A 92% de las ONG se les hace cada vez más difícil defender los derechos humanos

Un nuevo informe del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello refleja cómo la autocracia gubernamental dificulta la labor de las ONG. Sin embargo, esto solo las ha fortalecido. Un dato importante que revelan es que, a mayor autoritarismo, mayor apoyo internacional reciben las organizaciones

A 92% de las ONG se les hace cada vez más difícil defender los derechos humanos

En los últimos 10 años, las organizaciones no gubernamentales (ONG) han sufrido para cumplir con su función de ayuda humanitaria y protección a los derechos humanos en Venezuela. Las dificultades que les impone el gobierno son cada vez más férreas. Esta es  una de las conclusiones de un nuevo informe que, sobre el tema, elaboró la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

El informe se titula El desarrollo de la resiliencia en contextos autoritarios. Lecciones de Venezuela en perspectiva comparada, y es un estudio del Centro de Derechos Humanos de la UCAB. Su enfoque es abordar las estrategias de las ONG del país para continuar su trabajo, pese a las restricciones.

Según se lee en el documento, dirigido por los investigadores Maryhen Jiménez Morales y Eduardo Trujillo Ariza, 92,3 % de las organizaciones encuestadas respondió que «proteger los derechos humanos se ha vuelto más difícil en los últimos diez años». Sin embargo, todas han encontrado la manera de seguir trabajando, a pesar de los riesgos y del «contexto no democrático» en Venezuela.

«Creemos que nuestro estudio puede aportar lecciones cruciales para los activistas de los países no democráticos alrededor del mundo. Y los financistas internacionales de la labor de defensa de derechos humanos deben priorizar la asistencia a las víctimas de violaciones de derechos humanos y el desarrollo de las capacidades locales», expresan Jiménez y Trujillo.

Centro de Derechos Humanos de la UCAB. Foto cortesía UCAB

Juglares del activismo

Entre los factores que les han permitido sobrevivir están el legado institucional heredado del pasado democrático, revela el informe.

«Por ejemplo, nuestros datos muestran que el conocimiento se transfirió entre generaciones de activistas. Uno de los entrevistados explicó vívidamente cómo ‘[el] intercambio entre generaciones [es] fundamental. La verdad es que yo no sabría nada sobre el trabajo de derechos humanos sin el intercambio con figuras cruciales del anterior movimiento de derechos humanos'».

Ese legado institucional también facilita el aprendizaje colectivo y ayuda a mantener las capacidades organizativas y de reputación.

Redes de resiliencia

La creación de «redes de resiliencia” es otra estrategia crucial que las ONG dedicadas a los derechos humanos y de la sociedad civil (OSC) utilizan para sobrevivir y operar en las circunstancias autoritarias actuales en Venezuela.

Uno de los participantes del estudio explicó que “[ellos] decidieron [que] necesitaban estos movimientos en red, porque esos movimientos estaban precisamente surgiendo en espacios autoritarios y no democráticos”. Esto significa que las redes han surgido como una estrategia deliberada para desarrollar la resiliencia y trabajar en la Venezuela autoritaria.

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Foto Archivo

El 69,2 % de los participantes afirmó que el trabajo en red es una estrategia clave para adaptarse al entorno, a pesar de que, en ocasiones, esa cooperación puede ser difícil por los diferentes enfoques de cada organización.

Para 66,7% de los participantes, hacerlo aumenta la eficacia de sus actividades y su trabajo en materia de derechos humanos. Además, 15,4 % afirmó que coordinar y cooperar ofrece capas adicionales de seguridad y 10,3 % que crean oportunidades de interacción y aprendizaje.

También se constató que las redes han servido como mecanismo para transferir conocimientos, difundir información, compartir valores, transformar rápidamente ideas en acciones y crear oportunidades de apoyo material e inmaterial.

Vínculos internacionales

Uno de los grandes pilares para las ONG venezolanas en esta época de autoritarismo son los actores internacionales. Más de 97% de ellas trabaja con vínculos en otros países.  Este porcentaje era de apenas 31,3% antes de 2013.

«Las organizaciones en Venezuela han tenido que cultivar vínculos internacionales más fuertes con organizaciones intergubernamentales, instituciones, universidades y grupos de reflexión para denunciar las crecientes violaciones de derechos humanos», dice el informe.

