Venezuela

María Corina Machado en la UCAB: un encuentro con la juventud despierta

Los ucabistas sacaron teléfonos y se escaparon de clases para vivir la historia en presente: fueron a ver a una líder política, pero también a una mujer que recorrió y vivió ese campus durante su época universitaria. Ella le habló al país, mostró lo que planeó durante meses a la prensa y dejó claro algo: su proyecto se mueve también con ellos

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Si no fuera porque sabíamos que María Corina Machado iría a la UCAB, la pregunta de por qué tantos chamos se aglomeraban a las afueras del aula magna de la universidad habría surgido. Eran más de 200. Gritando. Riendo. Posando para la foto. Grabando cada vez que veían un movimiento extraño a ver si les daba chance de capturar el momento: la llegada de «MariCori».

—¡Libertad, libertad! ¡Libertad, libertad! ¡Libertad, libertad!

—¡Corina, presidente! ¡Corina, presidente!

—¡Llegóóóó, llegóóóóó, llegóóóóó, llegóóóóó!

Estudiantes en los alrededores del Aula Magna de la UCAB, antes de la llegada de María Corina Machado. Foto: Daniel Hernández.

Ahí estaban todos haciéndole el coro: los de humanidades y ciencias; los escapados de clases y a los que les dieron las horas libres; los que estaban por graduarse y los egresados que no querían ser víctimas del fomo. Nadie los convocó: el llamado era para la prensa, pero había que aprovechar. La emoción era tanta que hasta para cantar el himno nacional dio.

—Para mí es emocionante ver a una persona que me ha dado esperanza, emoción sobre que el país puede mejorar y cambiar hacia un futuro mejor—dijo Adrián Linares, estudiante de Ingeniería Informática, quien estaba pegado a la cinta de seguridad esperando con más de dos horas de antelación.

La pauta era las 12:00 del mediodía. Pasadas las 12:20, con el sol picando y los paraguas abiertos para hacer sombra, sabíamos que María Corina estaba en la UCAB porque salieron un par de fotos en las instalaciones. Y aunque volteaba el estudiante, el fotógrafo y el periodista, aún no había señales de su presencia.

—Yo me salí de clase antes porque me ganó la emoción. Estoy aquí porque siento que esto es un evento importante. Parte del cambio y de la historia que va a quedar reflejada. Esto nos permite ver algo esencial, que los jóvenes estamos despiertos—expresó Yonairi Jaimes, una compañera de Adrián.

Estudiantes saludando a las cámaras de periodistas. Foto: Daniel Hernández.

A las 12:49 pm, la exaltación volvió. María Corina venía rodeada de los ucabistas. Los estudiantes se montaron en techos y árboles. Se asomaron a las ventanas. Corrieron como si estuvieran perseguiendo a la rockstar del momento. En medio de ese alboroto, el equipo de Vente Venezuela avisó: «Señores de la prensa, tomen sus asientos. Estamos por comenzar».

A la 1:02 de la tarde, vestida con un traje blanco y asomándose poco a poco a través de la puerta trasera del aula magna, salió Machado. La última vez que estuvo allí fue el 12 de julio de 2023 y era candidata a las primarias opositoras, una elección ciudadana que ganó por mayoría.

Muchos estudiantes se enteraron de la visita de Machado en plena clase. Algunos pidieron las horas libres para asistir y verla. Foto: Daniel Hernández.

Sonrió. Saludó. Y para empezar, recordó las palabras con las que anunció su llegada al país: «Estoy aquí. Estamos aquí. Para darlo todo por Venezuela».

Machado aprovechó los primeros minutos para agradecer: a sus colaboradores, al gobierno de Panamá y al de Estados Unidos, a Edmundo González Urrutia por ser su llave política, a los sobrevivientes de La Guaira por recibirla, y sobre todo a los venezolanos, que la esperaron durante casi un año y la acompañaron a toda máquina el domingo 25 de octubre.

María Corina llegó respondiendo lo básico. ¿Por qué vino? Para no quedarse en su casa. «He regresado para movilizar a la sociedad. A organizar aún más nuestros equipos y redes ciudadanas. A escuchar a cada ciudadano e incorporar a todos los sectores. He regresado a cumplir una tarea y cumplir un mandato».

