Implantes PIP, la bomba de tiempo no está desactivada

Miles de venezolanas que aún portan las prótesis mamarias francesas Poly Implant Prothèse dependen de una indemnización para extraerlas. Una alianza internacional trata de brindar respuestas en un proceso judicial largo y lento, afectado además por el control de cambio impuesto por el chavismo, que no le borra a las víctimas la preocupación por tener una bomba de tiempo en sus pechos L a ansiedad, el miedo y el dolor acompañan diariamente a la mujer venezolana que hace diez años confió en las fraudulentas prótesis mamarias francesas Poly Implant Prothèse (PIP).La polémica se destapó en 2010, una vez que estos implantes fueron prohibidos en el mercado internacional por la Agencia Nacional de Seguridad del Médico y de los Productos de Santé, Francia.

Si bien Francia, Estados Unidos y Canadá advirtieron el peligro de este producto a principios del milenio, cuando lo inhabilitaron debido a problemas serios para el control en su calidad, fue diez años después de su comercialización masiva que la agencia francesa anteriormente mencionada determinó que las prótesis estaban fabricadas con un gel de silicona no apto para seres humanos.

PIPcita3 Con aproximadamente 40.000 víctimas, Venezuela es el segundo país que presenta mayor número de afectadas por los implantes mamarios PIP. No es casual. Durante muchos años la popularidad, la facilidad y la accesibilidad por costos de un tipo de cambio subsidiado, empujaron un boom de intervenciones quirúrgicas. En 2009, por ejemplo, se registraban un promedio de 30 mil operaciones de ese tipo al año en el país. Eran tiempos, también, de “turismo-bisturí”, como lo definió Rosi Oyón, gerente de ventas de la corporación Zuider, que representaba a unos laboratorios franceses en Venezuela en 2009, según reportaba entonces la agencia AFP: “Hay pacientes que vienen de Colombia, de Estados Unidos, de Ecuador, de las islas del Caribe. Se operan y pasan unos días de vacaciones”, decía. El país con más víctimas por el caso PIP es Colombia, con 60.000.

Una década más tarde, el asunto es una preocupación latente. “Tener PIP equivale a poseer una bomba de tiempo en tu cuerpo”, comenta Nohemi López, con un ligero quiebre de tristeza en su voz. Para ella, el simple hecho de mencionar este tema altera sus nervios. Aun así, relata su historia.

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Convencida por el éxito de la mamoplastia de aumento de su hija, Karem Ávile, en 2010 decidió darle un retoque a su cuerpo con las siliconas PIP. “Yo inicialmente pagué la operación de mi niña porque ella tenía una mama más grande que la otra. Estaba entrando a la universidad en esa época y no quería que se sintiera mal. Luego me convenció y me hice la cirugía. En ese momento nos vendían estos implantes como los mejores del mercado”, comenta.

Dos años más tarde, y por redes sociales, López se enteró de las consecuencias de este producto y tomó como prioridad sustituir los implantes de su hija, aun cuando significaba adquirir un puñado de deudas. Logrado el objetivo, hubo un respiro momentáneo.

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Una operación estética se convirtió en un tormento. Confiada en que en algún momento obtendría la cantidad suficiente de dinero para hacer el cambio de sus prótesis, como muchas mujeres, López no previó el colapso económico del país. Mucho menos, una complicación en la esclerosis múltiple de su hijo. “Cuando vi la oportunidad para operarme, el doctor cambió el tratamiento de mi hijo, que era intravenoso, por uno oral con pastillas”. Enfrentar la escasez y los costos abultados pasaron a ser prioridad. La mamoplastia pasó a segundo y hasta a tercer plano. Y aún es un pendiente.

López padece dolores en los senos, unos “pinchazos”, asegura percibir unas “peloticas” y registra dolencias en la espalda. De acuerdo a su cirujano plástico y su ginecóloga, no presenta encapsulaciones, infecciones ni ruptura en los implantes. “No sé si son los mismos nervios y el daño mental que me ha causado PIP, pero desde hace un tiempo tengo esas molestias”, asegura.

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Según la Asociación Mundial de Víctimas de Implantes PIP, PIPA World, la lista de consecuencias médicas de estas prótesis aún no se ha completado. No obstante, las sensaciones que presenta López encajan dentro de las complicaciones de los pacientes con implantes PIP. Con una tasa de ruptura seis veces mayor que otras marcas, sus síntomas derivan en inflamación en los ganglios, astenia, alopecia, erupciones cutáneas, ardor en los pezones, entre otros síntomas. A su vez, la característica porosa del plástico que protege el gel de silicona también genera que este líquido se disperse por el cuerpo y el sistema linfático, ocasionando deterioro en algunos órganos, reporta Pipa World.

