Las huellas del maestro Carlos Cruz-Diez sobreviven en Caracas

En la capital de Venezuela el color se transforma, se siente y se vive a través del arte cinético y cromático del maestro Carlos Cruz-Diez. Fallecido el 27 de julio de 2019, su vida y trayectoria no solo quedó plasmada en museos prestigiosos del mundo, sino también en las calles, edificios y rincones escondidos de Caracas, con mayor o menor fortuna en cuanto a mantenimiento y restauración 

Un legado artístico inmortal. Con su innovación en el campo cromático, el artista plástico Carlos Cruz-Diez hizo del espectador parte de su creación, y a su obra, patrimonio cultural de todos. Entre el tráfico y el bullicio callejero, 26 de sus piezas se acobijan en la ciudad e, inevitablemente, se integran a la cotidianidad de sus habitantes.

Dispersos en la urbe, sus modelados cinéticos expuestos a la intemperie brindan, a quien se detiene a apreciarlos, un respiro dentro del caos caraqueño. Sin embargo, como víctimas del clima, agentes externos y, en ocasiones, el vandalismo, algunos simplemente se han desvanecido con el tiempo.

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Cubierto de tierra, deshechos y marcado con grafitis, el Muro de color aditivo (1975), que abarca un kilómetro y trescientos metros del margen izquierdo de la pared que contiene al río Guaire, es ejemplo de ello. Sin duda, una de las obra más descuidadas de la capital, cuya pigmentación apenas subsiste y se marchita bajo la mugre.

A pesar de que pudo haberse conservado con una limpieza periódica, ahora esta pieza es ella con sus manchas, sus colores opacos y partes perdidas, así lo afirma la restauradora de obras plásticas Ingrid Lozano. Sin embargo, comenta, es imprescindible su mantenimiento. “Incluso, elementos como el agua y el sol son agentes de deterioro muy dañinos para los materiales artísticos. Dependiendo de la ubicación, se debe prevenir el cuidado de la pieza. Con esas obras tan expuestas hay que tener muchísimo cuidado desde el punto de vista del control de los factores externos y su mantenimiento, que además debe estar supervisado por un especialista”, señala Lozano.

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Entre las piezas de Cruz-Diez que se han perdido se encuentran inducciones cromáticas y colores aditivos de los pasos peatonales de la ciudad,  La inducción al amarillo (1975) plasmada en el piso de la plaza La Pastora, así como los pasos peatonales que se hicieron frente al Museo de la Estampa y el Diseño que lleva su nombre, en plena avenida Bolívar. En estos casos, los colores estampados en el suelo se vieron perjudicados por la “intención de trastocar la rutina urbana” de Cruz-Diez. La circulación de vehículos y personas ocasionaron su desgaste, y posterior desaparición en el primer caso, y su desvanecimiento en el segundo.

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Como explica Lozano, el deterioro de estas obras es inevitable, la historia de cada una no puede ser alterada y, menos, intervenida por el restaurador dado su valor cultural. En muchas oportunidades, cuando una escultura exhibida al aire libre se encuentra desgastada, se convoca a un debate entre expertos para decidir si se cambia su naturaleza o se deja cumplir el fin de su ciclo. Hasta hace poco, con el maestro Cruz-Diez presente, tomar esta iniciativa para la restauración de alguna de sus esculturas era más sencillo. Pero, tras su muerte, el compromiso de autorizar una reparación corresponde al Taller Cruz-Diez. Sin embargo, Lozano señala que la responsabilidad del mantenimiento de estas piezas es de la institución donde se encuentre. “En caso de estar ubicada en la calle compete a la Alcaldía”, asegura.

De vuelta a la vida. Detrás de la estatua del ilustre Andrés Bello elaborada por el chileno Nicanor Plaza, Cruz-Diez resalta otra de sus trampas de luz donde el color cobra dinamismo. La Fisicromía cóncava-convexa doble faz, creada para cubrir los ductos de ventilación del Metro de Caracas, adorna la Plaza Venezuela desde 1982. Sin embargo, para 2007 su mal estado era imposible de disimular, la mayoría de las baldosas de cerámica y paredes semicirculares habían desparecido.

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Entonces, 15 meses de restauración de la mano de José Armando “Nanín” García, bajo la asesoría del maestro Cruz-Diez y promoción del Centro de Arte La Estancia de Petróleos de Venezuela rescataron la escultura. Se refabricaron los  perfiles, aletas, platinas, ganchos de hierro y la tornillería y se rehabilitó la fábrica en Valencia que originalmente dio lugar a las losas de cerámicas de la escultura urbana. En 2008 quedó como nueva, pero los factores externos y la falta de cuidado por parte de las instituciones hicieron de la suyas. En la década que ha pasado, la emblemática pieza ha perdido color y belleza con la ausencia de sus baldosas de cerámica, algunas dispersas en el suelo.

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Según Lozano, una nueva restauración requiere de un proceso largo. Explica que primero debe pasar por una observación para verificar si en efecto hay deterioro. Luego, se realiza un análisis de su ubicación y de sus condiciones. “Esta etapa requiere de diversas opiniones, entre ellas las de curadores de arte, restauradores y químicos. Junto a estos especialistas determinas cómo se va a restaurar la pieza. Este proceso puede durar hasta años y el resultado nunca es el más óptimo”, indica Lozano.

