«El fútbol soy yo». Eso es lo que se concluye tras leer la discutida entrevista que Fernando Bocha Batista le dio al medio insiders. Si lo que el técnico de la selección de Venezuela dice no fueran más que simples opiniones, no valdría la pena hacer una columna de ello. Lo vale porque el estratega miente.
Miente Batista al decir que «la mentalidad del jugador venezolano» cambió con él. Miente Batista al decir que la Selección tiene como meta «buscar el arco contrario». Miente Batista cuando dice que Venezuela «presiona alto». Peor aún, denigra de los entrenadores anteriores al decir que antes la Vinotinto tenía entrenamientos «light».
¿Qué elementos tiene Batista, que no ha dirigido nada antes de Venezuela a nivel de selecciones, para saber cómo eran los entrenamientos de la Vinotinto? Precisamente si algo intentó Noel Sanvicente fue llevar el exitoso trabajo de preparación física que lideraba Rodolfo Paladini en el Caracas FC a la Selección. No lo consiguió. La división posterior con jugadores consagrados pasó por el rechazo a este estricto plan.
De hecho, la mejor presentación de la Vinotinto en una Copa América en la historia fue con César Farías en 2011 (llegó a la semifinal), equipo que tenía como mayor virtud rendir los 90 minutos con el físico intacto. Aún duele las maneras como se perdió contra Paraguay, una Paraguay mundialista con un nivel 100 veces mejor que el de la Canadá que eliminó a los dirigidos por Batista.
Insisto. Batista puede tener mil opiniones. Todos vemos el fútbol de manera diferente. Lo que debe alertar es la mentira. Falsear la realidad es grave por el cargo que le ha dado la Federación Venezolana de Fútbol (FVF). ¿Por qué Batista falsea el pasado (obviando lo hecho antes) y el presente (como juega la Selección)? La respuesta es obvia: el técnico argentino no le habla al venezolano. No al menos que sigue a la Selección. Batista proyecta para lo que viene después.
La ecuación es sencilla. Para Batista todo es ganancia. Si clasifica a Venezuela, conseguirá lo que ningún otro técnico ha logrado. La felicidad del país opacará el «como sea», obviando el contexto: que Richard Páez, César Farías, Rafael Dudamel y otros estrategas no tenían esos cupos de más para soñar con el repechaje. Mucho menos los recursos que hoy otorga Jorge Giménez. Toca al periodismo no institucional recalcar que las selecciones de estos estrategas venezolanos jugaron mucho mejor. Eso, a pesar de contar con menos elementos de experiencia internacional.
Si Batista no clasifica al Mundial (algo que no deseamos), no pasará nada porque, siguiendo su misma línea de declaraciones, no hay precedentes. Incluso se podría inferir, haciendo repaso de ideas anteriores, que la culpa ni siquiera es del cuerpo técnico. En entrevista pasadas, el DT. ha asegurado que los jugadores debían «creérsela», poniendo el peso en los que ejecutan, no en los que planean.
En este contexto, Batista se lanza un salvavidas en la entrevista de insiders: «Prefiero que me recuerden más por el recorrido qué por la posible clasificación al Mundial». Toda esta milonga allana el camino para lo que el cuerpo técnico argentino busca: una vida después de Venezuela.
El presente se le complicó. Luego del fracaso de Valiño en las divisiones menores y una nefasta vuelta después de la Copa América, Batista ha demostrado sus propias limitaciones. Se aprovecha de la memoria corta y de un nuevo boom que desconoce la historia. Es normal que empiece a ver su futuro en algún equipo de Catar o del fútbol argentino.
Finalmente, una entrevista es un duelo de tenis de mesa. Hay que revisar también quién está del otro lado. El periodista hace una lamentable introducción (dice que fue «vivir un sueño» estar sentado con Batista años atrás) y elimina cualquier rasgo crítico de entrada. No interpela. El comunicador no prepara este encuentro para repreguntar, solo deja que su «amigo», como lo confiesa en el texto, lance reflexiones que apuntan a la hagiografía.
Batista consiguió resultados muy buenos en su primera vuelta y muy malos en la segunda. Su lucha se ha reducido a que los marcadores sean mejores que los de Bolivia. Con eso le basta para pelear el repechaje. No parece un gran logro para un técnico que se vende como el gran revolucionario del fútbol venezolano. Los números están allí, disponibles a la orden de todos. Depende de cada uno de los venezolanos, como sucedió durante la conquista española, comprarle o no esos espejitos.