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El gobierno le da la espalda a su amigo, Esquivel

El presidente Nicolás Maduro se dio cuenta que algo no huele bien en la Federación Venezolana de Fútbol, que algo en el balompié nacional no marcha bien. Le cayó la locha luego de que Joseph Blatter renunciara a la FIFA. No antes, cuando el presidente de la FVF, Rafael Esquivel, fue detenido en un hotel de Suiza, acusado de corrupción, conjuntamente con otros seis directivos del ente internacional.

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Razones para que el «gobierno revolucionario» sospechara que algo andaba mal, existían desde hace mucho tiempo. La negociación para que la FVF adquiriera los terrenos donde se realizaría el Centro de Alto Rendimiento, en Margarita, era una señal de que ese proyecto estaba viciado desde el inicio. El trato se realizó en el 2000, como lo corrobora esta investigación de El Nacional.

Hugo Chávez Frías tenía un año en el poder y habían miles de cosas por hacer antes que preocuparse por un deporte que contaba partidos por goleadas. Sin embargo, la investigación que firma el periodista Ewald Scharfenberg es de 2005 y no tuvo eco en los organismos públicos. Por el contrario, el mejor socio para la Federación Venezolana de Fútbol fue el propio Gobierno. Sin él, no se hubiera celebrado la Copa América 2007.

Un cable de la Agencia Bolivariana de Noticias, con fecha del 22 agosto de 2006, reseña: «El presidente de la República, Hugo Chávez Frías, a través del decreto presidencial número 4.742, publicado en la Gaceta Oficial 38.502, de fecha 17 de agosto de 2006, comprometió a 13 ministerios para impulsar el desarrollo de la Copa América de Fútbol 2007, evento deportivo de más relevancia montado en el país desde los Panamericanos de 1983».

En el artículo 6 se lee:  «Los gastos que ocasione el funcionamiento de la Comisión Presidencial Interministerial Copa América Venezuela 2007, estarán a cargo del presupuesto del Ministerio de Educación y Deporte, sin perjuicio de los aportes que pudieran corresponderle a otros órganos y entes públicos, en razón de la naturaleza de las actividades que se desarrollen con ocasión del presente Decreto».

Ningún recinto estaba completamente terminado cuando se inició el torneo. Los estadios más presentables recibían pintura de última hora. Una vez parapeteadas las sedes, se presentó otro problema: conseguir entradas. Según el partido opositor Primero Justicia, el Estado compró 75% de los tickets, por lo cual el público que no estaba enchufado se quedaba sin entradas.

Quien escribe vio como funcionarios con camisetas alegóricas a alcaldías y gobernaciones repartían boletos a personas que llegaba en autobuses. Sucedió en Puerto La Cruz y Maturín. Después del torneo, Chávez Frías le entregó la Orden Francisco de Miranda en su Primera Clase a Joseph Blater, entonces presidente de la FIFA y al titular de la Federación Venezolana de Fútbol, Rafael Esquivel, hoy detenido en Suiza y separado de su cargo por orden del ente que rige el fútbol mundial.

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El Estado no solo dejó hacer y deshacer a Esquivel con la Copa América. En 2008 contribuyó con «400 mil bolívares fuertes aportados por el Ministerio del Poder Popular para el Deporte», para la culminación del Centro de Alto Rendimiento, que no se mostraría medianamente utilizable hasta 2013 y que, según el cable de ABN, debería culminarse en 2009.

Las buenas relaciones entre el Estado y la FVF se firmó en un pacto que excluyó a las Empresas Polar como patrocinante de la selección nacional. Sucedió en 2012. La compañía de alimentos pagó más de Bs.850.000 a la Federación Venezolana de Fútbol por concepto de patrocinio en el año 2011. El contrato por toda la eliminatoria previa a Brasil 2014 se calculaba en Bs. 2 millones. Esquivel de un solo plumazo rompió el contrato y le permitió a Pdvsa ser el principal sponsor.

El negocio no pareció favorecer los intereses de Esquivel. O al menos eso dice la historia porque dos años después Polar regresó al ruedo y con más fuerza.

Hace un año, días antes de ser despedido como director del diario Líder, el entonces Ministro Antonio Álvarez me explicó que el CAR sería una sede de la Universidad del Deporte. Eso, luego de llegar a un acuerdo con la FVF para colaborar con la culminación del recinto. La negociación demuestra que Esquivel siempre trabajó con la anuencia, no solo de este gobierno, sino de los anteriores, desde 1987, cuando la Federación no era más que un escritorio y dos sillas. El crecimiento de la selección y los intereses económicos cambiaron todo. Lo desconocido se volvió codiciable y el ex presidente del ente nacional sacó partido de ello. Lo que nunca calculó era que los políticos, que se enfundaban la chaqueta vinotinto antes de estar disponibles para el ciudadano de a pie, le darían la espalda.

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