En un año en que la identidad de Latinoamérica y la forma de presentarla estuvo en el centro del debate cinematográfico, “Aún estoy aquí”, de Walter Salles, es una reflexión elegante, dura y sincera acerca de Brasil y en alguna medida, del continente, sus tensiones y dolores. Una pequeña obra conmovedora que puede ser la gran sorpresa en los premios Oscar
A “Emilia Pérez” se la ha criticado casi por todo. Pero el señalamiento más frecuente es su punto de vista trivial y superficial acerca de Latinoamérica. Por extraño que parezca, en el cuadro de nominadas a mejor película para el Oscar 2025, también hay otro testimonio sobre el continente latinoamericano, esta vez desde el punto de vista brasileño. “Aún estoy aquí” (2024) de Walter Salles, se coló casi por sorpresa entre un grupo de cintas que incluyen la épica “The Brutalist” (2024) y el musical “Wicked” (2024). Pero a pesar de ser comparativamente más pequeña e íntima, el relato sobre la supervivencia en circunstancias imposibles protagonizado por Fernanda Torres no desentona. Más bien, ofrece una visión compleja acerca de Brasil y hasta cierto punto, de Latinoamérica necesaria y de agradecer.
La adaptación del libro del mismo nombre escrito por Marcelo Rubens Paiva y publicado en 2015, recorre los durísimos años de la familia del autor luego de la desaparición de su padre, el diputado de izquierda Rubens Paiva (en la ficción interpretado por Selton Mello), en 1971, en plena dictadura militar brasileña.
No obstante, la película no es un testimonio político — aunque incluye el tema — ni tampoco una manera de explorar en el conflicto social que dejó al país lleno de heridas y cicatrices de la memoria. Salles se inclina por ir más hacia el día a día de la familia Paiva, sus luchas, triunfos y el agridulce hallazgo de la verdad, luego de años de esfuerzos y lucha contra el silencio oficial.
“Aún estoy aquí” se apoya mucho su capacidad de ver más allá del horror de un Estado policial y militar y lo que puede hacer a sus ciudadanos, aunque la dimensión de ese terror se explora en la justa medida.
El foco de interés sigue a Eunice (Fernanda Torres, nominada al Oscar por esta actuación), madre de cinco chicos de diversas edades y esposa de un hombre del que no tiene noticias desde que fue sacado a la fuerza del hogar familiar.
Salles explora en el tema de los desaparecidos, sin caer en el amarillismo. Mucho menos, en convertir a sus personajes en mártires.Antes que eso, los Paiva son una familia normal, que intenta mantenerse al margen de la política local.
Ambientada en 1970, el Brasil que Salles describe es luminoso, vital y hermoso. Pero el director no olvida el reborde oscuro que rodea a todos los ciudadanos de un país sometido al control de la violencia, a la mirada vigilante y peligrosa de un gobierno que está en todas partes y no deja de demostrar que tiene poder sobre todos. Un tema al que volverá una y otra vez.
El factor Fernanda Torres
Como drama familiar que es, “Aún estoy aquí” tiene interés en mostrar la solidaridad, cariño y el vínculo profundo que une a los Paiva. Algo que logra con cuidado y esmero, escudriñando en cenas familiares, conversaciones a media voz y la sensación constante de que, a pesar de todo, la familia es feliz gracias a que se tienen unos a otros. Por lo que cuando la violencia golpea, la película cambia con brusquedad a un tono más doloroso y oscuro. Luego del secuestro de un diplomático, el gobierno detiene al patriarca Rubens, creyéndole implicado en planes subversivos debido al compromiso del personaje con los expatriados.
La situación de Rubens se vuelve rápidamente desgraciada y cada vez más peligrosa. No solo no hay noticias de dónde se encuentra, sino que, además, es evidente que el gobierno miente sin disimulo alguno cuando niega saberlo.
Es entonces cuando Fernanda Torres profundiza en Eunice desde el punto de vista de una fortaleza moral sin fisuras, pero un mundo emocional rico, variado y lleno de facetas. Bastión moral de su familia, Eunice arriesga constantemente su vida al tratar de encontrar a Rubens.
“Aún estoy aquí” dibuja con cuidado el panorama desolador que afronta Eunice desde la experiencia del mismo personaje. Poco después de ser detenido su esposo, lo mismo ocurre con ella y su hija. Y en carne propia sufre la tortura y el horror que la dictadura es capaz de infligir.
Uno de los elementos más duros del filme es el hecho de saber, casi de manera tácita, que el destino de Rubens puede estar condenado a futuro o incluso, desde el mismo momento en que fue arrebatado de los suyos. Aun así, Eunice se detiene, persevera y al final obtiene una victoria agría que el argumento analiza desde el dolor de la pérdida.
Gran parte del éxito de “Aún estoy aquí” se debe a la capacidad deslumbrante de Fernanda Torres para mostrar de manera sutil, matizada y sensible, el sufrimiento de una tragedia que tarda décadas en encontrar un alivio.
Para el último tramo de la película, su madre Fernanda Montenegro toma su lugar como una versión anciana del personaje. La veterana actriz indaga en las mismas emociones y dolores que su hija mostró en miradas y gestos de contenida angustia. Juntas crean un retrato poderoso acerca de la resistencia al horror y la capacidad de la esperanza en medio de condiciones imposibles.
“Super Mario Galaxy: la película” expande el mundo de la original y lo lleva a un nuevo nivel, con paseo cósmico que recorre varias sagas, referencias pop, arcos y puntos de la conocida franquicia de Nintendo
"Super Mario Galaxy: La película" trae de nuevo al elenco original de voces y expande la acción aprovechando los recursos de una de las mejores épocas del videojuego
Phil Lord y Christopher Miller dirigen la gran película de ciencia ficción de los últimos años. “Proyecto Fin del Mundo” es un espectáculo visual de alto calibre, que además sorprende por su inmenso corazón. Una combinación imbatible