Sin ser experta en implantes mamarios, la recomendación de la cirujano plástico venezolana Deysi Román se basa estrictamente en el retiro de las prótesis, incluso si la paciente no presenta síntomas, ya que siempre hay filtración de gel. “He visto muchísimas reacciones inflamatorias, retracción de cápsula con gran engrosamiento, gel en los ganglios axilares y, en ocasiones, rechazo al nuevo implante”, recalca.

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Del quirófano al tribunal

En mayo del 2019 falleció el fundador de PIP, Jean-Claude Mas dejando a miles de víctimas sin respuestas. Mas había sido condenado a cuatro años de prisión en el 2016 por fraude y engaño agravado. El director general Claude Couty, la directora de calidad Hannelore Font, el director técnico Loïc Gossart y el director de productos Thierry Brinon recibieron 18 meses de suspensión. Aun así, los abogados PIPA Word continúan las investigaciones, a pesar de la muerte de Mas.

Aunque uno de los procedimientos penales que aún se investiga en contra de la empresa PIP es por lesiones y homicidio involuntario; se desconoce la cifra de mortalidad que existe a causa de las prótesis mamarias de la empresa. En Venezuela, se presume que existe un solo caso, una mujer de 40 años de edad que falleció en el 2017 en quirófano durante la extracción de la prótesis mamaria. Sin embargo, Roberto León Parilli, presidente de la Alianza Nacional de Usuarios y Consumidores del país (Anauco), explica que la causa de muerte no fue directamente por consecuencias inmediatas del implante, sino por una complicación dado el exceso de anestesia suministrado durante la operación para su extracción.

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Lo cierto es que la vida y salud de estas mujeres peligran. La mayoría de ellas sin posibilidades económicas para costear un cambio de implantes se adhirieron a PIPA World, bajo el anhelo de cobrar una indemnización de aproximadamente 9.000 euros por daños morales, ansiedad y gastos de sustitución de prótesis. Igualmente, quienes ya se han retirado los implantes tienen derecho a cobrar la compensación.

Los resarcimientos correrían por la empresa alemana TUV Rheinland, que luego de hacer 13 inspecciones en los locales PIP certificaron con el marcador CE (Conformité Européenne) sus implantes mamarios, permitiendo su circulación en los países de la Unión Europea y, finalmente, del mundo. Pese a que algunas afectadas han recibido 3.000 euros como compensación, hasta ahora ninguna víctima ha cobrado una indemnización plena.

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El largo camino judicial no ha estado exento de pequeñas victoria para las pacientes. En 2018, el Tribunal Supremo francés anuló las medidas tomadas por parte Tribunal de Apelación de Aix en Provence que había eximido a TUV Rheinland de toda responsabilidad, dando inicio a un nuevo juicio colectivo. Según León Parilli solo se espera que la Corte Suprema emita el monto para las indemnizaciones.

Actualmente, existen cuatro procesos judiciales denominados: TUV 1, TUV 2, TUV 3 y TUV 4. Cada uno representa a un grupo de afectadas que esperan el cierre de las apelaciones para el cobro de sus respectivas compensaciones. Este año se espera la apertura del proceso TUV 5.

En el caso de las mujeres que se encuentran en Venezuela, el conflicto es aún mayor, pues con un sistema de control cambiario complejo la mayoría no puede manejar divisas para pagar algunos detalles procedimentales como estampillas e impuestos necesarios para entrar en el proceso judicial. Asimismo, no poseen cuentas bancarias en dólares para recibir la indemnización cuando sea ordenada.

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En este sentido, León Parilli, abogado que representa 5.000 mujeres venezolanas víctimas de los implantes PIP, se ha enfocado en realizar alianzas con organizaciones extranjeras, buscar medios de pago en otras latitudes y demás diligencias pertinentes al proceso. “Hemos hecho una cantidad de cosas que si fuese un país que no tiene control de cambio y con condiciones económicas normales no tendríamos que haber hecho”, advierte.

Anauco y PIPA World celebraron su alianza el 9 de mayo de 2019 y consiste en dos aspectos. El primero compete a la agilización de adhesión de la víctima al caso, sin necesidad de enviar documentos ni pasar por procesos difíciles. Y el segundo, a los gastos. “La organización PIPA ahora se hace cargo de todos los costos que tiene la mujer en el proceso judicial, PIPA lo asume y lo cobrará al final”, explica.

El tiempo no lo cura

Kelly Rodríguez pertenece al grupo TUV 2, en el cual hay 600 afectadas venezolanas que no posee cuenta bancaria extranjera. En su caso, hizo un gran esfuerzo económico para sustituir los implantes apenas supo del riesgo de mantenerlos en su cuerpo. “Recuerdo que éramos demasiadas mujeres alteradas peleando por un cupo para la cirugía, también habían chicas que ya presentaban complicaciones graves, a ellas las atendieron primero”, rememora.

