Terremoto en Venezuela

Entre pupitres aplastados y pizarras destrozadas, el Colegio San José intenta volver a clases

El edificio principal del Colegio San José, en Catia La Mar, colapsó con los terremotos. Sus directivos, trabajadores y estudiantes buscan recuperar las aulas y mantener activa una institución que atiende a casi 500 alumnos

Fotos: Alejandro Cremades
Publicidad

Cuatro pisos colapsados, pizarras y pupitres aplastados: esa es la bienvenida en la entrada del Colegio San José, una institución de más de 40 años que alberga a casi 500 estudiantes en Catia La Mar.

Después de los terremotos del 24 de junio, colapsó el edificio principal del colegio, donde estaban todas las aulas, y con él se llevó historias, anécdotas, recuerdos, todo. Una pregunta queda rondando en la cabeza de sus directores y dueños: ¿ahora qué vamos a hacer?

Pupitres aplastados del edificio de aulas del colegio San José. Foto: Alejandro Cremades

Pedro Hernández, director del Colegio San José, contó que su segundo pensamiento, después de verificar que su familia estaba bien, fue cómo había quedado el colegio donde trabaja desde hace 46 años.

“La empatía, el cariño y el respeto hacia el colegio se pusieron de manifiesto. Yo pude bajar tres o cuatro días después y la presencia fue infinita desde el punto de vista nostálgico y sentimental”, dice Hernández.

El Colegio San José queda en una calle angosta de Catia La Mar, pero su edificio de cuatro pisos era una referencia para todo aquel que llegaba a pisar la cuadra. Su historia se remonta 57 años atrás, cuando cuatro hermanas: Amanda Casares de Grúber, Inocencia Casares de Pérez, América Casares de Masso y Elizabeth Casares de López, crearon una fundación y posteriormente el colegio.

“Todos mis recuerdos están aquí. Pintamos pupitres, nacimos aquí, nos criamos aquí, nos amamantaron aquí, mientras se iba construyendo”, dice María José Álvarez, administradora y una de las dueñas del Colegio San José.

María José cuenta que ver al edificio derrumbado produjo una tristeza enorme en su mamá y sus tías. Y tiene que luchar con un duelo mayor: una de las hermanas, Inocencia, murió en uno de los edificios que colapsó en Playa Grande.

“No fue fácil, lloraron mucho, hubo depresión, hubo una cantidad de sentimientos que nosotras, sus hijas, no pudimos controlar. Tuvimos que dejar que drenaran”, explica Álvarez.

María José Álvarez, una de las dueñas del colegio San José, delante de los escombros de uno de los edificios de la institución. Foto: Alejandro Cremades

El Colegio San José, su primera casa

Según María José, las cuatro hermanas fundadoras fueron afectadas por los terremotos: perdieron sus casas, a dos de ellas las sacaron de los escombros y falleció una de ellas. Cuenta que el punto de concentración para encontrarse toda la familia fue el colegio.

“Verlo en el piso fue duro. Todavía es duro, porque vienen y lloran, les da una depresión horrible”, señala María José.

Tanto para las fundadoras como para los estudiantes, el Colegio San José era su casa. El director contó que entre el alumnado está el presidente de la Federación Venezolana de Estudiantes de Educación Media del estado La Guaira. Él y cuatro estudiantes más del colegio, que pertenecen al Comité de Estudiantes de la institución, se presentaron en las instalaciones para prestar ayuda e insistir que querían regresar a su segunda casa.

“Para ellos fue catastrófico, indudablemente muy fuerte ver lo que estaba pasando. Algunos se han sentido incómodos, nostálgicos, sentimentales, pero otros aspiran a quedarse”, dice Hernández, quien también afirma que no todos los casos son así, algunos han solicitado su retiro de la institución.

Alumno del colegio San José en el patio del plantel. Foto: Alejandro Cremades

“Algunos se quieren ir de La Guaira, otros se van del país. Y la parte documental es importante y tenemos que cumplirla”, apunta Hernández.

Por eso, parte del personal administrativo ha estado yendo a trabajar al plantel para entregar notas, certificaciones y constancias a sus alumnos, durante los últimos días. “Tenemos restricciones, pero nos dieron la oportunidad de hacerlo en el patio del plantel”, dice el director Pedro Hernández, quien se refiere a la tarjeta roja que está en la entrada de la institución.

Hernández cuenta que la Comisión Presidencial para la Evaluación de Habitabilidad e Infraestructura revisó el edificio del plantel y le asignó una tarjeta amarilla en primera instancia, que luego fue sustituida por la roja.

