Energía y Petróleo

Acuerdo petrolero sin luz: ¿afecta la crisis eléctrica los planes de Washington?

Hay, en teoría, un plan para revertir el problema eléctrico. Es una condición para que el propio negocio petrolero, que necesita electricidad para elevar la producción, pueda cumplir lo que promete

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Esta semana, otra vez, varios estados del país se quedaron sin electricidad. No hay manera de precisar cuánto duró el corte en cada zona (Corpoelec no ofreció explicación técnica, y la información, como de costumbre, se fue armando a pedazos en redes sociales bajo la etiqueta #SinLuz), pero el patrón ya es familiar. Los apagones van y vienen mientras el gobierno negocia, en paralelo, el mayor acuerdo petrolero de la historia del país, un negocio que promete elevar la producción y, con ella, una demanda eléctrica que el sistema actual no parece estar en condiciones de sostener.

El corte de anoche ocurrió en medio de una crisis que ya es crónica. Los apagones rotativos y las fallas simultáneas se han vuelto rutina en buena parte del país, sobre un sistema que opera con un déficit estructural que analistas del sector ubican en unos 2.000 megavatios, frente a una demanda nacional que supera los 14.000.

Hay, en teoría, un plan para revertir esto, anunciado apenas la semana pasada por Washington. Pero mientras ese plan arranca, la realidad es que resolver el problema eléctrico no es un asunto aparte del acuerdo petrolero, sino que es una condición para que el propio negocio, que necesita electricidad para elevar la producción, pueda cumplir lo que promete.

El cuello de botella que ocasiona la crisis eléctrica

El último plan que promete resolver el déficit eléctrico en Venezuela llegó el 3 de septiembre, cuando el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, anunció en Caracas un conjunto de acuerdos con la empresa GE Vernova para intervenir infraestructura eléctrica ligada a la industria petrolera y recuperar componentes del Sistema Eléctrico Nacional junto con Pdvsa y Corpoelec.

La primera fase, dijo Wright, apunta a poner de nuevo en marcha activos que ya existen, entre ellos la represa de Guri, que hoy genera apenas la mitad de su capacidad, en un plazo de seis a doce meses. Después vendría 1 gigavatio de capacidad nueva en dos años, y otros 5 gigavatios en los cuatro años siguientes.

Mientras más de la mitad de la población venezolana sufre racionamientos eléctricos, del lado de las industrias el panorama no es muy distinto. Según el economista Asdrúbal Oliveros, el estado Carabobo, corazón del parque industrial del país, atraviesa una de las situaciones eléctricas más críticas de Venezuela, con un deterioro que se agravó en los últimos tres meses.

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Para Oliveros, el aumento de producción petrolera y minera le mete presión a un sistema que ya opera sin margen. «Es lo que los economistas llamamos una restricción de oferta», dijo en una entrevista concedida a Unión Radio esta semana, «un obstáculo que frena el crecimiento porque no está a tono con el ritmo que tiene el país». Dicho en términos más simples, estamos frente a un cuello de botella.

Ante esto, parte de la respuesta oficial pasa, precisamente, por sacar a la industria petrolera de ese cuello de botella. Desde junio, una reforma reglamentaria de la Ley Orgánica de Hidrocarburos exige a las petroleras que operan en el país, Chevron incluida, instalar su propia generación eléctrica y funcionar, en lo posible, fuera de la red nacional. Pero eso no resuelve el problema de fondo. Aunque los nuevos campos terminen generando su propia electricidad, la expansión que promete el acuerdo con Nabep (más pozos, más taladros, más plantas de tratamiento) sigue dependiendo de un aparato productivo, contratistas, transporte, las ciudades donde vive la fuerza laboral, que sí depende de la red pública.

Un sistema eléctrico que no alcanza para sostener a la población difícilmente va a sostener, a su alrededor, el impulso productivo que necesita la inversión petrolera para cumplir lo que promete el acuerdo.

Más producción, ¿más luz?

Según las estimaciones de Asdrúbal Oliveros, la producción petrolera venezolana creció unos 100.000 barriles diarios en 2025 y este año cerraría con un incremento superior a los 280.000 barriles diarios, casi el triple. Para 2027, proyecta otros 300.000 barriles adicionales. Sin embargos, en términos económicos, los efectos más visibles de ese repunte, dijo, se sentirán recién hacia la segunda mitad de 2027 y en 2028.

Ese calendario coincide, casi a la par, con el que se maneja para la electricidad. Según lo anunciado por Washington, buena parte de la nueva capacidad de generación debería estar en marcha en un horizonte similar, hacia 2027 y 2028. En teoría, los dos procesos, más barriles y más electricidad, están pensados para avanzar juntos. Pero mientras se comprueba si eso realmente ocurre, la opacidad que rodea tanto al contrato petrolero como al plan eléctrico deja instaladas las mismas dudas de siempre. ¿Cuánto va a costar?, ¿quién lo va a pagar? y ¿será que se dejará de ir la luz?

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