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Salud mental: la vida antes y después del apagón

Pese a las advertencias, nadie imaginó que vivirlo sería tan grave. El país quedó a oscuras y la población fue presa de una inmensa angustia. Se comprobó que Venezuela no está preparada para afrontar una falla eléctrica de tal magnitud

Salud mental: la vida antes y después del apagón

La psicóloga clínico Yorelis Acosta se dedicó a estudiar el comportamiento y la salud mental del venezolano tras los apagones de 2019.

Su investigación indica que la autoestima del venezolano es más vulnerable por la situación de crisis. Asimismo, que el comportamiento y la salud mental de la población se ven más afectados.

“Los venezolanos definíamos nuestra autoimagen como los millonarios de América Latina. Venezuela era el epítome de país próspero. Los colombianos nos trataban como sus vecinos ricos. Hoy, por una serie de circunstancias, somos pobres y eso afecta nuestra salud mental”, afirma Acosta.

El venezolano siente cómo el país experimenta un grave deterioro: abundan los huecos en las calles; hay problemas en la atención de salud; fallas de telecomunicaciones; bajos sueldos; carencia y altos costos de los productos básicos; inseguridad, y deterioro en general de todos los servicios.

Sin preparación

“El venezolano no estaba preparado psicológicamente para enfrentar ese apagón. Los expertos habían informado que, en cualquier momento, se llegaría al colapso por falta de mantenimiento del sistema eléctrico. Pero nadie imaginaba que fallaría de esa manera la energía, nadie pensó ver a Venezuela a oscuras, verla negra”.

Acosta analiza la manera en que los habitantes de Caracas sufrieron el impacto de la falta de energía eléctrica.

En buena medida, los capitalinos cuentan con la mayoría de los servicios públicos, mientras que los habitantes del interior del país, especialmente los de territorios fronterizos, padecen estos problemas desde hace años.

En los estados del interior no solo la falta de electricidad, también escasean la gasolina, los alimentos, los medicamentos y la seguridad.

“En Caracas nos protegieron, pero la crisis se venía produciendo de afuera hacia adentro, y llegó a la capital”, dice la especialista.

“Nos advirtieron de que el país estaba a punto de un colapso, pero nadie se imaginaba que la situación sería tan grave. El país se apagó y la población se llenó de una enorme angustia, no solo por la ausencia de servicios, sino por la falta de comunicaciones. La gente no sabía qué estaba pasando, no se podía comunicar con sus familiares. Afectó, sin duda, la mente de muchas personas” explica.

Ansiedad

Acosta afirma que los niveles de ansiedad vividos por los venezolanos, durante los apagones del año 2019 se repiten en la actualidad. Cada vez que se percibe un bajón en el sistema, los venezolanos recuerdan esos días y lo que vivieron.

La psicóloga manifiesta que es necesario sentarse a conversar en familia. Se debe evaluar la situación enfrentada hace un año y diseñar un plan para encarar una situación similar.

“La gente vivió una gran ansiedad, pero hay que preguntarse que se aprendió de ese episodio. Hay que conversar para que no se vuelvan a presentar emociones negativas”.

A juicio de Yorelis Acosta: “Se tiene que recordar el comportamiento de cada integrante de la familia: la persona que mantuvo la mayor serenidad, el más vulnerable, el más fuerte, para así organizar un plan de emergencia, asignando a cada quien una tarea qué cumplir”.

La especialista explicó que es necesario abrir espacios para proteger la salud mental. Tener en cuenta pensamiento estratégico y estar claros ante posibles casos de emergencia. Asimismo, debe reforzarse la capacidad de pensamiento analítico, no actuar impulsivamente y mantener la calma.

“En caso de una nueva emergencia de esta magnitud, respire, piense, haga un  paréntesis, analice el entorno en todo momento”, aconseja.

“En cualquier escenario, trate de ver las cosas de manera distinta, busque calmarse para ayudar a las personas más vulnerables”.

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