Cinemanía

“Amos del universo” es tal y como te imaginaste a He-Man

Después de décadas atrapada entre anuncios, juguetes y proyectos cancelados, esta nueva incursión cinematográfica de “Amos del universo” intenta convertir la nostalgia en espectáculo sin avergonzarse de sus raíces. Y mostrando el motivo del cariño que toda una generación le tiene a He-Man

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“Amos del universo” tiene algo de lo que presumir: es probablemente el programa sabatino (o el de las 6 pm de la tarde en una antiquísima Venevisión de hace más de 30 años), con más adeptos en la actualidad. De hecho, He-Man hizo el viaje completo: de héroe de la infancia de al menos dos generaciones, muñeco favorito por Navidad, a meme para millennials y Gen Z. 

El héroe con el corte de tazón y consejos ridículos, da para todo. Y ha sido una leyenda de la cultura pop prácticamente desde que Mattel (sí, la misma gente de Barbie) decidió que quería un titán hipermusculado para el sector de niños de la juguetería infantil.

De modo que resulta extraño que, durante años, la posibilidad de una nueva adaptación de “Amos del universo” (ya hubo una en 1987 con Dolph Lundgren como el príncipe de Eternia) pareció pertenecer a la misma categoría que los rumores sobre secuelas imposibles o reuniones de bandas retiradas. Una idea que reaparecía cada cierto tiempo para desvanecerse poco después

Por lo que el recuerdo de la película de 1987 permaneció suspendido en una posición extraña dentro de la cultura popular. Fue objeto de burlas durante mucho tiempo, aunque con los años encontró una audiencia dispuesta a reivindicar sus excesos y su sinceridad. Mientras tanto, la marca sobrevivió gracias a nuevas series animadas, cómics y reediciones que mantuvieron vivo el interés por He-Man.

Por lo que este experimento barroco, bien intencionado y entrañable de Travis Knight está destinado a dos cosas. Competir con el recuerdo del animado como mejor pueda y también con esa película convertida en una de culto. Pero “Amos del universo” comprende algo esencial desde el principio: el público que lleva décadas esperando no desea una reconstrucción solemne del material original.

En realidad, quiere ver ese universo imposible trasladado a la imagen real sin complejos. Y por extraño que parezca, la cinta lo logra, trayendo a una Eternia vívida, todos los personajes clásicos y hasta su melodramático villano casi intacto.

He-Man ¡El de verdad!

Para eso, la cinta se enfoca precisamente allí donde debía hacerlo, en un mundo fantástico gobernado por el rey Randor (James Purefoy) y la reina Marlena (Charlotte Riley), dos figuras que intentan proteger un reino cada vez más amenazado por fuerzas hostiles.

Su hijo, Adam (Artie Wilkinson-Hunt), todavía lejos de convertirse en leyenda, es un joven incapaz de responder a las expectativas sobre él. Duncan (Idris Elba), encargado de entrenarlo, contempla con frustración cómo el heredero parece más preparado para provocar problemas que para dirigir un ejército.

La película encuentra humor en esa dinámica sin convertirla en una parodia abierta. Pero además, este pequeño conflicto explora en Adam como alguien completamente fuera de lugar dentro del mito que está destinado a protagonizar. Cuando la situación militar se vuelve insostenible, el muchacho es enviado a la Tierra acompañado únicamente por la Espada del Poder, reliquia que concentra la energía de su planeta. 

Pero, como era previsible, la maniobra sale mal y el arma desaparece. Por lo que el niño queda atrapado lejos de casa. Con ese giro, el guion transforma una fantasía heroica clásica en un relato sobre identidad, memoria y pertenencia. No es una idea revolucionaria ylo mejor es que tampoco pretende serlo. Lo importante es que proporciona una base sólida para que el espectáculo posterior tenga algo más que explosiones y armaduras brillantes. Y además, se enfoca en este Adam a mitad de camino entre un superhéroe fantástico y un chico en busca de su propósito, como otros tantos.

Y entonces, hay que salvar al planeta

Adam (ahora interpretado por Nicholas Galitzine) reaparece quince años después convertido en un adulto que vive una existencia tan corriente e incómoda. Trabaja en recursos humanos, intenta desenvolverse entre formularios, reuniones y conversaciones absurdas de oficina. Todo mientras insiste machaconamente en que los recuerdos fantásticos de su infancia pertenecen a un reino real.

Por supuesto, nadie le cree y “Amos del universo” logra hacer reír gracias al hecho inesperado de humanizar a Adam, tan parecido al pusilánime príncipe de Eternia de camiseta rosa, que desaparece en medio de los problemas de la caricatura como para conmover. También, al presentar al futuro salvador de Eternia como alguien que parece un empleado atrapado en una sesión eterna de capacitación corporativa. Nicholas Galitzine entiende perfectamente la broma y construye una versión del personaje basada en la inseguridad, el entusiasmo y cierta torpeza permanente.

Todo cambia cuando reaparece Teela (Camilla Mendes), amiga de su infancia y una de las pocas personas capaces de conectarlo con su pasado. Gracias a ella, Adam descubre que aquellas visiones que lo perseguían eran reales.

Sin embargo, y a pesar del entusiasmo de Adam por entender que jamás estuvo loco (y presumiblemente abandonar la oficina), el regreso a Eternia no le produce alivio. Eso debido a que el reino ha sido derrotado y la estabilidad política desapareció hace tiempo.

Los supervivientes viven marcados por la derrota y aceptan el regreso del príncipe con una mezcla de esperanza y resentimiento. El responsable de ese desastre es Skeletor (Jared Leto), quien ocupa el centro del poder y gobierna mediante una combinación de ambición, teatralidad y capricho. A partir de ese momento, la película llega exactamente al punto que todos los fanáticos querían ver: Adam encuentra la espada, asume finalmente el papel que había evitado durante años y se transforma en He-Man.

De menos a más

Lo interesante es que Knight parece menos interesado en las consecuencias físicas de esa transformación que en sus implicaciones emocionales. Obtener fuerza resulta sencillo, pero aprender a dirigir personas es mucho más complicado. Esa diferencia sostiene buena parte del relato y evita que la película se convierta exclusivamente en una colección de combates digitales.

El verdadero conflicto no consiste en derrotar monstruos, sino en descubrir si alguien acostumbrado a escapar de la responsabilidad puede convertirse en la figura que su mundo necesita. Esa pregunta, sorprendentemente simple, termina siendo mucho más efectiva que cualquier arma mágica.

“Amos del universo” tiene la osadia de tomar el bidimensional mundo de He-Man y agregarle capas de pura alegría y emotividad. El resultado es una película que sin ser una joya de fantasía conmueve por su sinceridad. Y lo hace al demostrar que He-Man, el mismo que daba consejos a toda una generación de niños sentados frente a una televisión analógica, regresó. Más joven, más moderno, más cercano. Todas buenas noticias para los fanáticos de siempre.

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