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La gasolina es otro Cadivi en la Venezuela chavista

El régimen de Nicolás Maduro dolarizó y privatizó parte del mercado de gasolina en Venezuela; ratificó un escandaloso subsidio a los combustibles y estableció un racionamiento con control social. Pero el nuevo mecanismo apunta a fortalecer un corrupto mercado negro similar al que ocurrió con el dólar en tiempos de Cadivi, el sistema de cambio diferencial.

La gasolina es otro Cadivi en la Venezuela chavista

A partir de este lunes 1 de junio, con un dólar se podrá llenar el tanque con 40 litros de gasolina de un automóvil compacto en Venezuela. Tener un camión de carga, un autobús de pasajeros o una motocicleta y un carnet emitido por el gobierno será de los negocios a pequeña escala más rentables en el país.

Algunos afortunados podrán seguir teniendo acceso a la que será de nuevo la gasolina más barata del mundo. De modo que podrán aprovechar un sistema de intermediación o arbitraje que dejará un margen de ganancia superior a 4.000 por ciento. Mucho más de lo que arrojan notables negocios ilegales.

Es lo que permite el nuevo esquema para el comercio de gasolina en este arruinado país.

Esto significa que con, digamos, 100 dólares en gasolina se podrán recorrer 50.000 kilómetros. Es mucho más de lo que consume un auto familiar para ir y venir entre una capital como Caracas y una ciudad dormitorio en un año.

El nuevo esquema recuerda el  modelo de Cadivi, el régimen de control de cambios diferenciales que rigió durante años del chavismo con y sin Hugo Chávez. Ese sistema permitió a muchos empresarios, funcionarios públicos y particulares enriquecerse y aprovecharse del populismo. El negocio era adquirir dólares a tasas subsidiadas provistos por el régimen y después venderlos o cambiarlos a tasas libres en el mercado paralelo.

Las mayores ganancias las facturaron los propios funcionarios y empresarios del régimen, al asignar las divisas a sus elegidos o desviarlas a sus propias cuentas.

Negocio de 200

De un total de 1.568 estaciones que quedan en el país, «1.368 estarán dispuestas para el subsidio» y 200 dolarizadas en manos de empresarios privados que han sido autorizados por el régimen para importar la gasolina.

No ha ocurrido, que se sepa, ninguna licitación para la privatización de esas estaciones de servicio, ni para la importación de combustibles por parte de privados.

Hasta ahora el monopolio del comercio interno de importación y exportación de combustibles era del Estado, de acuerdo a la Constitución y las leyes.

Este nuevo esquema de subsidios anunciado por el régimen de Nicolás Maduro tenderá a prolongar las enormes distorsiones que han hundido a la economía venezolana. Estas políticas no han podido ni de lejos debilitar una pavorosa hiperinflación que está entre las más largas y virulentas de la historia económica mundial.

Todo indica que el gobierno ha cambiado su estrategia para dejarla igual.

La noche del sábado, Maduro confirmó los rumores e  informaciones extraoficiales y anunció el nuevo esquema de racionamiento, liberación y subsidios. Algunos detalles los amplió este domingo su ministro de Petróleo, Tareck El Aissami.

«No hay ningún tipo de restricciones en estas estaciones…cualquier persona, cualquier día, cualquier carro o moto», puede acceder a ellas, dijo El Aissami.

«Ahora, los que quieren el subsidio, bienvenidos. Tendrán 1.368 estaciones en las que los vamos a atender con cariño», dijo.

Hombre clave

El subsidio total, de 100 por ciento para el transporte público y de carga durará por 90 días. En los 90 siguientes una mesa de trabajo de civiles y militares del régimen buscará mecanismos y opciones distintas,  «que garanticen un transporte público de calidad», dijo el funcionario.

«Pero mientras tanto, para no impactar el transporte público o que se afecten los precios de los productos y servicios se ha tomado la decisión de que por 90 días sea 100 por ciento subsidiado», recalcó.