La líder opositora, porque dudarlo ya sería ignorar lo que dice la gente, aseguró que su llegada fue autónoma. Que logró entrar a Venezuela porque aprendió de los ocho intentos fallidos. Que contó con apoyos internacionales y dentro del país, a los que evitó mencionar porque el sistema de represión sigue en el poder aunque el 3 de enero haya cambiado un poco —mucho para el que vivió la represión— las reglas del juego.

María Corina Machado en su primer encuentro con la prensa. Foto: Daniel Hernández.

Su conclusión: «Hay que proteger a quienes nos protegieron». Y esas palabras las remató con una frase que le salió con satisfacción: «Y no lo vieron venir…».

Machado no tenía carpetas bajo el brazo, pero tal parece que su tiempo afuera lo aprovechó para evaluar qué hacer en un contexto de transición. Habló de sus planes, que ya están en marcha. Punto de Acuerdo, un proceso de debate y construcción de concensos que se realizará a través de asambleas ciudadanas en todo el país para hablar de los tipos de justicia, salud, la relación Estado-ciudadano. Y otro que se llama Constructores, una plataforma que buscará garantizar la participación política en unas próximas elecciones, dentro y fuera del país, y comienza con la actualización del registro electoral.

11 medios internacionales y seis nacionales hicieron sus preguntas. A pesar del desequilibrio, hubo de todo. Su relación con Estados Unidos si llega a la presidencia. Su visión sobre el acuerdo petrolero. La relación actual con los militares. Si tenía cancha de participar en la mesa de diálogo y si veía posible reunirse con la presidenta interina. Y hasta cómo evaluaba las palabras de Trump sobre convertir a Venezuela en el estado 51 de Estados Unidos, pero esa última pregunta fue la única que dejó al aire.

Antes de responder, Machado apuntó cada pregunta en un papel y a todos los periodistas los llamó por su nombre.

La última vez que Machado estuvo en la UCAB fue en el debate previo a las primarias opositoras. Foto: Daniel Hernández.

Pocas veces se detuvo a meditar la respuesta. Y cuando lo hizo, pasaron segundos.

Y empezó…

Sigue considerando a Estados Unidos como el aliado más importante para el país y el 3 de enero de 2026, más que motivo, es una prueba. Dijo que el acuerdo petrolero es desconocido y los venezolanos necesitan saber más, y que su plan incluye transparencia, arbitraje internacional y seguridad jurídica.

Que con los militares sostiene el contacto y que aún apoyan el cambio. Que el proceso de negociación es ajeno a ella, pero que desea que sea exitoso: «Que cumpla su cometido. Designar un TSJ, un nuevo CNE que cumpla con los requisitos de la Constitución y fijar la fecha de las elecciones».

Y que con Delcy Rodríguez no ha habido, ni parece posible, una reunión como la que sostuvo reciéntemente con Dinorah Figuera: «No he recibido ningún mensaje ni de los Estados Unidos ni de parte de la señora Rodríguez».

Casi para el final, María Corina Machado habló de lo que cientos de activistas y defensores de derechos humanos han tratado de poner sobre la mesa y continúa siendo un tema incómodo para la mayoría de los venezolanos y venezolanas: ¿qué pasará con la justicia transicional?

Su respuesta parece haber sido meditada desde hace mucho: habrá garantías para los que faciliten la transición y no será ella quien juzgue. El proceso de investigación deberá pasar por una Comisión de la Verdad y tribunales especiales que escuchen a las víctimas de violación de derechos humanos.

Machado respondiendo a las preguntas de la prensa. Foto: Daniel Hernández.

Así como lanzó la promesa de volver, al gobierno interino activo también les envió un mensaje: «El régimen me conoce. Yo soy la antítesis de Hugo Chávez, de Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez, en todo sentido, pero ellos saben que tengo palabra y una palabra dada en un proceso de negociación, se cumple».

María Corina Machado se retiró con un gracias, y con la promesa de un nos vemos en la calle. Y además, muy segura de algo: «Mi presencia en Venezuela es la demostración de que esa transición avanza. Una transición que va a permitir tener soberanía».

Al salir, el mismo bululú estudiantil la siguió a ver si alcanzaban el carro para despedirse. Muchos no lo lograron. Pero el cometido se logró: verla, escucharla, grabarla, dejar registro de que una ucabista Nobel de la Paz regresó y les habló de frente.

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