Cinemanía

"Cien años de soledad": Netflix se arriesga y lo logra

El mismo Gabriel García Márquez consideraba a “Cien años de soledad” inadaptable y territorio exclusivo de la imaginación de los lectores. Pero Netflix demostró que sí es posible relatar la historia de los Buendía en un nuevo formato y ya están disponibles sus ocho capítulos

Cien años de soledad
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Buena parte del primer episodio de “Cien años de soledad” avanza a través de la serranía colombiana en medio de las sombras. Los personajes caminan entre la penumbra de un paisaje casi siniestro, que sorprende por su belleza. Pero lo más asombroso de las largas secuencias, en las que una voz en off narra con cuidado los detalles invisibles de lo que ocurre en pantalla, es la capacidad de las escenas para captar el espíritu de una obra legendaria. Con Macondo a punto de nacer y José Arcadio Buendía (Marco González en la juventud y Diego Vásquez en la vejez) imaginando un pueblo de espejismos, una de las obras más conocidas de la literatura latinoamericana cobra vida.

Uno de los puntos que más sorprende de la producción de Netflix a cargo de Rodrigo García, Alex García López y Laura Mora Ortega es su escala. La serie, que adapta con una fidelidad precisa cada giro del libro del que proviene, no escatima en esfuerzos al construir el mundo descrito por el autor.

“Cien años de soledad” es tanto una versión para un público universal sobre una historia acerca del amor, la pérdida y la corrupción, como el espíritu mismo de un libro insigne. Entre ambas cosas, la serie tiene la suficiente habilidad para convertir el relato de las siete generaciones de la familia Buendía en un trayecto a través de un mundo violento, fatídico y dolorosamente conmovedor. 

Pero la gran virtud de la serie, más allá de su exploración sincera y honesta de un Macondo que forma parte de la memoria latinoamericana, es brindar una versión para un público por completo nuevo. De hecho, el punto más fuerte y elegante del argumento es su capacidad para unir en un mismo escenario todos los tópicos que sostienen una mitología salvaje, primitiva y llena de una poderosa simbología. Los conocidos parajes de la novela de García Márquez se transforman en una evolución delicada y fluida a través de las obsesiones de sus personajes, sus deseos y búsquedas.

Un árbol genealógico complicado

La serie — producida y escrita por talento exclusivamente colombiano y en español — toma decisiones que sorprenden por su audacia. Adoptar la cronología disruptiva de la novela y llevarla a la multipantalla en un juego de edición que en ocasiones puede resultar confuso. Con todo, desde la primera escena — un primer plano al Coronel Aureliano Buendía interpretado por Claudio Cataño — que lleva a un largo flashback, la producción deja algo claro: el respeto a la novela es total.

Una decisión que permite al guion de José Rivera, María Camila Arias, Camila Bruges, Albatros González y Natalia Santa, utilizar las inmortales frases de la novela para avanzar a través del argumento. De modo, que paso a paso, la evolución de Macondo y la familia Buendía se convierte en una visión seminal y conmovedora a través de temas atemporales como el sufrimiento, el desamor, la condena a la soledad o la necesidad de redención. No obstante, tiene el suficiente vigor como para no ser solo una trama que explore en el conocido e intrincado universo sin ofrecer mucho a cambio.

Cien años de soledad

En lugar de eso, la serie encuentra sus mejores momentos cuando es una comunión exuberante y bien estructurada entre el texto original y la experimentación visual. De las ciénagas cubiertas de flores amarillas en que los primeros habitantes de Macondo avanzan para fundar el pueblo, hasta la belleza dolorosa de los últimos habitantes envueltos en los ecos de las predicciones de Melquíades (Moreno Borja), “Cien años de soledad” explora en cada uno de los giros de la novela con una poderosa puesta en escena.

Magia en todas partes 

Uno de los retos que enfrentaba “Cien años de soledad” como producción era traducir el celebrado realismo mágico en imágenes. Lo que logra, con un recurso hábil: convertir la subversión de la maravilla en escenas casi siniestras y de gran belleza que se mezclan en un único mensaje: Macondo es tanto un remanso de magia, como una condena ancestral que se hereda de generación en generación.

Por lo que el argumento muestra los pequeños destellos de lo imposible con cuidado. La serie tiene mucho de ensoñación fatídica y creación tenebrosa, que enlaza su espíritu con el de una familia que trata de sobrevivir a décadas de secretos, deseos, amores y asesinatos.

Los Buendía, representación viva de Latinoamérica y sus pesares, prosperan y se derrumban en medio de un paisaje exótico y pesimista. Durante los ocho capítulos iniciales — que relatan los primeros 50 años de Macondo — la serie muestra que a menudo la oscuridad y la luz se entrelazan para narrar la mitología de un continente joven y brutal.

Pero también que la vida se impone y se muestra en una milagrosa visión acerca de la identidad y la búsqueda del propósito.

Brillante, por momentos conmovedora y también divertida, “Cien años de soledad” no solo adapta el sentido de la maravilla de la obra cumbre de García Márquez. También la arrebatada inocencia de la creación de los mitos que la trama profundiza en medio de secuencias inolvidables para la historia de la televisión.

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