Hay un detalle adicional sobre la figura y el papel de El Aissami en la trama de la gasolina.

Este estrecho colaborador de Maduro, es uno de los más poderosos civiles del régimen chavista.

Es ministro de Industrias, de Petróleo y vice presidente de Economía. Pero, está en la lista de sancionados por el gobierno de Estados Unidos, que lo acusa de narcotráfico. El gobierno de Maduro y el propio funcionario niega todos los cargos y los atribuye a una campaña política de Washington contra la llamada revolución bolivariana.

Lo cierto es que en el marco de las sanciones de la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros del gobierno de EE.UU) , cualquier particular que negocie de alguna forma con el régimen de Maduro, o con la persona de los funcionarios sancionados, está expuesto a penalizaciones.

No está claro cómo los privados escogidos a dedo para abastecer el mercado venezolano podrán eludir esas limitaciones, para fundar el negocio de importar combustible al país con las mayores reservas de hidrocarburos del mundo.

Privatización chavista

«Todos los que se vinculen a una corporación o individuo que esté en la lista OFAC corren el riesgo de ser sancionados», comentó el abogado Alejandro Rebolledo, uno de los principales expertos venezolanos en temas de anti lavado de dinero.

Para varios analistas ha quedado claro que el modelo será ineficiente para la economía y profundizará el desastre y la corrupción en el mercado de combustibles.

Maduro privatizó una parte del mercado de gasolina y lo dolarizó; ratificó un escandaloso subsidio a los combustibles y estableció un mecanismo de racionamiento y control social para el suministro de gasolina y diesel.

La postrada industria petrolera de esta ex potencia energética mundial sufre por años de ineficiencia y corrupción.

Maduro reconoció la noche del sábado que la petrolera rusa Rosneft vendía a Venezuela tres millones de barriles por mes de gasolina. Eso supone unos 100.00 barriles por día (bpd), es decir más de la mitad de lo que consumía el mercado nacional en 2018.

Refinerías como la de Amuay- Cardón, que en su momento  fue la mayor del mundo, con 930.000 bpd de capacidad de procesamiento, está semi paralizada y opera a muchos menos del 10% de su potencial, según fuentes de la industria.

El sistema de refino de Venezuela está paralizado tras años de mala praxis gerencial en menos de militares. La falta de inversiones, corrupción y, más recientemente, las sanciones aplicadas por Estados Unidos contra Maduro, su entorno y la petrolera estatal Pdvsa han hecho el resto.

Gasolina importada

Hasta hace poco el principal proveedor externo de gasolina, naftas petroquímicas y gasolina semi terminadas era Estados Unidos.

Maduro ha tenido que buscar otras fuentes de suministros, entre los que ha contado con sus aliados políticos Rusia, China, India, Irán y Suráfrica.

En Venezuela hay por estos días una fuerte escasez de gasolina, gas natural, diesel y electricidad. Las razones estructurales para esta escasez tienden a prolongarse en una economía colapsada, sin fuentes externas de financiamiento y que ha visto desplomarse los precios y la producción del petróleo, casi el único bien exportable que produce.

Los precios relativos dentro de la economía venezolana son tan desproporcionados, que ese dólar que costará un taque de gasolina a su vez equivale a 15 días de trabajo a salario mínimo. Ese ingreso lo ganan efectivamente muy pocos trabajadores, porque de ser así, «todos estaríamos muertos», como apunta el economista Francisco Contreras.

En las empresas del antiguo polo industrial de Valencia cuyos datos son accesibles, el costo de un trabajador es de 60$ por mes y puede llegar a $110 con  bonificaciones, apunta  Contreras.

Escasez crónica

El aumento que no es aumento real tampoco podrá solucionar el serio problema de escasez de un producto esencial para mantener viva a una economía en profunda depresión. Desde hace cinco años el régimen de Maduro ha pulverizado casi tres cuartas partes del tamaño del Producto Interno Bruto (PIB), o suma total de bienes y servicios, riqueza pues, que produce un país.

