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Agarrar carretera hacia el Infierno Pop

¿Para dónde va esta Encava fantasma? ¿Esta ruta es nueva? Camino a chamuscarse en los predios del maligno, Iván Zambrano delira y escribe en rima: lo que nos faltaba

Agarrar carretera hacia el Infierno Pop

Al Infierno vamos en una caravana de Encavas.
Todas pintadas de negro con faros de luces led, de rustiquero fanfarrón,
con un peluche de Piolín gigante en el puesto del colector,
para que nadie se siente al lado del chofer
que ya se bajó una botella de Ron Superior.

Los puestos se agotaron y varios pasajeros van parados.
Me hago el dormido para no mirar a los lados.
Creo que es la mejor opción para ir sentado en un viaje de no sé cuántas horas.
Aunque mi sueño se vea arruinado por los ronquidos de un par de doñas.

Con un rumbo incierto, pero directo al centro de la Tierra,
en la camionetica va gente de Caracas y otros sobrevivientes de guerra.

Si sales desde el terminal de La Bandera
pregunta por un gestor que se llama Pablo
que consigue los pasajes más baratos al galpón del Diablo.

El plan original era ir al Cielo,
pero tengo la moral y las buenas costumbres por el suelo.
Lo que me dijeron del proceso de admisión me parece inaudito:
El Cielo está reservado para los vegetarianos
que nunca abrieron una lata de Diablitos.

El propósito de vivir en la Tierra es comer carne y tomar vino
y si es acompañado por un amor correspondido, es lo más divino.
Debí controlar la lujuria, aunque creo que ya es tarde.
No creo que el castigo aguarde.
No hemos llegado al primer peaje y ya el cu…ello me arde.

De los 10 mandamientos, habré cumplido con el 30 por ciento.
En la declaración jurada salí raspado y sin derecho a pataleo.
Por algo me están mandando al sótano 666 antes de que cumpla los 90.
Porque la masturbación es pecado mortal
y ya yo perdí la cuenta.

Ese destino final entre llamas a toda mecha
es mejor aceptarlo antes de que te adelanten la fecha.
No sé contar sin las manos, pero tengo 7 dedos de frente.
Me aterra que allá abajo no haya paila para tanta gente.

Tampoco sé muy bien cómo es el jefe del Inframundo.
Es que a veces lo confundo.
A lo mejor no tiene tridente, ni cola, ni mazo
ni el cuerpo, ni la voz, ni la edad de Henrique Lazo.

Para el viaje en carretera lleva una bolsa de Platanitos
para amortiguar en la vía ese monchis trimardito.
Abre la bolsa sin que los tripulantes se den cuenta
o te tocará repartir el botín de una persona entre 50.

Nos agarró tremendo palo de agua.
El Cordonazo de San Francisco tiene a la Encava como una piragua.
Hay que cerrar un momento las ventanas,
Si los Gremlins se mojan cuando el carro se inunda,
se multiplican más rápido que mis primas segundas.

A quien Dios no le dio hijos, el Diablo le da sobrinos.
Durante el viaje hay que calarse a los carajitos de los vecinos
que crecieron y se volvieron asesinos, periodistas o dueños de casinos.
Uno le pega una patada por detrás a mi puesto.
Cuando volteo: un trader buscando para su vapeador un repuesto.

Los otros se antojan y la Encava se llena de humo,
con olor a Mistolín de frutos rojos me perfumo.
Al menos disimula el olor a violín.
Y me seco la frente con papel tualé Jazmín.
Ya van como 20 horas de anécdotas en este viaje.
Para el Infierno en avión, no sé en cuánto saldrá el pasaje.

No hay señalización en la vía, pero creo que vi la casa de una tía.
Hay que poner gasolina en un establo,
El tipo que nos atiende también se llama Pablo.
Hay gallinas con pico de gavilán y yeguas jubiladas del hipódromo.
Es una zona rural en la que salen fantasmas y gnomos.
Le llenan el tanque a la nave con gasolina full plomo.
Y sigue el viaje al Más Allá, a toda velocidad y sin retorno.

Es verdad, el camino al Infierno está pavimentado con buenas intenciones,
y transitarlo requiere tres decenas de cojones.
La Encava fantasma cae en todos los huecos que encuentre.
Creo que el chofer quiere que todos los chakras se descentren.

La camionetica en vez de desplazarse, cabalga.
Y ya todos los pasajeros perdimos las nalgas.

Antes de llegar al portón 666, hay una alcabala de brujas martillando…
Te dejan sin efectivo y se van volando en su escoba al comando.
Más adelante, el perro guardián.
Un pug de tres cabezas que responde al nombre de Satanás.
Como el de La Bruja del 71, como sospecharás.

No sé qué tanto papel me van a pedir las recepcionistas.
Yo espero que en el Infierno pueda hacer equivalencia de materias ya vistas.
Teoría de la Incomunicación, Introducción a la Depresión y Estadística II.
Con tal no me pongan a repetir bachillerato, todo bien.
Suficiente con que mi pesadilla más recurrente fuese presentar un examen de trigonometría sin chuleta ni calculadoras,
sentado en el pupitre sin nada que me tapara las bolas.

Ya casi llegamos.
Huele a azufre, pero no sé si es el agua con la que lavé la ropa.
En la Encava que nos lleva al Infierno solo se oyen las gaitas “de Las Locas”,
Y nos obligan a cantar los coros con tapabocas.
Pedimos que cambien el disco y ponen Roque Valero.
¡Vaya sorpresa!
No nos dimos cuenta de que en el puesto de atrás venía sentado el verdadero.

Nos entregan la planilla de migración.
Nombre completo, estado civil y número de veces que compraste una votación.
No tengo bolígrafo. En vida perdí una decena.
¿Quién me lo presta?
Obvio que Tibisay Lucena.
No se lo devuelvo, solo por venganza.
Aunque si me hago su amigo, tal vez me paguen la fianza.

Escucho que antes de entrar al Infierno hay que asistir al Juicio Final, tú solo.
Y te toca aceptar tus pecados frente a la Doctora Polo:
De haberlo sabido hubiese sido malvado,
Hubiese vivido sin pena ni culpa.
Será para la próxima.
“He dicho, caso cerrado”.

Corte comercial
Y volvemos.

Con aquel susto
Me desperté ansioso y como un tiro.
La señora de al lado me dice:
“Tranquilo mijo, del terminal de La Bandera no hemos salido”.

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