Tal como lo señaló la presidenta encargada al subir al podio de oradores en Naciones Unidas, este miércoles, no era la primera vez que estaba allí. En 2019 asistió representando a un Nicolás Maduro que había dejado de viajar al exterior por temor a una detención. En 2026 Delcy Rodríguez no hizo ninguna mención al hoy depuesto y detenido ex gobernante
Siete años y un cambio de cargo separan las dos intervenciones de Delcy Rodríguez ante el debate general de la Asamblea General de las Naciones Unidas. En 2019 habló como vicepresidenta de Nicolás Maduro. En 2026 lo hizo como presidenta encargada. Las reseñas publicadas por la oficina de prensa de la propia ONU permiten comparar, con sus palabras y con el encuadre institucional del organismo, de qué hablaba entonces y qué abordó ahora.
El 27 de septiembre de 2019, Noticias ONU tituló así su crónica: “Venezuela se ha convertido en el mejor invento contra el multilateralismo”. Rodríguez acusó a Estados Unidos de imponer “una nueva forma de terrorismo de Estado” que no usa bombas, sino “bancos y compañías de seguros”, y que se apoya en “el predominio del dólar como moneda de reserva mundial”.
Llamó al Departamento del Tesoro “el Pentágono económico” y lo describió como un instrumento para “aplicar doctrinas de cambio de régimen y robar los recursos de las naciones”. Calificó el sistema político estadounidense de dominado por “minorías plutocráticas” y negó que Washington tuviera autoridad para exportar su modelo.
Ese discurso no se detuvo en la denuncia económica. Rodríguez ligó a Colombia y a Estados Unidos en una “conexión narcótica”, afirmó que Colombia producía el 70% de la cocaína mundial. Denunció que Washington y “países satélites” preparaban desde territorio colombiano una agresión contra Venezuela.
No hubo en aquel 2019 ramo de olivo en clave de paz, ni revisión de las controvertidas elecciones tal como demandaban diversos países, ni diálogo con la oposición, ni ofrecimiento de normalizar relaciones con la Casa Blanca. El eje era la resistencia: Venezuela como víctima de un asalto al multilateralismo. La foto de aquel 2019 era sintomática: Delcy Rodríguez con el brazo alzado y un puño cerrado en señal de resistencia.
Delcy Rodríguez, antiimperialista en 2019
En tanto, el 23 de septiembre de 2026, el mismo servicio de noticias de la ONU eligió esto como enfoque para su titular: “Venezuela: Delcy Rodríguez anuncia una transformación democrática y promete elecciones”. Ya no habla como número dos de Maduro, sino como jefa de un gobierno interino. Presentó, siguiendo con lo que ha sido la nueva narrativa oficial, “una nueva etapa política” marcada por el “renacer de Venezuela” y por una “transformación democrática” conducida desde las instituciones.
El contraste más nítido entre la Delcy Rodríguez de hace siete años y la actual está en Estados Unidos. En 2019, Washington era el autor de un “robo descarado” de los recursos naturales y de los ingresos de Venezuela, por vía de las sanciones. En 2026, Rodríguez “agradeció al presidente Donald Trump por su disposición a retomar las relaciones diplomáticas y de cooperación” y afirmó que ambos países trabajan para abordar diferencias por la vía del diálogo en energía, seguridad, crimen transnacional y cooperación económica.
La crítica a las sanciones no desaparece, por cierto, ya que sigue pidiendo un país “sin restricciones económicas”, pero ya no aparece como guerra declarada contra un enemigo, sino como obstáculo en una agenda de reencuentro.
También cambia el lenguaje sobre el orden interno. En 2019, la vicepresidenta no ofreció en ese foro un calendario electoral ni un pacto con sus adversarios. En 2026, la presidenta encargada convierte las urnas y la “confianza en las instituciones” en el centro del relato.
El gobierno de Estados Unidos, encabezado por Trump en su primera etapa, era en 2019, en boca de Rodríguez, un aparato plutocrático dedicado al cambio de régimen en Venezuela; en 2026, es un interlocutor al que se agradece. La oposición, ausente como interlocutora en la crónica de 2019, entra en 2026 como parte de un proceso “en igualdad de condiciones”. Y la democracia, que entonces se usaba para descalificar a Estados Unidos, pasa a ser la promesa que el gobierno interino lleva a Nueva York.
El cambio más notable de una Delcy Rodríguez a otra, está en un tema que podría catalogarse bajo la frase de “tan cerca, tan lejos”.
Si en 2019 la entonces vicepresidenta subió al podía remarcando que hablaba en nombre de Nicolás Maduro, y éste desde Caracas tuiteaba lo más resaltante del discurso en Nueva York. En 2026, en tanto, convertida en mandataria interina evadió cualquier mención al ex gobernante en el foro de Naciones Unidas y la cuenta en X de Maduro evitó también mencionar la presencia de ella en el foro global.
Separados por apenas 13 kilómetros, entre la cárcel donde está Maduro y la sede de la ONU, tal distancia parece hacerse insalvable por el abismo político que marcan a los discursos de la misma Delcy Rodríguez en sus versiones de 2019 y 2026.
Apuntó el "extremismo" y a las sanciones, agradeció a Trump por el diálogo y las nuevas relaciones. Pero Delcy Rodríguez también dejó en el aire varios compromisos ante la Asamblea General de Naciones Unidas, entre ellos el de unas futuras elecciones
Rubio indicó que sin asegurar la economía de Venezuela, no ve la posibilidad de reconstruir una "república perdurable". Ese fue el tema central de la reunión, además de la transición