Así se vive la guerra del Koki contra Caracas: plomo desde la madrugada

El miércoles 7 de julio la banda que opera desde la Cota 905 demostró que puede moverse por la ciudad en motos, camionetas y desatar una balancear por más de 24 horas. ¿Cuál es el objetivo? Los ciudadanos vecinos a la zona viven días de terror

Así se vive la guerra del Koki contra Caracas: plomo desde la madrugada

El audio de las 9 de la mañana recoge ese sonido que ya se está haciendo habitual: una secuencia de detonaciones a diferente ritmo y elevada intensidad. «Eso toda la noche», dice ella, que vive en El Paraíso y trata de mantenerse alejada de las ventanas de su casa: «Y sigue. En el edificio hay apartamentos con vidrios reventados por balas». La nueva demostración de fuerza -o de ira- de El Koki o El Coqui -o como sea que se escriba- que arrancó la tarde de ayer miércoles con un despliegue mayor al habitual, continúa hoy jueves.

«¿Cómo están ustedes?». Y la respuesta es otro audio, de otra vecina de El Paraíso, a las 8:15: «Desde la madrugada está así. Las niñas están nerviosas, vamos a tratar de salir de aquí».

-Hay seis tanquetas en la avenida Páez. ¿Para qué? No hacen nada, no entiendo para qué están ahí.

Nadie lo entiende. Tampoco se entiende que desde la Cota 905 la banda de delincuentes continúe disparando hacia El Paraíso, El Cementerio y Quinta Crespo. Y no solo que disparen desde allí, como lo están haciendo hoy otra vez: ayer bajaron del cerro, recorrieron largos trechos en motos y camionetas de lujo. Esto ya es otra cosa.

Alrededor de las 8 de la mañana se reportó un nuevo movimiento de delincuentes armados por El Cementerio, incluso dentro del propio Cementerio General del Sur. En la autopista, cerca de la entrada del túnel de El Cementerio quemaron un camión. Los comentarios de vecinos y de reporteros coinciden en sus descripciones de lo que ocurre hoy: disparos contra vehículos, gente armada circulando casi a placer, vías cerradas y recomendaciones de que no se acerquen a estas zonas de la ciudad.

Y, claro: el miedo puertas adentro.

«Me meto en el clóset»

Nathaly vive con su mamá en un piso 18, en El Pinar. Su edificio está a unos kilómetros de la Cota 905, a la altura del Club de Suboficiales de la Policía y del zoológico. Se supone que es una de las zonas más tranquilas del sector. Aun así, cada vez que hay enfrentamientos entre bandas de delincuentes y con la policía, vive un auténtico terror.

«Oímos los tiros tan cerca y tan fuerte que nos da mucho miedo. Yo lo que hago es meterme en el clóset. Es espacioso, así que me escondo allí hasta que la balacera baje. Se oye todo clarísimo. Ayer y hoy (7 y 8 de julio) ha sido de terror. Nunca había sido tan intenso. No paran», dice.

Su mamá y ella han pensado mudarse pero saben que el apartamento perdió mucho valor. «Costará venderlo, a pesar de ser grande y cómodo», comenta, resignada.

Mientras tanto, hoy le toca seguir en su trinchera improvisada, entre camisas y pantalones, rogando que no entre una bala perdida, que no solo van a dar a El Paraíso y que en realidad no son tan perdidas: le están disparando a la gente común, a los edificios, a los vehículos. Y a lo que está acá abajo, que son ciudadanos indefensos.

«Esta mañana entraron 3 balas»

Roberto vive en San Martín desde hace 31 años, en el conjunto residencial Las Américas. Y aunque no es tan cerca del meollo del conflicto armado, en sus edificios ya entraron tres balas y, mientras habla, se escuchan los bombazos y las ráfagas.

«La situación es muy terrible y preocupante», es lo primero que dice. «Desde las 5 de la mañana no han cesado los tiros. A los edificios Chile y Ecuador han entrado tres balas perdidas», expresa, refiriéndose a edificios del mismo conjunto.

Cuenta que los vecinos no saben dónde esconderse. Algunos han bajado a Planta Baja y se han resguardado juntos en sitios cerrados. Otros están encerrados en el baño.

«Las personas de tercera edad, sobre todo los que viven solos, están muy nerviosos. Es que esto es aterrorizante. Sentimos que nuestra ciudad está tomada por las megabandas organizadas. Y ¿cómo es posible que los cuerpos de seguridad no puedan brindar la paz que los vecinos pedimos desde hace tantos años? ¿Cómo puede ser que ni con blindados hayan podido neutralizar a los delincuentes?»

«Ametralladoras y explosiones durante horas»

Miguel Peña vive, desde hace más de 20 años, con su esposa y su hijo en las calles internas de Montalbán.  Y confiesa que, hasta este año, nunca había oído tal nivel de balas, ametralladoras y explosiones como el que se irradia desde la Cota 905 a todo el Oeste.

«Como nosotros estamos en la parte de adentro de la urbanización, nos limitamos a no salir, y a establecer un lugar de refugio por si acaso es necesario. Pero tenemos vecinos de la avenida Teherán, a pocas cuadras de nuestro edificio, que tienen que dormir en los baños y no se atreven ni a ir a la sala», comenta este sociólogo.

La familia sabe que, si la guerra llega a su calle, deben correr al comedor, que está en el centro de la casa y rodeado de paredes.

«A mí lo que sobre todo me afecta es la sensación de mucho temor que da escuchar tiroteos, ametralladoras y explosiones constantemente durante horas seguidas. Son balas de alto calibre y ráfagas. También da ansiedad ver todas las entradas y los accesos cercanos rodeados por equipos antimotines», dice.

 

Todos los comercios, incluso los centros comerciales de su zona, están cerrados.

Miguel tuvo que salir muy temprano hoy 8 de julio porque a su mamá le tocó la cita de la vacunación. Debía buscarla y llevarla. En el camino, observó como vecinos de La Vega, «que tienen que salir a ganarse la vida», caminaban a riesgo de ser alcanzados por una bala para esperar un transporte público que, además, no puede hacer su ruta normal. «Se exponen por necesidad, y ni siquiera saben si van a poder regresar al final de la jornada», dice Miguel.

La posición oficial

Para la noche del miércoles los reporteros hablaban de 4 muertos y más de 10 heridos. A las 10:30 de hoy en la cuenta @DelmiroDeBarrio se informó sobre dos mujeres heridas en Quinta Crespo: una recibió un balazo en una pierna y la otra en la espalda. Otra versión indica que una de ellas estaba en Quinta Crespo y la otra en La Vega. Todo está ocurriendo ahora. Es confuso. Y lo que falta por ver: nada indica que El Koki vaya a ordenar un repliegue en esta guerra contra no se sabe quién.

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A lo largo de la balacera de ayer ninguna autoridad del gobierno de Maduro abrió la boca para decir algo a los ciudadanos.

Hoy, finalmente, la ministra de Relaciones Interiores y vicepresidenta de Seguridad Ciudadana entró a twitter para hacer anuncios: que los organismos de seguridad están «desplegados», que no descansarán hasta controlar la situación, que se activó «un nuevo operativo de protección y resguardo de nuestro pueblo en Caracas, específicamente de las parroquias La Vega, Santa Rosalía, El Paraíso, San Juan y El Valle», que hay control de tránsito en las vías de entrada y salida de estas zonas y que recomienda a todos quedarse en sus casas «permanecer en resguardo, mantener la calma y la confianza en nuestras instituciones de seguridad del Estado».

 

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