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En 2012, mismo año en que se operó, se adhirió a la causa de PIPA World, y posteriormente a Anauco, a través de la red social Facebook. “Empezamos a interactuar muchísimo, porque habían muchas opiniones e información que al final no era tan concreta porque habían muchas personas que estaban al frente. Ya después cuando Anauco asume la situación se fue cerrando y organizando”, relata Rodríguez, quien sin expectativas, espera su indemnización.

Sin embargo, a medida que pasa el tiempo los peligros para muchas mujeres aumentan. De acuerdo a los datos suministrados por PIPA World, se estima que 50% de aproximadamente 400.000 pacientes no se han retirado los implantes debido a que no pueden pagar la cirugía. En Venezuela la sustitución de las prótesis varía entre los 2.000 y 3.000 dólares, mientras el salario mínimo se sitúa entre tres y cuatro dólares mensuales.

Yosmary Izaguirre PIPcita1 Entonces, la tristeza y la depresión rondan. Adriany Herrera, de 31 años, dedica su tiempo al cuidado del hogar y de su pequeña de cuatro años, y lleva una rutina interrumpida por el temor a la rotura de alguna de las prótesis mamarias PIP que porta en su cuerpo. Diariamente, evita alzar a su hija o hacer alguna actividad que requiera de mucho esfuerzo físico. Incluso, carga consigo una pequeña cartera rosa que no sobrepasa los 300 gramos solo con objetos básicos: sus documentos, tarjetas de débito, maquillaje ligero y su teléfono. De sufrir una filtración del gel de silicona, ni Herrera ni su esposo pudieran cubrir los gastos de una cirugía. “Él es policía y no gana suficiente dinero para hacer la sustitución, por eso soy extremadamente cuidadosa al realizar de mis diligencias”, afirma.

El trauma inició hace cuatro años. Herrera se operó en 2009, pero fue en 2015 cuando se enteró de la polémica de los implantes PIP a través de la televisión. Fue una época oscura para sus pacientes, ya que el Tribunal de Apelación de Aix en Provence habría absuelto a TUV Rheinland de cualquier indemnización. Era información nada fácil de digerir, mucho menos con cinco meses de embarazo. Del susto, Herrera sufrió una neuritis intercostal. “En ese momento pensé que se me habían reventado las prótesis. Inmediatamente fui con mi cirujano y me tranquilizó, era solo un aire”, recuerda. Pero el estrés y la angustia permanecieron con ella.

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No todos los implantes PIP son nocivos para la salud, algunos de estos contienen suero sanguíneo o hidrogel no letal para el ser humano, informa PIPA World. Con la posibilidad de que sus prótesis pertenecieran a este lote, Herrera no perdió la esperanza hasta que, luego de registrarse, recibió un correo electrónico con el contrato de PIPA World que confirmó que es portadora de los implantes peligrosos.

A partir de ese momento, solo el apoyo emocional de su esposo y el amor que siente por su hija la mantienen firme y lejos de caer en depresión. No obstante, desde hace un par de meses presenta dolores en su seno izquierdo. Ahora Adriany lucha contra la ansiedad. “Apenas empezaron los dolores fui con mi ginecólogo y cirujano. Me dijeron que aparentemente todo está bien y que de haber una rotura en el implante, solo se puede determinar en el momento de su extracción”, resalta.

Como ella, Yosmary Izaguirre se enfrentó a un embarazo con sus implantes PIP. En su caso, desde 2010 sabía lo que implica portar estas prótesis, pero no ha tenido los medios económicos pagar una sustitución. Gracias a los testimonios de algunas conocidas con prótesis PIP que tuvieron hijos y amamantaron sin ninguna consecuencia, la mujer decidió tener su bebé. “Igualmente no salí ilesa porque mis senos se enconaron y presenté mucho dolor”, comenta.

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Izaguirre todavía se pregunta si la infección que presentó durante el último mes de embarazo fue producto de los implantes PIP. Según su ginecólogo, la mastitis es una infección común entre las embarazadas. Luego de tres meses del parto, la infección mejoró pero nunca pudo amamantar. Eso sí, ya no usa blusas ajustadas, sostenes de copa ni duerme boca abajo.

Se cumple una década desde que las PIP comenzaron a ser noticia, y siete años desde que Hugo Chávez anunció que su gobierno actuaría “para proteger” a las venezolanas afectadas. En 2012, la entonces ministra de Salud, Eugenia Sader, anunció que los hospitales públicos retirarían los implantes de manera gratuita. En 2019 aún ese reloj hace tic tac.

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