«El 39,5 % comenzó a establecer esas relaciones después de 2013. Y el 18,4 % lo hizo desde 2018. Esto significa que el 57,9 % de las organizaciones vio la necesidad de crear alianzas internacionales después de la erosión de la democracia en Venezuela», sentencian.

La conclusión de los investigadores es que, con estas alianzas internacionales, las OSC buscan, principalmente, «visibilizar los abusos de derechos humanos y defenderlos en el sistema universal de derechos humanos».

También quieren intercambiar experiencias con activistas internacionales o regionales y aprender de ellos y fortalecer la protección y la seguridad de los miembros de las OSC y de las víctimas.

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Foto de archivo: Daniel Hernández

Uno de los activistas destacó la importancia de la labor de defensa que llevan a cabo quienes trabajan por los derechos humanos.

«Hemos recibido un importante apoyo en términos de defensa internacional. Venezuela llevó el movimiento a la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, puso en marcha los mecanismos especiales de la Corte Internacional y todo lo disponible. Y aunque el mundo no lo sepa del todo, una parte importante de esta defensa la han hecho los defensores de derechos humanos en Venezuela”, expresó.

Los autócratas ya no hacen daño «de golpe»

Dice el informe que los autócratas ya no erosionan la democracia “de golpe”. En otras palabras, se necesita tiempo para autocratizar  completamente un país.

Mientras los regímenes políticos se encuentren en una “zona gris” entre la democracia y la autocracia, los activistas y ONG deben aprovechar las oportunidades disponibles para crear redes, fortalecer sus organizaciones, conseguir financiación, y denunciar y visibilizar las violaciones de derechos humanos tanto interna como externamente.

Los gobiernos y las organizaciones internacionales también deberían ser conscientes de estas estructuras de oportunidad y apoyar a los activistas todo lo posible para evitar que la democracia muera.

Desarrollar el perfil internacional

Continúan recomendando los investigadores de la UCAB que es crucial que las organizaciones de derechos humanos y las OSC creen capacidades organizativas y redes sólidas en todo el país. Así compartirán información valiosa, conocimientos, confianza y campañas y trabajos.

Lo que es seguro es que las redes de resistencia facilitarán la supervivencia y la eficacia en contextos no democráticos.

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Foto de archivo: Daniel Hernández

El desarrollo de un “perfil internacional” y de vínculos internacionales les parece cada vez más relevante en el mundo interconectado y digital de
hoy. Advierten que las organizaciones de derechos humanos deben utilizar el sistema universal, participar y comprometerse en conferencias, foros y cumbres internacionales. La misión es visibilizar su trabajo y denunciar los abusos de derechos humanos en su país.

La consecuencia es lapidaria: Cuanto más interconectados estén los movimientos de derechos humanos, más visibles serán y más costoso será para los autócratas atacar o perseguir a los activistas en su país de origen.

La labor principal de las ONG de defensa de derechos humanos consiste en proteger vidas y en mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. No es financiar proyectos o eventos de “gran impacto” que puedan contribuir a generar atención internacional. También, deben apoyar a las OSC con mecanismos de creación de infraestructuras y capacidades para ayudarles a fortalecer sus organizaciones y a llevar a cabo su trabajo.

Pandemia y resiliencia digital

Desde la llegada de la pandemia, la “resiliencia digital” es la nueva realidad de muchos defensores y activistas. Para la UCAB, esta es una línea de trabajo que podría apoyarse.

«Dado que la democracia está en peligro en todo el mundo, los gobiernos y las organizaciones internacionales deberían desarrollar estrategias de respuesta rápida para ayudar mejor a las sociedades sometidas a regímenes autoritarios. Aunque no existe una receta que pueda implementarse en todos los países dadas sus particularidades, es crucial que la condena internacional y el monitoreo internacional de las violaciones de derechos humanos se produzcan lo antes posible», dicen.

Lo recomendable es aumentar el trabajo comparativo e interregional sobre el activismo de derechos humanos. Las generaciones actuales y futuras de académicos, legisladores y activistas deben poder acceder a las experiencias y lecciones aprendidas en diferentes contextos autoritarios.

Por último recuerdan a las ONG que «la investigación rigurosa puede ayudar a promover la memoria, la justicia y la reconciliación».