Este domingo en redes sociales y canales internacionales de televisión se mostraron centros de votación desolados y calles vacías, teniendo de trasfondo el evidente y escasísimo interés en participar y un clima de temor por el despliegue militar y policial en las calles. Al contrario de lo que ocurría en el pasado, donde el chavismo intentaba mostrar “normalidad” en los días previos a las elecciones, en esta oportunidad más de 60 activistas sociales y políticos fueron detenidos en las 72 horas antes del 25M.
Asimismo, aunque María Corina Machado llamó abiertamente a no votar, en la alta abstención de este domingo influyeron muchos otros factores, incluso la desafección hacia Nicolás Maduro por parte de las bases del chavismo, en una suerte de procesión puertas adentro y que no responde a llamados opositores.
¿Qué viene después del 25M?
María Corina Machado, quien mantiene un fuerte respaldo popular y sigue siendo vista como la principal voz opositora (60% según encuestas de Delphos), se encuentra en una encrucijada. Tras la alta abstención, y su narrativa de que tal cosa fue producto de su llamado a no votar, esto debería conducir a una estrategia política que mantenga viva la expectativa de cambio entre los venezolanos, pese al dominio territorial e institucional que exhibirá el PSUV tras estas estas elecciones: 23 de 24 gobernadores y 230 de 285 diputados de la Asamblea Nacional.
A continuación, se exploran posibles estrategias:
Movilización de protesta y resistencia no violenta: Machado podría capitalizar la abstención para organizar protestas, inspiradas en su narrativa de “desobediencia civil”. Sin embargo, la represión masiva que tuvo lugar tras las elecciones del 28J, plantea riesgos significativos. Félix Seijas, en una mesa de análisis de la UCAB, sugirió que “Machado debe equilibrar la movilización con la seguridad de sus seguidores, usando plataformas digitales para coordinar acciones sin exponer a la población a la violencia estatal”.
Presión internacional: Machado ha mantenido contacto con líderes regionales y organismos internacionales de diverso tipo. Su estrategia podría centrarse en exigir medidas más efectivas de la comunidad internacional y realzar a la figura de Edmundo González Urrutia como presidente electo. Para Elsa Cardozo, ex directora de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV, “la presión externa solo será efectiva si se acompaña de un frente interno unificado”.
Reconstrucción de la unidad opositora: La fragmentación es el principal obstáculo de la oposición. Machado podría liderar un proceso de diálogo para reunificar a la PUD, incluyendo a partidos minoritarios y sectores independientes. Esto implica asimismo negociar con sectores opositores disidentes, como Henrique Capriles, algo que Machado ha rechazado hasta ahora. Simón Calzadilla, del MPV, propone “una gran consulta nacional, presencial o digital, para definir un liderazgo y una hoja de ruta”.
No es fácil, pero Machado, junto a sus estrategas y colaborades, enfrenta el desafío de redefinir estrategias en un contexto de represión, descrédito institucional y desencanto social. La combinación de estos tres factores puede aumentar la apatía ciudadana en una sociedad que se desmovilizó abruptamente tras el inicio de la represión masiva en la misma madrugada del 29 de julio de 2024.
Y la pregunta de fondo tras los resultados oficiales y el mensaje de MCM: ¿puede la oposición a favor del cambio democrático capitalizar este rechazo para construir una alternativa viable, en este aquí y ahora, o se convertirá en un símbolo de lo que pudo haber sido y no fue?
Para Elsa Cardozo, respetada por su análisis sereno y reflexivo, “la abstención es un arma de doble filo. Puede ser un mensaje de resistencia, pero también evidencia la falta de una estrategia clara para canalizar el descontento”.
El abrumador triunfo del PSUV, según la narrativa oficial, consolida un escenario de hegemonía chavista para el período 2025-2026, afianzando el control sobre las instituciones, el aparato represivo y el territorio.
Ante tal escenario la respuesta debería ser el resurgimiento opositor. Necesario pero que luce improbable en el corto plazo.
La alta abstención podría interpretarse como un mandato para que MCM actúe, pero esto requiere movilizar a los descontentos en un contexto represivo, superar la fragmentación fortaleciendo la Plataforma Unitaria Democrática o cualquier otra instancia que lidere la construcción de consensos, y, sobre todo, ofrecer un plan claro de qué viene después del 25M.