El mejor Wes Anderson aflora en "El esquema fenicio"
Wes Anderson convirtió su particular estética en una firma inconfundible. Y de alguna forma, esa impronta visual pareció condenar sus películas a parecer muy bellas, pero sin mucho que decir. Pero “El esquema fenicio” se aleja de ese dilema y recuerda las razones por las que el director es considerado de los mejores del cine contemporáneo
Los últimos cinco años no han sido del todo generosos con Wes Anderson. “La crónica francesa” (2021) y “Asteroid City” (2023) no lograron el impacto que suponía un elenco multiestelar, en conjunto con el inconfundible estilo visual del director. Eso más bien pareció jugar en contra de las producciones, que parecieron ser ejercicios de estilo, visualmente fascinantes pero emocionalmente fríos. Pero “El esquema fenicio” (2025), no solo reafirma su genio, sino que lo lleva hacia una dimensión mucho más cálida y cercana.
“El esquema fenicio” es una mezcla de géneros — aventura, espionaje y melodrama familiar — ensamblados con una madurez sorprendente. Lejos de parecer un regreso nostálgico, es un paso firme hacia lo desconocido. A la vez, muestra que Wes Anderson no ha perdido su amor por los detalles, pero ahora parece estar más interesado en los lazos humanos que en la simetría perfecta. Por lo que la cinta logra que cada uno de sus personajes tenga un momento para brillar, mientras el director explora en sus vidas y conflictos desde la alegoría y en ocasiones con un finísimo cruel sentido del humor.
La trama sigue al magnate sin escrúpulos Zsa-Zsa Korda, encarnado con una mezcla de amenaza y ternura por Benicio del Toro. Aunque es padre de una tribu numerosa, ha escogido a Liesel — su hija monja — como la única heredera de su imperio. Y este es el corazón del conflicto. Liesel (Mia Threapleton), ha dejado atrás el mundo de su progenitor y está a punto de consagrarse por completo a una vida espiritual.
De viaje con el trauma en “El esquemafenicio”
Su reticencia a asumir un legado empresarial teñido de corrupción pone en marcha un tenso y emotivo viaje. La relación entre padre e hija es el eje gravitacional de la película, y aunque Anderson nos tiene acostumbrados a familias disfuncionales, aquí lo que se retrata es la lenta, tensa e íntima construcción de un vínculo. Lo inesperado es la ternura. Sí, en una cinta de Wes Anderson, la ternura — no la ironía — es lo que termina por conquistar.
Por lo que buena parte de la trama está más interesada en comprender lo que une a padre e hija, que en las variadas y singulares intrigas que les rodean.
Wes Anderson hace un estupendo trabajo con dos personajes que podrían ser un cliché evidente, para transformarlos en dos polos de la misma idea. Mientras Liesel desea encontrar lo bueno en Zsa-Zsa, el hombre intenta reconocerse en esta díscola hija, obsesionada con el bienestar ajeno y la bondad.
El cruce de temperamentos, opiniones y la necesidad de estrechar lazos, convierte a “El esquema fenicio” en una curiosa y conmovedora perspectiva acerca del deseo de ser amado y amar. Pero en lugar de enfocarse en amores imposibles, en trágicos amantes o familias, Anderson se concentra en una relación paterna que crece en los errores. Es un tema singular y poco común para el director. Aun así, logra que se enlace de forma sentida y sustanciosa con sus habituales tópicos acerca de la codicia, la complejidad humana y la búsqueda de la redención.
Caras nuevas para WesAnderson
Una de las mayores sorpresas en “El esquema fenicio” es el elenco. Anderson, quien durante años ha trabajado con una suerte de troupe estable de actores, decide en esta ocasión dejar respirar su universo con nuevas voces. Del Toro, Threapleton y Michael Cera, quien interpreta al peculiar Bjorn Lund, traen una frescura narrativa palpable. Cera, en particular, brilla como un entomólogo nervioso y fiel acompañante de los protagonistas, aportando comic relief sin desentonar con el tono general.
Claro, hay cameos de los habituales colaboradores del realizador — Bill Murray, Willem Dafoe — , pero no dominan la pantalla. Este cambio es aire puro. También representa una ruptura con esa zona de confort que había empezado a volverse claustrofóbica en las últimas producciones del director. Y si algo se siente revitalizante aquí, es que Anderson no teme que sus personajes nuevos eclipsen a sus viejos favoritos. Es un gesto generoso, y se nota.
Un excéntrico padre y una singular hija
El vínculo entre Korda y Liesel no es simple. Ella no es la heredera entusiasta de un imperio económico, sino una joven que se enfrenta a la sombra de un hombre que ha sembrado más temor que afecto. Las acusaciones que flotan sobre Korda — desde prácticas laborales atroces hasta la sospechosa muerte de sus esposas — funcionan como nubes que oscurecen la posibilidad de redención. Pero es en el camino, en los intersticios del viaje compartido, donde ocurre lo inesperado: los dos comienzan a redescubrirse.
Liesel no lo perdona, pero empieza a comprenderlo. Él no se transforma por completo, pero se ablanda.
La película se aleja de la caricatura y se adentra en un territorio más ambiguo, donde las personas no son arquetipos, sino contradicciones vivas. Los hermanos ausentes, el internado, la distancia emocional: todos estos elementos son pinceladas que componen el cuadro complejo de una familia partida y, tal vez, remendada a duras penas.
Esto es Anderson, después detodo
Visualmente, “El esquema fenicio” es una digna producción de Wes Anderson. Colores pasteles, encuadres rígidos, objetos simétricamente dispuestos, todo está ahí. Pero debajo de esa superficie estilizada, hay un ánimo renovador.
Anderson juega con la imagen de forma más arriesgada, los movimientos de cámara son más libres, casi orgánicos, y la alternancia de escenarios rompe con la habitual sensación de “teatro filmado” que a veces pesa sobre su obra. Lo que brinda un mayor espíritu y honestidad a la cinta como relato.
Esa autenticidad convierte a la película en algo más que un ejercicio estilístico. Es una obra con alma. A diferencia de sus trabajos recientes, donde la emoción quedaba sepultada bajo capas de artificio, aquí hay humanidad. No hay un cierre redondo, sino uno justo. Y eso basta. Con “El esquema fenicio”, Anderson no solo demuestra que sigue siendo relevante, sino que está más vivo y audaz que nunca.
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