El futuro con o sin Sanvicente
El “trabajé mucho por llegar donde estoy” es la frase que enarbola para convencerse de que un triunfador como él, no puede darse por vencido en el mayor reto de su carrera en los banquillos.
El “trabajé mucho por llegar donde estoy” es la frase que enarbola para convencerse de que un triunfador como él, no puede darse por vencido en el mayor reto de su carrera en los banquillos.

El encuentro con el presidente de la Federación Venezolana de Fútbol que Noel Sanvicente anunció en medio de su desahogo post derrota ante Ecuador, ya tiene fecha. Será el lunes 23 de noviembre, cuando el jerarca del ente futbolero solicite la “memoria y cuenta” de 2015 al seleccionador y se desvanezca así la polvareda sobre la incertidumbre en el entorno Vinotinto al respecto de una posible desvinculación (vía despido o renuncia) del cargo de técnico de la Selección Nacional, cumplidas las cuatro primeras fechas de eliminatorias mundialistas.
Hay dos escenarios, más que lógicos, que derivarán cuando Sanvicente y Laureano González se levanten de sus sillas y abandonen la Torre Mega II de Sabana Grande: la continuidad del seleccionador o su salida del cargo, un camino de dos que se tomará dependiendo de la decisión que adopte uno de los dos dialogantes.
Estadísticas en el papel, González no puede estar nada satisfecho con el ejercicio de las funciones de su empleado durante el año en curso: eliminado en la primera ronda de la Copa América, sin puntos en cuatro fechas del camino al mundial de Rusia, cuatro victorias (tres en amistosos), ocho derrotas en 12 partidos y ocho encuentros consecutivos sin ganar. A eso se le debe agregar un elemento que ha dejado de ser subjetivo para ser un factor totalmente influyente en el mal desempeño de la Selección: un conflicto evidente entre el cuerpo técnico y sus dirigidos.
Ahora bien, ¿qué supuestos pudieran suscitarse a partir de cada una de las decisiones?
Escenario 1: Continuidad de Sanvicente. Ya lo asomó el técnico luego del partido ante Ecuador. Iracundo por el resultado y por los “regalos” que sus dirigidos están brindando a los rivales en cada duelo mundialista, prefirió lanzar una alta cuota de responsabilidad al grupo de futbolistas y advertir que en público, ante los medios, no se iría. Es la interpretación de que un mar de dudas inunda el cerebro del guayanés, que se niega a tomar una decisión de la cual teme se pueda arrepentir cuando ya sea muy tarde. El “trabajé mucho por llegar donde estoy” es la frase que enarbola para convencerse de que un triunfador como él, no puede darse por vencido en el mayor reto de su carrera en los banquillos.
Por eso, creo que Sanvicente no renunciará. Está convencido que puede dar un vuelco a la situación y los resultados llegarán (aún cuando ya sea prácticamente inalcanzable el objetivo que él mismo impuso de llevar a Venezuela al mundial). No es cuestión de orgullo, es de saberse convencido que, teniendo un grupo que pueda asimilar sus ideas (e idiosincrasia) y además, admita sus formas, puede comenzar a ganar. Se lee fácil, pero la complejidad extiende la decisión hacia dos vertientes: la primera, contar con la venia federativa de poder descartar los jugadores que no cumplan con el “compromiso” que él de ellos exige, y la segunda, un acercamiento inmediato con el grupo tratando de cerrar las brechas que han fraccionado la relación cuerpo técnico – jugadores. Luego de eso, tratar de hacer que el equipo juegue.
La continuidad implica además que pueda existir la extrema medida de algún futbolista que decida descartarse de las convocatorias, tal como ocurrió en Bolivia con Marcelo Martins y Ronald Raldés, que se autoexcluyeron de la Selección por mantener diferencias “irreconciliables” con Julio César Baldivieso. Es un escenario poco probable, pero factible.
Ahora, es complicado que todas esas facilidades le sean brindadas a un técnico cuyo aval de resultados y de juego no le ampara en nada. La fe que pueda tener Laureano González en el proceso de Chita y el evitar un desembolso económico astronómico en su despido y la llegada de un nuevo seleccionador (sabiendo la emergencia en la que se encuentra la caja fuerte de la FVF), son factores que serán determinantes para que los federativos avalen la continuidad.
Algo sí será seguro en este escenario: no habrá mínimo margen de error ante Perú y Chile en marzo.
Escenario 2: Salida de Sanvicente. Bien sea por renuncia o por sentencia federativa, la no continuidad del seleccionador pondrá la palanca de cambios de la Vinotinto en neutro. Amén de la mencionada erogación económica, el sondeo de quien le sustituirá debe haberse hecho ya, por lo que se puede interpretar que antes de la reunión del lunes próximo, Laureano González debe tener la decisión adoptada. Mejor dicho, si la salida es la vía, el elegido para asumir el trono del técnico depuesto debe estar elaborando en este momento su plan de trabajo para develarlo en su presentación.
Y es altamente probable que la FVF considere que ya no va más Sanvicente. No solamente por haber perdido prácticamente el tren mundialista: hay un prestigio (si así se le puede llamar a todo el progreso que rodea a la Selección) alcanzado que no se puede perder, una necesidad imperiosa de rescatar la credibilidad del aficionado y un incendio en el camerino que necesita ser sofocado de inmediato. Sería necesario acabar con la agonía.
El nuevo inquilino del banquillo Vinotinto deberá asumir la difícil responsabilidad de encontrar el camino de la victoria en lo inmediato. Cuando Richard Páez tomó las riendas del equipo tras la salida de José Omar Pastoriza, el equipo estaba eliminado de cualquier posibilidad mundialista y después de un comienzo dubitativo, a punta de victorias, intrascendentes por aquel entonces cuando el objetivo hoy entendido como alcanzable era utopía, dio inicio a todo lo que en nuestros días significa la Selección Nacional.
No centro el análisis en quién vendrá, sino en todo lo que hay que reconstruir. Ese nuevo técnico deberá sincerarse y valorar como objetivo inmediato recomponer el juego y la identidad perdida, la misma que se fue con el espíritu de competencia que, admitido por los jugadores, se esfumó. Después, pensar si, ciertamente, es posible alcanzar el mundial de Qatar.
A pesar de la oscuridad que muestra la crisis, salir de ella puede ser más fácil de lo que aparenta.