Opinión

Vinotinto contra Ecuador: sin fútbol no se pueden ganar "finales"

La selección de Fernando Batista volvió a caer. Ante Ecuador, firmó uno de sus peores partidos, no desde el resultado, que fue mentiroso, sino desde lo colectivo. El técnico había dicho que cada partido que quedaba era una "final", pues esta la planteó como un amistoso

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Venezuela contra Ecuador

Decía Fernando Batista que a la Vinotinto le quedaban seis finales y se aferraba a la posibilidad de sacar puntos en estos encuentros, para soñar con la clasificación al Mundial. De la manera como se jugó contra Ecuador (un muy mentiroso 2-1 y con un equipo mixto), se comprueba que existe una enorme brecha entre el discurso y su ejecución.

Sería sencillo culpar a Rafa Romo y Cristian Cásseres Jr. de la derrota. El primero dejó a merced su poste, en un raro remate de Enner Valencia. Mientras que el mediocampista se equivocó en la entrega que capitalizó el propio Valencia. Este último tanto da para una columna aparte, pero vamos a darle unas líneas.

El estadístico de las redes sociales, Mr. Chip, señalaba que «de los últimos 8 goles que se han marcado en las Eliminatorias sudamericanas en el primer minuto del segundo tiempo, SEIS han sido en contra de Venezuela». Uno o dos, podría ser casualidad, seis es tendencia. Algo sucede con la Vinotinto cuando sale al campo en la etapa complementaria que es aprovechado por los rivales de manera inmediata. ¿No es responsabilidad del cuerpo técnico revisar y trabajar para cambiar esto?

Siempre será más fácil individualizar la culpa que detectar los problemas de raíz y ese es el desafío no resuelto de Batista y su equipo. Después de una sorprendente primera mitad de eliminatorias, salpicada con mucha suerte en resultados, el cierre es nefasto. Después de la Copa América 2024 no se ha ganado ninguno de los seis juegos. Es obvio: cuando se juega mal y no se suma de a tres puntos, el discurso queda desnudo.

A la discusión de si es importante jugar bien o ganar, siempre he respondido que es un oximoron. Se juega bien para ganar. No al contrario. Y esto no quiere decir que exista una sola manera de jugar bien. Se equivocan quienes creen que se trata de un tema estético. Tal vez el mejor ejemplo en esta eliminatoria lo resuma Paraguay. Desde que llegó Gustavo Alfaro, recuperó la moral del grupo, volvió a las raíces, al espíritu de lucha y así metió a la selección en la lucha por los cupos directos. En la otra esquina está Argentina, que sigue un estilo vistoso desde que ganó el Mundial y la Copa América.

Volvemos entonces con la Vinotinto. Para muchos, entre los que me incluyo, Venezuela vive un momento espectacular en cuanto a volantes, atacantes y, en general, jugadores que pueden ser relevantes en las ligas foráneas. Hablamos de los Soteldo, Savarino y hasta el propio Rondón, quien quema sus últimos cartuchos en la liga mexicana como figura. Es cierto, no hay un Arango, pero por comunidad, Batista, como ningún otro técnico en su historia, cuenta con un buen número de opciones para, por lo menos, pelear por ese puesto de repechaje de una manera más cómoda.

Y ese es el asunto final. El técnico no solo no encuentra cómo mejorar a los buenos jugadores. Tampoco hay un estilo visible en el que podamos apreciar el supuesto trabajo de scout y seguimiento de los mejores disponibles para elaborar una idea de juego. Para graficar la contradicción solo voy a dar un nombre: David Martínez (tomemos en cuenta que Gleiker Mendoza fue titular). ¿No era una opción tras ver cómo se terminó jugando contra Ecuador? ¿Cuántos talentos parecidos y disponibles para este cierre de eliminatorias tiene Venezuela?

Las dudas son evidentes. A Quito se fue a resistir, sin ningún otro plan que el de aguantar. Ecuador pudo sacar sangre, pero se terminó enredando ante su propia impotencia para golear, incluso fallando un penalti. La arremetida final de Venezuela, con un gran gol de Jhonder Cádiz, habla más del orgullo de los jugadores y de su compromiso que de la estrategia. Y solo con eso, con arreones y orgullo, va a ser muy difícil siquiera conseguir el puesto de repechaje.

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