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Blindar un vehículo en Venezuela puede costar hasta $85.000

Foto: Archivo / AFP
28/08/2017
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FOTOGRAFÍA: ARCHIVO | AFP

Con una clientela cada vez más reducida, la industria del blindaje de vehículos sobrevive al amparo del indetenible incremento de la delincuencia y gracias al impulso de un negocio que aunque disminuido, sigue transándose básicamente en billetes verdes. Vigoroso durante años gracias a una industria automotriz próspera e índices delictivos en aumento, la solidez que tuvo este sector se ha visto fuertemente afectada, al punto de que no falta quien diga que habría desaparecido de no ser porque la inseguridad mantiene una línea ascendente tan pronunciada como la inflación.

Pese a que el flagelo de la delincuencia no muestra señales de dar tregua, desde la industria del blindaje se asegura que la actividad ha mermado entre 60% y 70% -algunos dicen que hasta más-; cifra que sin embargo sigue siendo bien apreciada por viejos actores y exponentes de nuevo cuño que buscan sacar provecho de un negocio que se mueve casi por completo en dólares.

“Sin duda nos hemos visto muy afectados. La verdad es que este año apenas hemos recibido cerca de una cuarta parte de los carros que recibimos el año pasado por esta fecha”, asegura la empleada de una empresa del ramo que prefiere el anonimato, quien subraya que si son muchas las razones de esta debacle, la situación política vivida en el segundo trimestre del año es una las principales cusas del deterioro del negocio.

Rosario de obstáculos

Una dramática caída de la producción nacional de vehículos, la inestabilidad política, la crisis económica en sí, la diáspora venezolana y la fluctuación cambiaria, son solo algunas de las causas que Diego Bavio, presidente de Santa Cruz Blindados, pone sobre el tapete para explicar el comportamiento del sector.

“Son muchos los factores que nos han afectado, pero sobre todo la volatilidad del dólar. Por suerte, con las subastas de Dicom varias empresas han podido respirar y se ha recuperado un poco la actividad, obviamente, no como en años anteriores”, dice el especialista con varias décadas en asesoramiento a sus clientes en materia de seguridad.

Asegura que su empresa –una de las más antiguas del negocio en el país- ha atendido este año cerca de la mitad de los clientes facturados en 2016, situación ventajosa si se compara con las cifras aportadas por la empleada de la competencia antes mencionada. Y ni punto de comparación con las épocas de bonanza, cuando cada mes podían recibir hasta 120 unidades, cifra que ya para el año pasado se había reducido a unas 12.

“Mucha gente ha migrado, en especial de los sectores con mejor poder adquisitivo, que son nuestros mejores clientes actuales y potenciales”, refiere Bavio en atención a la caída de la cartera.

No menos importante es el hecho de la salida de varias transnacionales del mercado. Para muestra un botón: la salida de Kimberly Clark, empresa expropiada el año pasado, dejó a Blincoven sin uno de sus principales clientes. “La empresa preparaba los autos de todo su tren ejecutivo. Son usuarios que perdimos”, señala un empleado de la blindadora asentada en Maracay, estado Aragua.

Importados mandan

Con una industria automotriz prácticamente en el suelo, cada vez son menos las unidades nacionales que entran a los talleres de blindaje. De hecho, hasta julio el sector había producido apenas 1.093 unidades, cifra 35% menor a los números del mismo período de 2016 y apenas representa 0,6% de lo ensamblado hace 10 años, cuando se estableció un récord de fabricación nacional. Esto, lógicamente afecta a un sector aguas abajo como el de la protección.

“Solo Toyota está sacando el tipo de unidades preferida por los clientes (Fortuner), aunque es de destacar que la calidad deja mucho que desear cuando se compara con los vehículos importados”, dice uno de los voceros que por razones obvias prefiere no ser nombrado, al tiempo que recuerda que históricamente los SUV o todoterreno han ocupado el grueso de los autos a blindar: cerca de 85%.

Pero, a falta de pan, buenos son los importados. “La mayoría de lo que nos llega son autos importados, sobre todo camionetas”, sentencia el representante –anónimo también- de Luxury Armor, otra de las preparadoras del mercado.

En efecto, se estima que entre 70% y 80% de lo que se blinda es importado, y en su gran mayoría son particulares quienes demandan el servicio. “En el tiempo que tenemos en el mercado no nos ha llegado un solo cliente del gobierno”, refiere al vocero de Luxury Armor.

Desde Blicoven se asegura que si bien la mayoría de los autos a proteger son camionetas, en los últimos años ha crecido el número de sedanes y hasta compactos que llegan hasta el taller. “La gente busca pasar desapercibida y manda a blindar un Orlando (familiar de Chevrolet), un Corolla (familiar de Toyota) o hasta un Fox (compacto de Volkswagen)”, dice uno de sus empleados.

Como es de suponer, este cambio ha hecho crecer el número de autos de vieja data para blindar. Diego Bavio señala que aunque esto es posible, el reforzamiento debe hacer énfasis en puntos como la amortiguación pues el auto sufre un aumento considerable del peso que tiende a averiar estas partes con mayor rapidez, lo que significa que el desgaste es mayor y el recambio más frecuente que para un auto sin refuerzos.

La vida útil de un auto equipado con el máximo reforzamiento es de aproximadamente un año, lo que significa que en apenas 12 meses o debe realizarse un profundo reajuste o simplemente cambiar el auto.

Duro golpe al bolsillo

Tratándose de un mercado que se transa preferiblemente en dólares pues más de 95% de los insumos son importados, los costos del blindaje no han sufrido mayores alzas. “Nuestros costos en dólares no han aumentado y se mantienen prácticamente iguales”, dice Bavio, cuya opinión es mantenida por un vocero anónimo de otra firma, quien recuerda que muchas empresas del ramo han tenido que convertirse en importadoras de los materiales que requieren.

De cualquier manera el monto a cancelar por el cliente sigue dependiendo del nivel de aseguramiento que requiera, tomando en cuenta que según se apliquen las normas estadounidenses o europeas, el grado de reforzamiento varía del nivel I al V, aunque algunos parámetros incluyen estándares que llegan al estadio VII.

“La mayoría busca el nivel III, que es la protección básica”, comenta el empleado de Blincoven y cuya opinión es compartida por sus colegas.

Para costear este tipo de protección se deberán desembolsar entre 18.500 y 23.000 dólares, mientras que llevar el reforzamiento a nivel V puede superar los 85.000 dólares, llevando incluso a duplicar esta cifra el precio de compra del vehículo.

Ahora bien, el pago se puede realizar en moneda nacional al cambio del día, lo que dispara la cotización a montos astronómicos: más de 1.420 millones de bolívares a la tasa de cambio paralela vigente la penúltima semana de agosto.

Aunque pudiera creerse que en medio de la crisis que vive el país el número de empresas de blindaje ha disminuido, lo cierto es que ha proliferado el número de emergentes firmas que buscan sacar provecho de un mercado que se maneja en dólares.

“Quizás por la época de vacaciones algunas empresas han suspendido operaciones, pero nuestros proveedores aseguran que el mercado sigue más o menos igual”, recuerda uno de los entrevistados, precisando que un negocio que ha proliferado es el de las refacciones hechas a carros cuyos dueños, en aras de ahorrarse algunos dólares, caen en manos inexpertas e inescrupulosas que utilizan materiales y procesos reñidos con la calidad.

 

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