¿Debo optar a un cargo público?

No queremos más partidocracia capturada por los malos estilos y por el poder de los corruptos y delincuentes. El pueblo pide respeto. Ya basta | Por: Felipe Pérez Martí

¿Debo optar a un cargo público?

Hola a todos. Ya es la tercera vez que me repiten que debo estar en un cargo importante.

Había comentado que soy un creyente en lo que dijo Jesús: “El más importante es el que sirve más.

No el que se sirve más de los demás y se pone en los primeros puestos para tener poder. Aquí se puede ver el debate previo:

Alguien que asuma un cargo público puede hacer eso: servir. No hay problemas. Pero, como he dicho, hay un contingente de unos 4.000 civiles de altísimo nivel para asumir cargos públicos. Desde lo económico, hasta lo social, lo jurídico y la gerencia pública en general. Muchos de ellos con PhD y maestrías en las mejores universidades del mundo y en Venezuela.

Eso, sin contar los innumerables candidatos naturales a ser alcaldes, gobernadores, consejeros ciudadanos.

Así que no soy “indispensable”, como se ha dicho en esta tercera vez en que se me insiste en el tema. Ni mucho menos. Entre los del mencionado contingente, hay gente que sabe mucho más que yo en campos específicos de la economía, incluso, que es mi área de conocimiento.

Ahora bien, en Venezuela hay un campo en el que sí que puedo aportar más: el de la promoción de la sociedad civil independiente. Pues aquí en el país hay una partidocracia engranada hasta los tuétanos. Es el asunto de la mala política y los malos estilos políticos que imperan aquí. Y no solo en los asuntos económicos, sociales jurídicos y de gerencia pública.

Por ejemplo, se ve como natural el caudillismo. La existencia de jefes, de caciques. Como también el nepotismo, el amiguismo, las tribus, las mafias de poder político. Manifestación, al fin y al cabo, de nuestra enfermedad: el rentismo. Que produce la cleptocracia y que captura la democracia a través de la partidocracia.

Y la sociedad civil se deja de lado. La doliente de todo esto, mientras teóricamente es la dueña. Como decía Jesús: a la que hay que servir. Pero que nadie la sirve realmente.

Así que por muy buenos que sean los que vienen a gobernar –y a gerenciar-ahora, debemos incluso entonces, no solo ahora, hacer un esfuerzo gigantesco para mantener a la sociedad civil, la abandonada, esclavizada, vejada, violada, hambreada, maltratada, en el puesto de “importancia”, ahora sí, que le corresponde: el más alto.

Así que mi vocación es servir a esa ciudadanía abandonada para que ejerza sus derechos. Como los consumidores en un mercado que funcione: deben ser los jefes, a través de sus juicios sobre los productos y sus acciones para comprarlos o dejar de hacerlo. Incluso, para boicotearlos,si les parece apropiado. Los productores deben obedecer sus mandatos y deben adaptarse, so pena de perecer, a sus gustos y preferencias.

En una democracia que funcione debe ocurrir algo similar: los ciudadanos deben evaluar el desempeño de sus políticos y gerentes públicos. Decir quién sirve y quién no. Escoger a quien le sirve y dejar de lado a quien no le sirve. En particular, deponer a quien se sirve de ella.

Eso no existe aquí: la contraloría social sobre la política.

Soy coordinador del Movimiento Libertadores. Y nuestra función principal es esa: ser como un CNE fáctico (realizamos la Consulta del 16J), que pone a los ciudadanos a decidir. No solo en votaciones. Sino tambiénen los juicios políticos (un tema tabú en la sociedad de cómplices que tenemos), en las acciones políticas (marchas, protestas), en la gestión directa (consejos ciudadanos que deben sustituir a los consejos comunales).

Así que seré fiel a ese objetivo: el de servir a la ciudadanía para que esta decida. Que salgamos de la cleptocracia y de la partidocracia.

Esta alianza de los del coraje que estamos promoviendo, que llamamos provisionalmente Pacto Republicano, es con partidos también, pues tienen su papel importantísimo que cumplir. Pero deben seguir esa norma: no servirse de la gente. Sino servirla.

En este momento, por ejemplo, se notan comportamientos de caudillismo, de promoción propia. De propaganda por una persona u organización. De pedir poder (representatividad) a la gente, en vez de dar poder a la gente. Eso es contrario al momento que vivimos, además de contrario a los principios aludidos. No hay elecciones.¿Cómo se promueven a sí mismos como si hubiera una elección?

Hay que propiciar que haya elecciones como deben ser, en particular según nuestra propuesta en este momento.

Pero antes de que se convoquen, hay que forjar una alianza que la promocione (el Pacto Republicano) y un acuerdo más que lo convoque (con Guaidó incluido). Y, sobre todo, promover el Poder Ciudadano: la autoorganización, el autogobierno. No podemos reaccionar ante la situación de desconfianza popular de los partidos proponiendo otros que parezcan mejores, pero que tienen los mismos estilos de autopromoción. Tanto de caudillos, como de grupos.

Es por eso que agradezco la invitación y la insistencia. Pero no. No optaré a cargos públicos de elección, ni de designación. Es incluso más importante, según mi llamado personal, aunque no tiene que ser el mismo de otros, en particular de los políticos, dedicarse a actuar para cumplir los objetivos de empoderamiento ciudadano para lograr lo que dice la consigna del Movimiento Libertadores: Que el pueblo decida.

Que el pueblo controle a los políticos y a la política. No solo a los de ahora, sino también a los que vienen y se están postulando como nuevos. Lo haré como un ciudadano más, que trabaja en el sector privado para ganar su sustento.

Termino diciendo algo que me comentaba un amigo. Sobre el caudillismo. Se relaciona con el poema La loca Luz Caraballo, de Andrés Eloy Blanco. Hablando de sus cinco hijos, dice el poeta:

Tu hija está en un serrallo,

dos hijos se te murieron,

los otros dos se te fueron

detrás de un hombre a caballo…”.

Queremos que los hijos de Luz Caraballo se queden con ella, que la ayuden en todo y la levanten de su abandono y su ignominia. Pues su marido y la sociedad la abandonaron, y debe reconstruirse la familia.  La familia venezolana.

No queremos más partidocracia capturada por los malos estilos y por el poder de los corruptos y delincuentes. El pueblo pide respeto. Ya basta. Y es mi tarea apoyar esa decisión ciudadana, que ya se está notando por todos lados, como “autogobierno”, ante el vacío de gobierno y de liderazgos políticos adecuados.  

Haga click aquí para leer el poema completo.