Opinión

El último paso a la gloria

Pedir a Novak Djokovic a estas alturas de su carrera que se reencuentre con lo mejor de su tenis o simplemente se reinvente, suena a capricho, pero su caso es una necesidad para acercarse a nombres infinitos en la disciplina

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Fotografía: AP

Al serbio lo moldearon Roger Federer y Rafael Nadal. No fue su intención, pero sus repetidos enfrentamientos y caídas avivaron en sus adentros una llama que se expandió en 2011, en una de las mejores temporadas que cualquier tenista ha tenido.
Ajustar su dieta según sus condiciones (es celíaco) fue la acción que partió en dos su carrera; de víctima habitual de los dos jugadores más dominantes de su generación pasó a convertirse en el alumno que superó a sus maestros.
Mientras lo lograba, Nole cambió de manos, sosteniéndose en la figura del alemán Boris Becker por tres campañas (desde 2014 hasta 2016), en las que la mitad de ese periodo comandó el ranking de la ATP.
Luego llegó una unión que parecía idílica; al manejarse bajo el mando del estadounidense Andre Agassi, el tenis tenía del mismo lado a dos de los mejores devolvedores de la Era Abierta, pero la relación profesional entre ambos duró solo nueve meses.
El de Belgrado naufragó por un mar de dudas que se reflejaron sobre las pistas. El hombre que estaba acostumbrado a jugar los domingos de final perdió el norte y su físico se sumó para alimentar la tragedia, con una lesión en el codo derecho mientras disputaba Wimbledon 2017.
Pero el transitar de un elemento con su historia tenía que enfrentar un capítulo como este. A Djokovic le faltaba atravesar una etapa amarga para dar paso a la épica. Este es el escalón restante para alguien que lo ha ganado casi todo y aún así no cuenta con el crédito para meterse entre los mejores que han jugado este deporte.
Suena injusto, pero hasta en la tragedia puede reflejarse el serbio en el espejo de Federer y Nadal, protagonistas de un regreso espectacular en 2017 tras superar duras complicaciones físicas.
Sin quererlo, su destino siempre estará atado a lo que estos dos hagan, pues, aún en las malas, dictan la pauta en su era.
A diferencia del resto, la obligación de Djokovic no es levantarse tras la caída sino ajustar su juego, asumir riesgos y abrazar las alternativas, todo con la intención de instalarse nuevamente en el lugar que alguna vez ocupó. A veces hay que cambiar para que todo siga igual.]]>

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