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#jm de los ríos

Madres del hospital de niños relatan su lucha por la vida

Hace una semana las madres de niños hospitalizados que necesitan ser operados efectuaron una protesta en plena vía pública. Les pidieron un chance para ver si acomodaban los aires acondicionados de las salas quirúrgicas. Ellas prometieron regresar a la calle de ser necesario.

Crisis de salud en Venezuela

Herodes se ensaña con este hospital sin quirófanos ni anestesiólogos

En el JM de los Ríos, principal hospital público de niños de Venezuela, ni los aires acondicionados de las salas quirúrgicas funcionan. La Sociedad Médica asegura que el asunto va más allá: no hay anestesiólogos ni enfermeras suficientes para operar. Tampoco hubo insumos tan básicos como un guante. Nadie lleva la cuenta de los pequeños pacientes que se van sin una oportunidad.Hace dos años los médicos del servicio de cirugía del Hospital de Niños J.M. De los Ríos dejaron de contar las operaciones que no podían realizar por falta de quirófanos. Era una deuda que pasaba los 3.500 pacientes. Hoy en día esa lista invisible sigue creciendo. Y desde hace dos semanas se ha abultado mucho más, pues ninguna de las nueve salas quirúrgicas del hospital está apta para realizar intervenciones.

sobremesa caracas

Lovely Gourmet y Sobremesa Caracas quieren que Venezuela sepa a felicidad

Está claro que muchos no se conforman con la situación que pasa Venezuela, y han sabido moverse para poder contribuir con su granito de arena con aquellos que más lo requieren. La iniciativa de Ana Isabel Otero, si bien no es la única, ha hecho que se sumen esfuerzos y que amigos del gremio gastronómico como La Casa Bistró apoyaran la causa con la creación de su fundación Barriga Llena, Corazón Contento. Ahora le toca el turno a Lovely Gourmet y Sobremesa Caracas

La gran decepción de trabajar en el J.M. de los Ríos

Esta es la historia de José Antonio Dos Santos, un licenciado en enfermería y especialista en medicina crítica pediátrica del Hospital de Niños José Manuel de los Ríos. Desde el 2011, vivió a diario la desilusión de trabajar en un centro médico público sin los recursos necesarios para salvar vidas.

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