“Todo esquema de subsidio a un producto escaso y de alta demanda terminará en más corrupción, mercado negro y escasez”,  resume el empresario y activista político Jorge Botti, en su cuenta de Twitter.

Tras años de mantener unos precios absolutamente ridículos de la gasolina y el diesel, el régimen se atreve a aumentar. Pero los precios eran tan bajos que todavía con un dólar se podrá llenar un tanque y tener un cupo racionado de 120 litros por mes por vehículo.

El combustible seguirá siendo totalmente gratis para el transporte público y el de carga.

La congelación de los precios de los combustibles en Venezuela es desde hace tres décadas uno de los grandes problemas estructurales de una economía en ruinas.

En 24 años el precio de la gasolina sólo ha sido aumentado tres veces. Y eso que el país vive décadas de inflación y años de hiperinflación que han pulverizado el valor real de los  ingresos de los asalariados. También se extingue el valor real de los activos no transables, como propiedades inmobiliarias, el patrimonio de la banca y de las empresas manufactureras y comerciales.

En 1996 la gasolina de 91  y 95 octanos fue aumentada en 300% y 500% respectivamente.

El año 2016, Maduro se atrevió a aumentarla en más de 6.000% la de 95 octanos y en más de 1.282%  la de 91 octanos. Esos ajustes serían devorados por la inflación en cuestión de semanas.

Historia de errores

Uno de los pocos estudios minuciosos provenientes de una fuente oficial del chavismo, es del ingeniero Aiman El Troudi, ex ministro de Transporte. En 2018 presentó un documento para argumentar la necesidad de aumentar los precios de la gasolina y llevarlas a referencias internacionales.

Hace dos años en efecto Maduro comenzó a barajar la posibilidad de utilizar el sistema de control social llamado “Carnet de la patria” y “Plataforma Patria” para vender y regalar la gasolina del Estado.

Esa el mismo esquema usado ahora en 2020 cuando se decidió a cobrar la gasolina, obligado por la pérdida casi total de ingresos fiscales petroleros por exportaciones.

El Troudi señalaba entonces que el parque automotor venezolano era de 4,5 millones de vehículos. El 76% de esa flota eran vehículos particulares.

La tasa de ocupación era de 1,2 personas por automóvil.

El 16% del total de vehículos eran de carga, 4,8% motocicletas, dos por ciento transporte público y 1,2% eran taxis.

“De esta realidad, el dato crucial y relevante es reconocer que existe una distribución no equitativa del subsidio a los combustibles: tan solo el 8% del parque automotor (transporte público, motocicletas o taxis) moviliza al 80% de la población venezolana”, decía El Troudi, quien por ciento está bajo una investigación judicial junto con su suegra  y su esposa.

Gatopardo de octanaje

El país consume poco más de medio millón de barriles por día de combustible: gasolina 283.000 bpd y diésel 232.000 bpd, decía en 2018.

El consumo de diésel se distribuía así: 60.000 mpd en transporte público y de carga, y los restantes 172.000 bpd en termoeléctricas, otros usos industriales, aviación.

Los constantes apagones no planificados y racionamiento de electricidad en todo el país dan fe de que las plantas termoeléctricas tampoco funcionan al máximo. Pese a enormes inversiones anunciadas y nunca concretadas.

«Por concepto de contrabando hacia Colombia o vendido en alta mar, las estimaciones conservadoras de PDVSA refieren unos 100 mil barriles de petróleo por día, unos 45 mil barriles de combustible/día», decía El Troudi.

Seguirán los incentivos para el contrabando de la gasolina por tierra y por mar, porque el diferencial de precios entre la gasolina subsidiada y regalada será muy alto pese al aumento nominal.

Colette Capriles, una psicóloga y especialista en Ciencias Sociales acaso resume el punto central de todo esto: