Deportes

Fútbol-Perversión: viven muchos del trabajo de pocos

Nada de lo que aquí exprese constituye una novedad. Muchos han descrito el basurero que es el fútbol y muchos lo harán porque esto no va a cambiar. Respiren hondo, que la marea sigue subiendo.

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(Carlos Garcia Rawlins/Reuters)

El fútbol como actividad que le permite a muchos hacer vida con el trabajo de unos pocos -Panzeri lo explicó mejor que nadie- no está ni cerca de colapsar como lo advirtió el insuperable periodista argentino allá por 1974. Es muy sencillo: este deporte, bajo la conducción de Joao Havelange, Joseph Blatter y los que vengan, se convirtió en artículo de venta masiva en el mundo entero. Europa, América, Asia, Oceanía y África lo consumen como oxígeno y nosotros hemos permitido que más que el juego, sea el circo lo que llena las páginas de diarios, las charlas de café y las insoportables presentaciones de payasos mediáticos, quienes ataviados según dicte la moda y la imbecilidad -cada cual elige un traje acorde a su ocupación-, nos recuerdan que el juego es lo de menos. Lo dijo Juan Manuel Lillo: importa más la guarnición que el solomillo.

Venezuela no escapa a este escenario, ya sabe usted, cada uno de nosotros es lo que es y las relaciones a las que pertenece, por lo que sería inútil y soberbio asumirnos distintos al mundo que nos rodea. Por ello leemos cosas como que opinar sin averiguar debe ser la regla y que el saber no es tan importante como las emociones. Listo, apaguemos la luz, ¡esto se nos fue al demonio!

De fútbol sabe todo el mundo reza el dicho popular. Pues yo creo lo contrario: de fútbol no sabe nadie, más si por saber de fútbol entendemos conocer de antemano lo que va a suceder. El primero que lo acepta es el futbolista cuando ante cada requerimiento futurista responde con medias tintas. No puede hacer nada más sino llenar el espacio con alguna tontería que entretenga al pseudo analista. Eso sí; que nadie pregunte ni nadie declare sobre lo que todos conocen: el fútbol es un deporte, sí, pero también es actividad parasitaria en la que muchos disfrutan y se enriquecen del esfuerzo de cuatro locos.

Cuando Laureano González, presidente encargado de la Federación Venezolana de Fútbol, declara: Si yo hubiera sabido algo, si es que se produjeron esos sobornos, sería un cómplice y de seguro habría recibido una parte; porque bien tonto es quien sepa y no pida. Así que no llegué a tonto, no sabía y ni me lo podía imaginar, pues no deja de ser una suposición sin bases en la mano”, deja a la luz lo que muchos llevan avisando desde tiempos antiguos: esta actividad ha sido penetrada y secuestrada por las miserias más características de nuestra especie. No es nada nuevo lo que aquí escribo pero no por viejo deja de ser cierto.

El deporte, como actividad encargada de forjar ciudadanos de bien, vive horas muy tristes, y le reitero, no crea que esto va a cambiar; existe una generación dispuesta a superar a sus predecesores porque conocen el negocio y tienen mucho gusto por los placeres y la riqueza inmediata. El panorama será el mismo porque Blatter no renunció sino que lo renunciaron los grandes sponsors que necesitan mejorar un poco su imagen, y dar así la sensación de estar afligidos ante una miseria que ya es tan antigua como el viento mismo. Y no va a cambiar, porque como dijo Panzeri en su «Burguesía y Gangsterismo en el Deporte», esto se nos fue de las manos el día en que muchos hacen vida con el trabajo de pocos.

Eso, gangsters, traficantes, mentirosos y ladrones que no les bastó la política y van con todo por el deporte.

Mientras tanto, hay quienes hacen su labor para que olvidemos los orígenes de este escándalo, o peor aún, el génesis de su poder. Están los que están y llegarán los que ya están en camino, pero esto no va a cambiar. Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

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