"Ballerina": nace una nueva heroína de la acción ultraviolenta
En el rincón más oscuro del universo de “John Wick”, surge una figura envuelta en rabia contenida: Eve, interpretada por Ana de Armas. Una reinvención intrigante que podría tener un gran futuro en la saga
En “Ballerina” (2025) spin-off de la saga John Wick y reinvención a toda regla del tropo del asesino solitario, Eve (Ana de Armas) busca venganza. Y un lugar en el mundo del crimen. Por lo que la película de Len Wiseman indaga en el universo del vengador de cachorros más famoso del cine desde un lugar privilegiado. Para eso, sigue a Eve desde la niñez.
Luego de que su padre es asesinado en circunstancias misteriosas, un viejo conocido del inframundo — Winston (Ian McShane) el elegante gerente del Hotel Continental — decide protegerla. No por ternura, sino porque sabe lo que se avecina.
La niña termina bajo el ala de una institución secreta disfrazada de escuela de ballet, dirigida por una mujer tan imponente como un dios vengativo, interpretada por Anjelica Huston. Allí, en la coreografía entre lo bello y lo letal, Eve se prepara para algo más que el escenario: su objetivo es claro y cada paso de baile la acerca al rostro de sus enemigos. Eve no se limita a patear traseros; lo hace con precisión quirúrgica y una rabia que no busca redención, solo justicia.
Así que lo más interesante de “Ballerina” no es que siga fielmente el estilo visual de la saga ni que recupere el “gun-fu” como sello de la casa. Lo revelador es que esta película sí se preocupa por contar una historia con una estructura clásica: introducción, conflicto, resolución. En medio de una saga que había comenzado a girar sobre su propio eje, repitiendo piruetas sin avanzar, “Ballerina” ofrece aire fresco.
Ambientada entre los eventos de la tercera y cuarta entrega de John Wick, la historia tiene su propia personalidad y Eve es mucho más visceral que cualquiera en esta mitología. No es fría ni contenida: es una bomba de tiempo que explota con gracia, y en esa explosión se distingue de la sombra perpetua del legendario asesino interpretado por Keanu Reeves.
Un cliché poderoso
Claro está, la historia que se cuenta aquí es tan vieja como el cine mismo: la del huérfano moldeado por la tragedia y esculpido por el entrenamiento extremo para cumplir con su destino sangriento. Este guion podría haber salido directamente de un cine de acción hongkonés de los años 80, donde el héroe se cría en templos ocultos y emerge como máquina de combate.
Pero el cliché se vuelve poderoso en manos del director Len Wiseman, que inteligentemente reduce al mínimo las florituras mitológicas de la saga. Se mencionan instituciones como la Ruska Roma o el Continental, sí, pero solo lo justo para mantener la conexión sin que se vuelvan una carga. Y en este terreno más limpio, más austero, el drama de Eve brilla con más fuerza que cualquier regla absurda de la Mesa Alta.
Es justo decir que Wiseman tuvo una misión más sencilla que la de Chad Stahelski, quien durante años cargó con la expansión de un universo que se volvió cada vez más barroco. Mientras Stahelski empujaba a Wick de combate en combate con excusas cada vez más enrevesadas, “Ballerina” se permite algo revolucionario: no agotar a su audiencia.
Las escenas de acción no son un maratón, sino secuencias muy bien pensadas, donde cada explosión, golpe o disparo tiene peso. La escena en Praga, por ejemplo, convierte las granadas de mano en poesía bélica. Nada sobra. Todo está medido. Aquí no se trata de acumular cadáveres, sino de que cada uno cuente. Y ahí radica su diferencia: la película no quiere ser más grande, solo mejor narrada.
El ADN de la saga siempre ha jugado con la idea de lo creíble dentro de lo imposible. Sabemos que John Wick sobrevive a cosas que deberían partirlo en dos, pero el cine nos convence porque la coreografía es impecable y la cámara no miente. En cambio, Eve no tiene esa ventaja. No es una leyenda viviente, ni un mito andante con traje antibalas. Ella sangra. Tarda más en derribar a sus rivales.Sus armas no son tan poderosas, y sus golpes requieren esfuerzo, precisión, incluso desesperación.
Pero eso, lejos de restar fuerza a su personaje, lo hace más humano y más letal. Porque uno no espera que una mujer de su contextura pueda derrotar a gigantes. Y cuando lo logra, se siente más real que cualquier proeza de Wick. Es en esa vulnerabilidad donde “Ballerina” encuentra su fuerza secreta.
El resultado es una película que parecía destinada a la periferia del universo Wick, pero que acaba tomando el centro del escenario con una propuesta inesperadamente sólida. Ana de Armas no compite con Reeves; juega otro juego. Su personaje no necesita comparaciones, porque brilla por sus propios méritos. Aunque el argumento de venganza no reinventa la rueda y la breve aparición de Keanu parece una estrategia de marketing más que una necesidad narrativa, la película se las arregla para convertir su aparente fragilidad en motor dramático.
“Ballerina” se convierte así en un manifiesto sobre cómo luchar con lo que se tiene, sobre cómo el cuerpo femenino puede ser un arma más afilada que cualquier fusil si se lo utiliza con inteligencia. Aquí se pelea como una chica, y eso ya no es una desventaja: es una sentencia.
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