“El amateur” le aporta inteligencia y buen gusto a las películas de espías
Los thrillers de espías han atravesado todo tipo de reinvenciones en los últimos años. “El amateur: Operación venganza” se concentra en encontrar su propio tono y ritmo, con una historia muy bien lograda que va de lo tradicional a los matices más contemporáneos del juego de la información
Los thrillers de espías nunca pasan de moda. O de hacerlo, rápidamente encuentran un elemento para hacerse vigentes otra vez. Algo que la franquicia de James Bond ha demostrado de sobra. Por lo que “El amateur: Operación venganza” tiene el trabajo de encontrar su propia forma de contar clichés y disimular el esfuerzo. De una u otra manera, lo logra.
La película de James Hawes tiene todos los condimentos para ser una cinta de género sólida. La diferencia que guarda con otras producciones más endebles y genéricas es que los utiliza con inteligencia y buen gusto.
De modo que, por supuesto, hay un experto mejor que cualquier otro en su campo. En este caso el criptógrafo de la CIA Charles Heller (Rami Malek), un hombre brillante y discreto que la mayor parte de su vida ha desempeñado un trabajo impecable. Malek no es una estrella de cine especialmente carismática, pero sabe utilizar su capacidad para brindar complejidad a sus personajes con inteligencia. Charles es un hombre decente, pero no perfectamente íntegro. También es hábil, pero no con ideales claros.
Esto permite que cuando su esposa sea tomada como rehén y luego asesinada en medio de una desastrosa y confusa situación, Charles muestre su lado más oscuro. Malek logra que los giros del guion de Ken Nolan y Gary Spinelli tengan un valor más emocional que elementos para hacer avanzar la trama.
Pronto, Charles comprobará que la muerte de su cónyuge, víctima de malas decisiones y un evidente problema de jerarquía, se toma como un daño colateral. Y como tal, en la CIA no hay especial interés en levantar polvareda para capturar al o los asesinos.
La situación se torna más tensa cuando Charles debe asumir que la única forma de conservar su empleo o, en cualquier caso, sobrevivir a la sacudida de ser viudo en medio de una situación de Estado, es guardar silencio. De la misma manera que en el libro homónimo de Robert Littell que adapta, el guion se toma el tiempo para plantear la situación. Las opciones son escasas y todas malas. Callar y asumir una tragedia. O hacer algo más por su propia mano. Y como es de suponer, Charles tomará la segunda opción.
Un tipo de cuidado
Heller es un hombre de recursos y lo que la CIA debió sospechar -y no hizo- es que tiene a su disposición una buena cantidad de información privilegiada. Que es exactamente el arma que esgrimirá para convencer a la CIA de sacarlo detrás del escritorio y darle entrenamiento para vengar a mano limpia la muerte de su esposa. Ahora bien, si esto fuera una película de acción, Charles atravesaría una corta secuencia de aprendizaje acelerado e iría en busca de sus enemigos. Punto final, fundido a negro.
Pero la película es mucho más ingeniosa y el mero entrenamiento de Charles Heller demuestra poco a poco que más allá de la venganza al personaje le mueve la personal ambición de lograr un cambio. Después de todo, dedicó su vida a la CIA, solo para comprobar que en el momento de mayor necesidad la agencia simplemente evitó extender la mano para ayudar. El matiz es intrigante y aunque el guion no se toma el tiempo de explorarlo, el mero hecho de mostrar a un héroe con motivaciones complicadas resulta refrescante.
Laurence Fishburne es Henderson en «The Amateur»
Un punto elemental que hace de la película un relato de espías bien narrado es el hecho de que Charles es un prodigio en su campo. Y es esa habilidad lo que le permite construir su propio plan de venganza.
El protagonista, de hecho, se enfrenta a todo tipo de dificultades y es entonces cuando su experiencia se une a su nuevo entrenamiento. La venganza de Charles no es corriente ni el argumento quiere que lo sea. En lugar de eso, se trata de una combinación entre la acción -dosificada- y una reflexión meditada acerca de la naturaleza del poder.
La decisión evita que Charles se convierta súbitamente en James Bond y sea un tipo de agente más peligroso al ser por completo impredecible. Claro está, una venganza que incluye todo tipo de giros poco probables de guion, en ocasiones atraviesa un mapa ilógico y exagerado. Aun así -y aunque pareciera que el personaje de Malek tiene a San Guion de su parte más veces de las convenientes-, la película sorprende por su ingenio. Un escenario intrigante para los amantes de la acción que va por lugares distintos del género.
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