El director sabe que la decisión de permanecer dentro de la institución va en contra de las normas. Sin embargo, ante la gran cantidad de solicitudes del alumnado, no se podía hacer de otra manera.

“Un equipo como el nuestro debe tener por lo menos cuatro o cinco personas con computadoras para atenderlos a todos. Por eso decidimos hacerlo aquí afuera; no obstante, en las orientaciones que recibimos dicen que no se puede permanecer en el plantel con etiqueta roja”, añade Hernández.

Pedro Hernández, director del colegio San José, en una de las aulas que utilizarán para el inicio de clases. Foto: Alejandro Cremades

No es un nuevo comienzo, es un nuevo capítulo

María José explica que el colegio no se puede quedar sumergido en los escombros y que nuevamente hay que buscar construir. “No es un comenzar, es continuar lo que ya teníamos, que es diferente. Comenzar de cero es la construcción nuevamente, pero el colegio va a continuar, porque 57 años no se van en unos escombros. Además, 57 años no son la infraestructura, son su gente”.

No quieren volver a construir un edificio tan alto, sino más bien de un máximo de dos o tres pisos. Además, seguirán con la infraestructura que quedó en pie, para poder volver a abrir los 16 salones de clases.

Colegio San José
Foto: Alejandro Cremades

“Para nosotros es importante tener las posibilidades desde el punto de vista estructural para recomenzar el año escolar nuevamente”, dice el director de la institución, quien agrega que ya comenzaron con la remoción de los escombros, una de sus principales preocupaciones, ya que ha visto que el edificio colapsado afecta mucho al personal y al alumnado del colegio.

Sin embargo, tanto María José como el director Pedro están claros en algo: necesitan ayuda. Por eso crearon un GoFundMe llamado “Devolver Esperanza: Reconstrucción del Colegio San José”. La meta es de 35.000 dólares, con los cuales podrán reconstruir las aulas para los casi 500 alumnos de la institución.

“No va a ser fácil, hace falta mucho dinero, mucho optimismo, mucha empatía”, dice Pedro Hernández.

El ministro de Educación, Héctor Rodríguez, ya anunció el inicio de clases para el 14 de septiembre de 2026, pero instituciones como el Colegio San José todavía siguen entre escombros.

Según los directores y dueños del plantel, planean utilizar la infraestructura que quedó de pie, acondicionarla con aires y reutilizarla como salones de clases. Sin embargo, el panorama todavía es lento si no se tienen los recursos adecuados para la remoción de los escombros.

María José aclara que todo lo han hecho ellos con sus manos y sus herramientas. Solo han recibido ayuda de un par de personas con alguna maquinaria pesada. Y todavía tienen por delante la remoción del edificio de cuatro pisos.

“El Ministerio plantea, en caso de necesidad, establecer carpas como aulas cerca del colegio o en otros planteles. Pero nuestra población no es tan fácil de reubicar. Sin embargo, estamos dispuestos a seguir las orientaciones que ellos nos den”, dice Pedro Hernández.

Pupitres destrozados del colegio San José. Foto: Alejandro Cremades

“Anecdóticos, románticos y sentimentales”

Del alumnado del Colegio San José murieron 13 personas, entre alumnos de preescolar y quinto año. Dos de ellos, del último año, recibirán su título post mortem y, como homenaje, están planificando tener una ceremonia en el colegio.

María José dice que las pérdidas humanas que sufrieron van más allá de lo imaginable: alumnos, exalumnos, representantes, padres, madres y familiares. Todos han sufrido una pérdida irreparable.

A pesar de ello, está decidida a que el colegio vuelva a salir adelante y a que los alumnos vuelvan a sentir su institución como su casa: sin miedo y sin enfrentarse a un vacío o a unos escombros que les recuerden lo que perdieron.

“Al Colegio San José no lo define la infraestructura. Sin población y sin nuestros alumnos, esto es simplemente puro concreto vacío. Y eso no sirve de nada sin el calor de su gente”.

El director Pedro remarca que la gente del colegio es anecdótica, romántica y sentimental y que sus alumnos y empleados están dispuestos a hacer del San José lo que era antes.

“El docente no da discursos, el docente enseña, forma, informa y quiere. Esa es nuestra forma de ser: querer con empatía a nuestros jóvenes, porque de ellos dependemos. Sin ellos no hay escuela, no hay colegio”.

Para donaciones al Colegio San José, dejamos acá el enlace directo al GoFundMe: https://www.gofundme.com/f/earthquake-relief-for-la-guaira-colegio-san-jose Y sus redes sociales, donde pueden encontrar más información sobre los donativos: https://www.instagram.com/colegiosanjose1969/

Publicidad
Publicidad