Terremoto en Venezuela

María Corina y su regreso: riesgo y oportunidad en medio del dolor y el duelo

El regreso a Venezuela de María Corina Machado, y los distintos obstáculos que ella ha denunciado para que tal cosa se materialice, sirve para revisar su papel en una crisis humanitaria de gran escala como la que vive el país. Un escenario de dolor y duelo, diferente a la esperanza que rodeó la campaña electoral de 2024

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María Corina y su regreso: riesgo y oportunidad en medio del dolor y el duelo
Composición de imagen | alejandro cremades

Los terremotos del 24 de junio de 2026 dejaron a Venezuela enfrentando una de las peores tragedias naturales de su historia reciente. Con estimaciones de que podrían ser 10.000 los fallecidos, miles de heridos y centenares de edificaciones colapsadas, especialmente en La Guaira, el país atraviesa un momento de profundo duelo colectivo y necesidades humanitarias urgentes.

En este contexto, la líder opositora María Corina Machado anunció su intención de regresar al país para acompañar a las víctimas, lo que ha generado un intenso debate sobre las implicaciones para su liderazgo y su capital político.

Dos analistas con seguimiento cercano de la oposición venezolana han señalado que este episodio representa un punto de inflexión para Machado. Ricardo Ríos, presidente de la firma Poder y Estrategia, lo describió como un “hito en su carrera política”. Según Ríos, tras denunciar que intentó regresar y que se le impidió la entrada, Machado enfrenta opciones dicotómicas: desafiar la prohibición y retornar en muy pocos días, regresando “altiva y triunfante”, o aplazar indefinidamente su regreso, lo que derivaría en el “derrumbe de su liderazgo”.

Por su parte, Orlando J. Pérez, profesor de Ciencia Política en la Universidad del Norte de Texas, sostuvo que la credibilidad de Machado y, posiblemente, todo su proyecto político depende ahora de que cumpla la promesa de regresar. Pérez advirtió que, para el gobierno de Delcy Rodríguez, el retorno de Machado constituye una amenaza existencial, dado su respaldo popular y su capacidad de galvanizar a una porción significativa de la ciudadanía precisamente en el momento de mayor vulnerabilidad del Ejecutivo.

Estas lecturas coinciden en que el momento actual no es uno más en la trayectoria de Machado en el exilio, a partir de diciembre de 2025, cuando salió a recibir el premio Nobel de la Paz en Oslo, Noruega. Es un momento en el que su ausencia prolongada o su regreso tardío podrían tener costos políticos concretos en términos de percepción pública, con una sociedad adolorida y cuestionadora de las figuras de poder.


Un punto de vista que ha cobrado fuerza y que lo resumió Sinohé Elías Pallotta en X es el siguiente: en lugar de realizar declaraciones desde el exterior y exponer el bloqueo del gobierno, lo más efectivo habría sido ingresar de forma discreta por la frontera y aparecer directamente en algún pueblo o zona afectada del país. Según esta visión, las dictaduras no caen con lágrimas frente a las cámaras ni con declaraciones de alto perfil, sino con acciones concretas y astucia.

Pallotta argumenta que entrar “a la calladita”, como lo hizo en otras ocasiones cuando salió del país, y hacerse visible desde adentro habría tenido mayor impacto político y humano que la ruta elegida. Esta apreciación subraya una tensión clásica en la oposición venezolana: la diferencia entre generar presión internacional mediante anuncios y construir legitimidad a través de presencia física y acción directa en el territorio.

¿Está en juego el capital político de Machado?

El capital político de María Corina Machado se construyó, en buena medida, durante la campaña de 2024. En aquel proceso, su liderazgo se caracterizó por una conexión directa y empática con amplios sectores de la población, especialmente con los más vulnerables. Machado logró transmitir cercanía con las dificultades cotidianas de los venezolanos de menores recursos, algo que pocos líderes opositores habían conseguido con tanta intensidad en años recientes.

Esa capacidad de conectar con el dolor y las expectativas de la gente común constituyó uno de sus principales activos.

En el contexto actual, tras los terremotos, esa misma cualidad podría convertirse en un factor relevante. Una sociedad que acaba de perder miles de vidas, que ve urbanizaciones enteras reducidas a escombros y que enfrenta la incertidumbre de la recuperación, necesita no solo asistencia material, sino también referentes y liderazgos que transmitan consuelo, solidaridad y esperanza.

La presencia de una figura con el arraigo que Machado demostró en 2024 podría funcionar como un elemento de cohesión emocional en medio del duelo colectivo.

Sin embargo, si Machado no logra materializar su regreso en un plazo razonable después de haber anunciado que “hará lo que tenga que hacer” para volver, existe el riesgo de que una parte de la opinión pública perciba una desconexión entre sus palabras y los hechos. En momentos de crisis humanitaria aguda, la ausencia prolongada de un líder que prometió estar presente puede interpretarse como debilidad o como falta de prioridad real hacia el sufrimiento inmediato de la población. Su promesa le compromete en un momento significativo para los venezolanos.

¿Qué aportes podría ofrecer Machado en este escenario?

Más allá de cualquier cálculo de confrontación política inmediata, el aporte más significativo que Machado podría realizar en las actuales circunstancias no pasa necesariamente por organizar una revuelta popular ni por forzar una salida inmediata del gobierno de Delcy Rodríguez. Ese escenario resulta poco realista en el corto plazo y, sobre todo, poco acorde con las necesidades urgentes del país.

Su contribución más valiosa podría residir en tres planos: Primero, en el plano humano y simbólico. Su presencia en las zonas afectadas, su capacidad de escuchar directamente a las víctimas y de visibilizar el dolor de quienes perdieron todo podría actuar como un bálsamo en una sociedad profundamente herida. La empatía demostrada en 2024 sugiere que Machado tiene la posibilidad de conectar con el sufrimiento de la gente de manera genuina, algo que trasciende la polarización política tradicional.

Segundo, en el plano de la organización de ayuda. Desde el interior del país, Machado podría contribuir a coordinar redes de solidaridad, canalizar donaciones internacionales y presionar —junto con otros actores— para que la ayuda llegue efectivamente a quienes más la necesitan, superando posibles cuellos de botella burocráticos o de control político.

Tercero, en el plano de la legitimidad de la oposición. Un regreso exitoso y enfocado en la emergencia humanitaria reforzaría la imagen de Machado como una líder dispuesta a priorizar el interés nacional por encima de cálculos partidistas y personales. Esto, a su vez, podría ampliar su base de apoyo más allá de los sectores ya movilizados.

La promesa del regreso que ha hecho María Corina representa una prueba importante para su liderazgo. Como señalan analistas como Ricardo Ríos y Orlando Pérez, su credibilidad está vinculada, en este momento preciso, a su capacidad de cumplir con la promesa de regresar.

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