El ministro de Cultura, Ernesto Villegas, a propósito de la muerte del maestro, admitió el mal estado de las obras de Cruz-Diez y señaló que el gobierno iniciará el proceso de restauración y mantenimiento a distintas piezas del artista. Otros funcionarios solo se han limitado a lamentar la muerte de uno de los más grandes artistas venezolanos a través de las redes sociales.

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No obstante, Caracas todavía es escenario del arte de Cruz-Diez. Si bien no se encuentra tan menoscabada como el muro de color del Guaire o la fisicromía de Plaza Venezuela, dos cromoestructuras cilíndricas hacen juego con la cerca de la Universidad Alejandro Humboldt. Las tres piezas en conjunto conforman una Ambientación Cromática (1982) expuesta a la intemperie, e instaladas cuando el recinto era la sede de la Compañía Anónima Venezolana de Navegación. A pesar de que por los momentos solo puede ser apreciada con detalle por sus estudiantes, cualquiera que pase por la avenida Rómulo Gallegos se puede percatar de su existencia, aun cuando predomine la sobriedad en su color y un poco de desgaste en su estructura.

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“Una obra de Cruz-Diez realizada en los años 80 o 90 que se elaboró con los mejores materiales que habían en el momento y tecnología de punta, es posible que sea más susceptible a sufrir más deterioro que una realizada con esta tecnología nueva. Es una cuestión de avances, no de técnica de ejecución o de malos procesos de preservación y conservación de la obra”, afirma Lozano.

Por otro lado, una Fisiocromía doble faz (1993) destaca en la entrada del Centro Plaza, en el municipio Chacao. Al ser una de las más recientes, resplandece el día a día del caraqueño. Sin embargo, no escapa del deterioro. Allí, el pasado 3 de agosto, el alcalde Gustavo Duque, el Concejo Municipal y la embajada de Francia además de homenajear a Cruz-Diez anunciaron la recuperación de todas las obras que se encuentren en la jurisdicción, incluyendo los pasos peatonales en un proyecto denominado “Chacao cruza por el arte”.

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Catálogo urbano

Quienes transitan por la calle Londres de las Mercedes no imaginan once metros de arte cromático bajo el techo de la sala de la Torre ABA. Hace juego con el suelo y las rejas, que resguardan la entrada del edificio, también obras de Cruz-Diez, pero a diferencia de su cubierta, su limpieza es constante. “A las rejas siempre le pasamos un trapito. Pero, desde hace unos 15 años, el techo no se ha tocado”, afirma el vigilante del lugar, quien es consciente del valor cultural que resguarda.  Aun así, a simple vista parece estar intacto.

Como joyas escondidas, varias de las denominadas Fisicromías del maestro del color se contemplan desde el interior de alguna institución pública, aun tomada por el gobierno chavista. Sin sospecha, cuatro de ellas se resguardan en la Universidad Bolivariana de Venezuela, antigua sede de la empresa petrolera Lagoven; la primera instaurada en 1981 y el resto como parte de una Ambientación Cromática una década más tarde.

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Otras residen, por ejemplo, en el Palacio Municipal, el Ministerio de Relaciones Exteriores (en el edificio que correspondía al Banco Nacional de Descuento cuando se instaló la obra), la biblioteca de la Universidad Simón Bolívar así como su Laberinto Cromovegetal, en la sede del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), en el Banco Central de Venezuela y en la bilbioteca Jacobo Bentata enombrada por el chavismo como Lisandro Alvarado.

De sus últimas intervenciones en la capital están dos en la Torre La Previsora y en el edificio Banesco de El Rosal. A la primera se le añadió la obra cuando cambiaron las puertas de entrada y se sumó una cromoestructura y una fisicromía en el lobby del edificio en 1992. Un recepcionista comentó que a pesar de limpiar constantemente ambas obras, cuando requiere de algún tipo de restauración se consulta con el Taller Cruz-Diez. El segundo sitio muestra en su entrada, sobre la acera, la Cromovela Banesco, de 1993.

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Muchas de estas piezas se integran a la arquitectura de edificaciones del Estado, por lo que fotografiarlas e, incluso, apreciarlas puede resultar una odisea. Algunas otras están en recintos privados, como la sede del Banco Venezolano de Crédito, donde una Transcromía adorna un techo; o la del Banco Provincial con varias intervenciones en su lobby de entrada.

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Por fortuna, Cruz-Diez también heredó sus obras a lo que hoy en día son espacios culturales. El Centro Cultural BOD, antes Banco Consolidado, posee una Fisicromía (1988) de 40 metros de ancho se despliega en su estacionamiento. Al estar bajo techo, sus colores y materiales se preservan. En ese mismo edificio hay una Fisicromía Mural instalada en 1982.

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Igualmente, en la sede del Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela una Ambientación Cromática (2007), compuesta por el color aditivo de 1.500 butacas, el telón de la sala de conciertos y una inducción cromática en el suelo de la institución -que hace juego con el techo decorado por una obra de Jesús Soto, funciona como un espacio de encuentro para la música, la cultura y el arte. Un empleado del lugar, asegura que no hay un solo día en que falte su limpieza. De acuerdo a Lozano, a diferencia de las obras expuestas a la intemperie, las piezas de Cruz-Diez amparadas bajo techo tienen un plazo de vida más extenso. Eso, siempre se cumpla con su mantenimiento adecuado.

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