"Longlegs", el mal somos todos
Con un retraso de meses, llegó a los cines venezolanos una de las grandes historias de 2024. La tenebrosa “Longlegs” combina el suspense y el terror en estado puro de maneras poco convencionales y siniestras

Con un retraso de meses, llegó a los cines venezolanos una de las grandes historias de 2024. La tenebrosa “Longlegs” combina el suspense y el terror en estado puro de maneras poco convencionales y siniestras

En “Longlegs” (2024) el terror es una presencia a la periferia de la historia que narra. El director y también guionista Oz Perkins está mucho más interesado en narrar la rareza de lo maligno que en reflexionar sobre la violencia y la muerte desde regiones más accesibles. De modo que en buena parte de la película, el diablo está en los detalles. Y la frase no es en absoluto figurativa. Una y otra vez, la imagen de una aparición espectral asoma en medio de ventanas cerradas, reflejos y sombras. También, en los gestos y recuerdos de los protagonistas.
Se trata de una apuesta complicada. El punto de vista del terror que propone Perkins es mucho más cercano a la idea de que la corrupción del mal en estado puro puede afectar a todos, por lo que convierte al asesino en serie titular (interpretado por un irreconocible Nicolas Cage), en una herramienta de lo sobrenatural. Longlegs mata y lo hace por placer, eso es evidente.
Pero a la vez, es una especie de espacio liminal que une a lo sobrenatural con el mundo corriente. Los homicidios del criminal contienen una retorcida puesta en escena que sugiere que hay una intención que desborda el simple sadismo. Una visión acerca de la destrucción a cada víctima no solo a través de su muerte, sino incluso, lo que ocurre después de ella.
Por lo que Oz Perkins, toma la plantilla habitual de un investigador hábil tras la pista de un criminal y la convierte en un ciclo de terror que se retroalimenta en la oscuridad. En “Longlegs” no hay nada sencillo, mucho menos obvio.
Lee Harker (Maika Monroe), es una agente del FBI a mitad de camino entre eficiente investigadora y clarividente. El personaje, heredera indudable de la icónica Clarice Starling de Jodie Foster, podría haber resultado únicamente un medio para llevar el guion a lugares oscuros, pero el director es lo suficientemente hábil como para brindarle más entidad y facetas de lo que podría suponerse. Así que Lee también tiene sus propias dimensiones de lo tenebroso.
Uno de los grandes aciertos en “Longlegs” es justamente dejar claro casi desde su primera escena, que nadie es inmune al influjo de la violencia. Que no hay buenos ni malos, asesinos o héroes.
La película es más subversiva cuando se atreve a profundizar en la idea de que las brutales puestas en escenas del asesino solo son una capa — de los cientos que pueden contener — de la crueldad que crece en cualquier ser humano. Perkins narra a cabalidad la óptica del mal colectivo, conectado y anudado con una serie de decisiones morales que tambalean la necesidad de orden, justicia y hasta de la fe, como vehículo para expresar el bien.
Por supuesto, son temas en extremo complejos y la película no puede profundizar en todos. Por lo que luego de una primera hora hipnótica, la cinta tiende a decaer y perder fuelle. Con todo, se impone la capacidad del argumento para ser tramposo y después, directamente, una reinvención del pánico satánico.
“Longlegs” es un estudio meticuloso acerca de la degradación del ser humano en busca de un propósito, ya sea bueno o malo. Más interesante todavía, una reflexión osada y bien planteada acerca de las raíces de lo que hace que incluso los más inocentes puedan desear rozar la oscuridad. Un punto de vista que Oz Perkings maneja con soltura y que le permite construir uno de los discursos del cine de terror más compactos y originales de las últimas décadas.