edificio y lo han utilizado”. El empresario indicó que el inmueble ya se utilizaba como depósito de Mi casa bien equipada.

140 pequeños y medianos comerciantes se quedaron con las ganas de montar su negocio; y 4.000 empleos directos se quedaron en el aire. Uno de los comerciantes que compró un local en el Sambil la Candelaria asegura que todavía no han recuperado la inversión. “Se formó una especie de junta. Ciertas personas entablaron conversaciones con el gobierno, cada propietario expuso sus motivos, pero todavía no sabemos qué va a pasar”.

Soñar no cuesta nada

“Sería excelente que eso realmente fuera un centro comercial, generaría empleo, seguridad y reactivaría la zona”, opina Manuel, quien trabaja frente al Sambil. Henry también hace votos porque “sea devuelto a sus dueños. A la gente que para comprar un local tuvo que vender sus cositas. Así como está eso es un elefante blanco”. Otro vecino, Humberto, también cree que debe regresar a las manos de quienes invirtieron.

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Por fuera se ver las paredes grafiteadas, los muros de drywall carcomidos y con el cielo raso de la entrada caído.

No todo está perdido. “Yo creo que la calidad de construcción del edificio original permite suponer que la estructura no debería tener daños graves. Eso, dentro de todo, es lo que menos me preocupa. La planta física solo podría necesitar algunas adecuaciones que incluso podrían ser convenientes en aras de revertir el primer error: que se trata de un edificio mal concebido para el lugar donde está”, dice Larrañaga. Sugiere, además, una operación combinada: vender metros cuadrados a privados que financien los metros de construcción de uso público, con una biblioteca por ejemplo. No obstante, lo primero sería crear un plan maestro de recuperación del edificio.

Falta que el chavismo lo permita.

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