Grecia en Europa: Venezuela en América
El relato de esta “tragedia griega” contemporánea, ha sido capitalizado con mucha eficiencia por los círculos culturales y los entornos políticos de la izquierda ortodoxa clásica, dentro y fuera de Europa.
El relato de esta “tragedia griega” contemporánea, ha sido capitalizado con mucha eficiencia por los círculos culturales y los entornos políticos de la izquierda ortodoxa clásica, dentro y fuera de Europa.

Cuando a todos parecía, al menos a la distancia, que los contenidos de la catastrófica crisis griega podían ir amainando, rumbo a la estabilización, ya de la mano de un nuevo gobierno, se concreta en la nación helénica un nuevo eslabón del infierno económico y social en desarrollo.
Una nueva crisis bancaria, expresada en el decreto de un “corralito” financiero, con la consecuente ola de nerviosismo de la ciudadanía; un decreto de “default” frente a las acreencias del Fondo Monetario Internacional, y una economía parada sobre un estado de insolvencia, que tiene al país al borde de su salida del euro, esperando un nuevo paquete de ayuda por parte de la Unión Europea.
De la mano de socialistas y conservadores, luego de la celebración de los Juegos Olímpicos de 2004, el estado griego se comportó de forma dispendiosa y acumulando una serie de pasivos monetarios y fiscales que tienen a su economía en una terapia intensiva que ya se acerca a los 5 años.
La crisis económica provocó una tormenta social grave, que ha tocado al estamento político del país, cuyas formaciones partidistas tradicionales conocieron una merecida debacle. Por ejemplo, el Partido Socialista Pan Helénico, Pasok, de Andreas Papandreu, una de la formaciones de mayor tradición en la Europa Mediterránea, protagonista del regreso a la democracia en Grecia, y alguna vez símbolo del estado del bienestar en Europa, naufragó irremediablemente en medio de las historias de corrupción. En este momento está casi desaparecido.
Tras la quiebra de la política tradicional griega, hizo su aparición, entonces, Alex Tsipras, el líder de Syriza, un joven dirigente de izquierdas, elocuente y bien plantado, portador de un demagógico un discurso antisistema perfecto para ser agitado en la Oposición, pero cuya retórica y contenidos, claramente antieconómicos, lo único que han hecho es agravar más las cosas.
Al momento de escribir estas líneas, Tsipras, demagogo pero no idiota, ha tenido que tragarse sus palabras y ha aceptado las condiciones de un nuevo rescate de parte de la Unión Europea, con Alemania a la cabeza.
El relato de esta “tragedia griega” contemporánea, ha sido capitalizado con mucha eficiencia por los círculos culturales y los entornos políticos de la izquierda ortodoxa clásica, dentro y fuera de Europa.
Aquí mismo, en nuestro país, Venezolana de Televisión ha dedicado parte de su franja de noticias a diagnosticar y denunciar el desfalco griego: los precios, que se supone que se suben solos, gracias a la especulación del comercio; los acreedores, los que prestaron dinero a Grecia para ayudarla a salir del brete, retratados como una sórdida conjura de mafiosos; la corrupción de los funcionarios, un mal inherente al capitalismo; el pacto burgués de los partidos del sistema, que traicionó la esperanza popular. La Unión Europea, el proyecto neoliberal impuesto desde los centros financieros internacionales a “los pueblos”.
Nada que no hayamos escuchado antes de parte de los extraviados, inútiles y corrompidos funcionarios y ministros chavistas venezolanos cuando toca evaluar los males de la humanidad.
Podríamos concluir estas líneas afirmando que la crisis de Grecia, como la de Ucrania, no tiene parangón en el mundo. Se trata de dos naciones que llevan demasiado tiempo navegando en la decadencia; que podrían estar bastante mejor de lo que ahora están, sumidas en la migración masiva de profesionales, en el caos y la desesperanza. A fin de cuentas, son países que tienen personal para afrontar sus problemas, que antes han conocido la prosperidad, con recursos naturales para crear riquezas y distribuirlas en un contexto democrático imperfecto, pero al menos razonable.
Sus historias, desgraciadamente, no son las únicas. Ucrania y Grecia encuentran hoy en Venezuela un auténtico espejo en el cual mirarse, y quizás hasta consolarse, en los aciagos dominios del infortunio. Como aquellos, el nuestro es un país con las arcas vacías; hundido en la recesión; necesitado de ayuda financiera; con una economía de guerra, gracias a la ciega imposición de un estúpido modelo económico disfuncional y a la gestión deshonesta del gobierno chavomadurista.
En 2015, Venezuela tendrá, con toda seguridad, el nivel de inflación más alto del mundo, y este será, al mismo tiempo, el más elevado de toda nuestra historia.
Nuestros “líderes” del PSUV, mientras tanto, que se desplazan con guardaespaldas y no tienen que hacer la fila para comprar comida, cualquiera día de estos pueden organizar una jornada de solidaridad con Grecia y otras víctimas del capitalismo.