Yo, por fortuna, fui educada por las monjas del Sagrado Corazón que como eran de avanzada no usaban esos argumentos, pero mis hermanos no corrieron con igual suerte. Había curas en su colegio que no sólo amenazaban con el infierno, sino que sabían -uno en particular- a qué paila se irían si hacían tal o cual cosa. Entiendo que había una paila, la quinta, la peor de todas, reservada para los que se masturbaban (todos) y para allá iban acompañados de calificativos como «inmundicia», «asquerosidad», «pecado mortal» y cualquier otra barbaridad que se le ocurriera en el momento para adjetivar una sana costumbre de mantener las hormonas calmadas.
Dante, por su parte, habla de nueve anillos en el infierno, siendo el primero el más lejano de Lucifer y adonde iban los no bautizados. El limbo, pues. En el segundo anillo estaban los lujuriosos. De manera que para Dante la masturbación era el menor de los pecados. Los golosos, por ejemplo, tenían un castigo peor porque iban para el tercer anillo.
En Venezuela el concepto de la quinta paila del infierno está reservada para los peores malos. Coloquialmente mandamos para allá (o deseamos que se vayan) no sólo a los asesinos, sino a los violadores, pedófilos, carceleros, torturadores, ladrones, embaucadores y toda suerte de alimañas humanas. Ayer nomás, en entrevista a El Nacional, Baltazar Cardenal Porras decía que las decisiones del TSJ en pleno merecían irse para la quinta paila. Yo voy más allá: no sólo las decisiones: todos los jueces del TSJ.
Traigo este tema del infierno a colación porque estoy sorprendida de la cantidad de reacciones «favorables» a la muerte de Fidel Castro, empezando por la de Su Santidad Francisco. Que Maduro llore y se rasgue las vestiduras es de esperarse. ¡Pero el Papa! Alguien me argumentó que era parte del «lenguaje diplomático» pero hay un larguísimo trecho entre decir «lamento el fallecimiento» y un simple «espero que Dios lo perdone».
Yo espero que Castro Ruz se esté quemando en la quinta paila. Causó demasiado daño durante demasiado tiempo a demasiadas personas. No puedo entender cómo a estas alturas de su historia .por desgracia duró demasiado- pueda haber quien aún lo alabe, cuando su modis operandi desde el día uno fue asesinar a sus adversarios. Punto. A sangre fría y sin compasión. El que se oponía estaba muerto. Desde quienes intentaron derrocarlo hasta quienes en algún momento se quejaron y fueron denunciados por los sapos de los Comités de Defensa de la Revolución.
¿Cómo hacer apología de un hombre que convirtió a su país en una enorme cárcel? Porque si Cuba fuera el «paraíso de la felicidad» del que hablaba Chávez, nadie arriesgaría su vida tratando de llegar a las costas de Miami en una precarísima balsa. Más bien debería haber colas de personas tratando de entrar. Y lo que hay entre Cuba y Florida son miles de cadáveres que no llegaron a la libertad.
¿Cómo hacer loas a un hombre que se convirtió en una suerte de rey, un sátrapa que nombró a su sucesor, que no realizó elecciones desde que se montó en el poder, que fue cruel de toda crueldad hasta límites inimaginables? ¿A un hombre que invadió y destrozó otros países, empezando por el mío?
No… Yo no me anoto en esa lista. Yo me alegro de que se haya muerto finalmente. Lamento más bien que haya durado tanto. Pero no todo es malo: como dice mi amigo Jonathan Reverón, «muerto «dios» se acaba el temor de dios». Para muestra de que ese proceso ya comenzó, hay un video donde dos anclas de TV se quejan de la censura, porque les prohibieron saludar diciendo «buenas» por el luto nacional (http://infob.ae/2gAeNBZ ).
En fin. La quinta paila debe estar hasta los tequeteques de llena. Castro debe haberse encontrado con todos sus amigos y aliados. Ojalá que le pongan de compañero a Chávez. Que hasta duerman juntos en el mismo cuarto. Deseos no empreñan, pero me entra un fresquito al pensar que podría ser así…